21.5.07

LA CONDICIÓN DEL GÉNERO

“Ser hombre” y “ser mujer” son dos condiciones (o condicionamientos) culturales. En Latinoamérica tienen una raíz machista, que impone una división tajante de tareas. El determinante pareciera ser el hecho inmodificable de que la maternidad no es opcional: la mujer es la encargada biológica de parir. Por lo tanto, pareciera que la misma biología le otorgó al macho un papel ineludible: salir a buscar el sustento para los dos y sus crías. Hasta allí, en una sociedad primitiva es entendible. La mujer está “atada” a su casa, el hombre encontrará medios “afuera”.Ese esquema fue sostenible hasta la primera mitad del siglo 20. A partir de las feroces guerras que atravesaron el mundo, el papel laboral de la mujer comenzó a tener mayor sentido, mucho más del que había tenido hasta entonces, siempre docente, enfermera o mucama.Está demás decir que no es el papel que tiene hoy: desde presidenta hasta ingeniera, de ministra o diputada hasta jueza o médica. Y en algunas profesiones con más representantes que los varones.En una sociedad en que hombres y mujeres cumplen igual papel ¿puede la realidad de conjunto seguir igual? ¿Pueden en el hogar seguir cumpliendo iguales funciones?Me refiero a las funciones clásicas. El hombre trabajaba afuera y volvía a casa a descansar. La mujer trabajaba en la casa y lo esperaba para que cenara y disfrutaran junto de la limpieza y el orden que ella manejaba, los hijos criados y el lecho tibio y ordenado listo para una nueva velada sexual.Claro que ahora los dos salen y los dos vuelven. ¿Puede sin embargo continuar la obligación femenina de hacer las tareas que le impone su condición de “ser mujer”?Sí. Al menos eso es lo que dice una encuesta oficial argentina muy interesante y que refleja el diario Clarín de Buenos Aires en http://www.clarin.com/diario/2007/05/19/sociedad/s-05215.htm.En Argentina, ese país que parece tan progre, 7 de cada 10 hombres cuya mujer trabaja ¡la obligan a hacer las tareas de la casa!Algo que Roa (uno de los capos periodísticos del diario) llama con dulzura “doble imposición” es aquello que durante más de cien años los marxistas llaman “doble explotación”: la que ejerce un sistema social y su propia pareja.A partir de aquí viene, taxativa, mi interpretación.¿Sabe por qué su hija admite ese maltrato de su esposo? ¡Por que usted se lo enseñó! A partir de una pretendida “diferenciación sexual” al chico se le da una pelota (sé agresivo, competí) y a la nena una muñeca (sé maternal, hogareña). A cada uno se le transmite MEDIA REALIDAD: la que le conviene a la sociedad que se retroalimenta para continuar el sistema.Sólo un cambio generacional, hecho de previa conciencia parental podría llevar al cambio real de conductas. Esto es: que los chicos se vayan acostumbrando a la idea de que en el hogar, todos colaboran. Que cambiar pañales, cocinar, o limpiar no son “tareas del género femenino” sino tareas de la vida, a secas.¿De dónde viene la cosa? De la creencia de que el “ser varón” es un hecho que puede deformarse por los hábitos. De que un chico gay puede asumirlo por creerse mujer a partir de una cuestión cultural.Conozco mujeres muy progres que creen esto. Que sus hijos “pueden amariconarse” si ellas les piden que lave los platos o planchen, hagan la cama o cambien los pañales del hermano.Todo este lío proviene, creo, de estar a dos aguas entre aquella sociedad tradicional y esta que se las trae: las mujeres cada vez ocupan funciones más importantes. En Chile, una sociedad dominada por conservadores capitalistas y cuasi-feudales, gobierna una mujer que fue militante de izquierda e hija de un perseguido.Latinoamérica, de a poco está cambiando. Mucho no sabemos para dónde. Mejor miramos y aprendemos.

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14.5.07

AL RESCATE DE LA IDIOTEZ GUARDADA

Hay muchas cosas que uno hace sin saber por qué. Por ejemplo, comprar un televisor de alta definición para ver o un programa de chicos puteando o durmiendo (Gran Hermano) o de descerebrados que bailan danzas ensayadas hasta el espanto. Es decir: una continuidad de “Feliz Domingo”, en el que al menos siempre o estaba uno o algún amigo del barrio. Lo de hoy lo veo bastante similar pero con mejor sonido, color y calidad de imagen, escenografía, vestuario y tecnología.
Otra cosa que uno hace sin saber por qué es ver de nuevo al hombre araña perdiendo a su novia, peleando en medio de desafíos a la ley de gravedad y un endiosamiento perdido a la sociedad neoliberal casi eternizada.
He sido lector fanatizado del Spider-Man, años atrás. Y ahora pretendo ser crítico de hazañas que ya rozan el delirio. Porque cualquiera de las misiones que sus guionistas le proponen al pobre, causarían la muerte inmediata tuya o mía. Es decir: de todo otro que no sean esos protagonistas bendecidos por quién sabe qué fuerza que los deja siempre al margen de todo peligro.
¡Así da gusto escribir! El manejo de personajes de ficción que por definición de sus productores “no deben morir nunca”. A diferencia de muchos otros superhéroes tipo Clark Kent, Peter Parker es mortal pero... no muere. Y su mito alcanza a todo el cast: ¡nadie muere! Es una especie de refinada y violenta soap opera... de inmortales mortales.
La grandeza de “Spider Man 3” –al que nos referimos- no reside en sí mismo sino en los principios sobre los cuales se animaron a construirlo. A diferencia de otras transcripciones al cine del mundo de la historieta, en esta se mantienen las estructuras naif que permitían al lector leerla en el inodoro, el colectivo o la cola del súper.
La base de la historia es:
* Hay buenos y malos
* Hay bien y mal en lucha permanente y compleja
* Oh: hay buenos que devienen malos y malos que –freudianamente- se vuelven de buenos...
Hummm...
* La muerte no es de temer –mire- porque sobreviene luego de pelear contra dos elementos vitales: los enemigos –buenos o malos- y ¡las leyes físicas, con especial énfasis en las de la gravedad!!!!!
En realidad, la película establece nuevas leyes físicas, porque si en la calle una mujer común se cae de sus tacos de 10 centímetros se fractura y permanece inválida no menos de un mes. Pero si las que caen son la novia de Peter Parker o sus compañeras desde un piso 80, ¡caen con el ánimo suficiente para darle un emocionado abrazo a su padre!
Ni hablar del arácnido: cae todas las veces necesarias para hacerse paté desde minutos de empezado el film, pero ni gime.
Cuando yo tenía 12 ambicionaba parecerme a Parker y vivir sus hazañas. Hoy aquel sueño me parece bastante boludo. Salvo por la taquilla.