19.4.07

NACIMIENTO DE UN SANTO


Los argentinos somos expertos en producir dioses, ídolos, santos, estrellas, en fin... Yo creo que la inmigración en sus oleadas de siglos pasados nos cargó una serie de hábitos que rozan con la magia, la hechicería y el satanismo práctico.
Maradona era un chico pobre al que en los 70 llevaban a la televisión para que en su candidez contara que quería estar jugando en un mundial. Y dale que jugaba bien... Lo hicieron admirado, estrella del fútbol, ídolo, santo. Ni que hablar que no se necesitaron inmigrantes: él se fue a Nápoles y allí tejieron una leyenda que no se borrará más. Maradona es Dios.
A los argentinos no nos alcanza con los dioses inventados en otras culturas, así que en cuanto podemos aportamos los nuestros, entre los talentosos, famosos o winners.
Pero... ¿por qué no siempre los grandes talentos dan orígen a adorados, por qué no pasó con Fangio, Fernando Lamas, Labruna, Guillermo Vilas, o Frondizi? ¨¿Por qué sí pasó con Gardel, Perón y Evita, o el Ché Guevara ?
¿Es realmente el carisma un tema que existe, o es también –digamos- un “mito sobre los mitos”?
Ayer Messi, futbolista argentino con una pequeña y concisa leyenda sobre sus hombros (es joven, no crecía hasta que creció, lo vendieron afuera, juega muy bien) agregó –escuchen bien- una luciérnaga brillante al árbol de su mito: hizo un gol como “heredado” al de Maradona en el mundial de México. Hasta tal punto que en la tv argentina sobreimprimían ayer ambos videos para compararlos.
¿Nació un nuevo santo?

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