26.3.06

LA ÉTICA DE CIERTA ESTÉTICA

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(Acerca de la película "El Método" de Marcelo Piñeiro)
Siete postulantes a un puesto ejecutivo en una importante empresa irrumpen en la pantalla. De arranque todos sus dichos muestran que están siendo manipulados groseramente por el sistema de selección. A partir de entonces también se muestra que ellos entienden un juego que aceptan. Y luego que los siete son encerrados a jugar "el juego de la selección", lleno de trucos, trampas y sorpresas, se les informa que son libres de seguir o irse.
Interesante, ¿no?
¿Es eso tan cierto? ¿Está pasando eso ahí afuera? ¿Son las empresas tan perversas? ¿Somos los humanos tan corderitos?
En principio hay que aceptar que en función dramática todo es posible. Los artistas (escritores, directores, actores) no tienen por qué respetar la realidad en el momento en que emocionan a su público. Allí pues es todo posible.
La pregunta que sí angustia al espectador, luego de sufrir empáticamente los sucesos es pensar que diariamente sucedan estas cosas.
Porque en El Método se encierra a siete postulantes y se les desafía a medirse y triunfar porque sólo hay vacante para uno, que bien puede no ser ninguno de ellos.
Digamos que estos siete están ahí porque todos son aptos para cubrir el puesto, faltaría ver cuál demuestra "en acción" que merece tenerlo. Con una pequeña salvedad que se aclara de entrada: uno de ellos es del equipo de selección, un espía, un topo.
Repito: ¿sucede esto en la realidad?
Por suerte: menos de lo que se imagina, más allá del terreno de las leyendas urbanas. Se sabe que en selección de personal se exagera en la Argentina el uso de la psicología (no por nada el psicólogo de la película es un argentino) pero no más que eso.
Es cierto que con los chicos es muy habitual verlos interactuar en pruebas conjuntas presenciadas por psicólogos, de gran stress para los tímidos y que disfrutan soberanamente los competitivos. El método se llama "assessment centre" y encanta a la gente que administra técnicas de selección. Pero en los ejecutivos difícilmente se ensayen pruebas de cariz tan expositivos. Todavía sigue valiendo la fuerza del antecedente, a los que es muy fácil acceder. En el ejemplo del film se muestra con el primer caso, en el cual se conoce un antecedente discutible del personaje. El mismo resultado se hubiera obtenido entre un entrevistador y el protagonista, sin necesidad de hacerle vivir una escena tan ridícula.
¿Cuál es la esencia de esta película?
Toda organización está estructurada con criterio organicista: cada parte es un órgano que cubre una función, como en todo bicho vivo. De esta manera puede interpretarse el área comercial, la productiva o la administrativa tal como se identifica al sistema digestivo, respiratorio o circulatorio: ninguno es sucificientemente importante pero todos son interdependientes.
Desde ese punto de vista, es importante que el órgano nuevo que se integre (al igual que con el cuerpo humano) sea COMPATIBLE. A los especialistas a los cuales les encomiendan la tarea se preocupan por que esto sea así, y toman todos los recaudos para llevarlo a cabo con éxito. No es tan extraño, no es tan ilegal, no es tan enmarañado.
Lo que muestra el film no es peor que la realidad diaria. Aquellos que luego son elegidos se encuentran –al fin y al cabo- con algo peor: el día a día en una compañía. Las rivalidades acechan, los odios se cruzan, la envidia hace zancadilla detestables.
Mis amigos especialistas no han podido definirse: ninguno reconoce que exista un "método Gronholm", pero tampoco lo niegan, lo desconocen. ¿Será también un recurso del autor?

22.3.06

PSICOANALISIS DE DORAPA

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Heber es mi psicoanalista. Desde hace poco tiempo me atiende, los sábados por la tarde. No pudimos encontrar otro horario mejor para ambos, pero ha sido muy cortés en aceptar, cuando realmente es el día y la hora más complicado para él. Heber es uno de esos tipos comprometidos con su realidad y bueno… generalmente debo compartir sus problemas así como el, con mis relatos, debe bancarse los míos.
- Mire: le aviso antes por si quiere que lo pasemos para otro día –sonaba en mi celular- es que mi mujer me dejó al nene y tengo que llevar el perro a la veterinaria y pasearlo.
Heber me estaba advirtiendo de las dificultades que tendríamos. Pero ya me voy acostumbrando a tener encuentros muy poco convencionales, que prefiero a tener que cambiar nuestro horario a días menos sencillos para mí.
Allí estaba Heber, en la puerta de su consultorio: de un lado le daba la mano a Quique, en la otra sostenía la cuerda de cuyo final pendía Tomás, un perro que no podía esconder su pertenencia a alguna raza paqueta.
Frente a la imagen hogareña sentí que tal vez estaba iniciando una nueva era en materia de psicoanálisis: qué lejos estaba de mi anterior analista, una señora tan ortodoxa que ni siquiera supe nunca exactamente de qué sexo llegaba a ser.
Con Heber solía ser todo tan informal…
- ¿Cómo se llama su hijo? –dije para romper el hielo, mientras íbamos camino para la veterinaria a vacunar a Tomás.
- Le decimos Quique. Pero no es mi hijo. Es el hijo de mi mujer. Mi hijo vive con su madre.
Había estado tentado de decirle cuán parecido a él que era. Y cuanto más lo miraba, más lo pensaba. Creo que todos los hijos se parecen a sus padres, aunque no lo fueren.
- Bueno: ¿cómo fue su primer semana con Edit?
Siempre me gustó la habilidad de Heber para retener los sucesos que yo le contaba: apenas si yo recordaba el nombre de Edit, este nuevo proyecto de pareja que inicié la semana pasada.
La veterinaria estaba repleta de perros con sus amos de innegable inserción en la pintoresca clase media de Buenos Aires. Y allí estaba también yo, sin perro, pero con mi analista, el hijo de su mujer y su animal.
Me acerqué al oído de Heber.
- Sexualmente andamos bien, pero esa no es la cuestión.
- ¿Y cuál es la cuestión?
- Es que nunca anduve mal sexualmente con ninguna de mis parejas. Más bien los líos se me han armado después. Mire: el sexo, aunque uno lo prolongue todo lo que pueda es sólo un momento. El lío es el resto, cuando hay que compatibilizar. Y yo creo que la historia es que es muy difícil compatibilizar con una mina. A veces pienso que las mujeres son de otra especie.
- No le conocía ese costado machista –dijo Heber bajando la voz lo máximo posible, al notar que a varios de los que esperaban nuestro diálogo había pasado a ser más interesante que el cuidado de sus mascotas.
Tomás se había quedado dormido, y Quique ahora estaba abrazado a un enorme perro lanudo que del otro extremo de la soga tenía a una tetona lasciva y con esa típica mirada distraída de las cuarentonas platinadas del Barrio Norte.
- No es machismo, es pragmatismo. ¿A usted no le pasó nunca que el plano sexual sea el de más fácil resolución, que el lío viene con compatibilizar ideas? –le dije, olvidándome como siempre que el que debe preguntar es él, no yo.
- ¿Y eso le pasa siempre? –me dice Huber, y aquí olvidándose de todo lo anterior que le hubiera contado sobre mis parejas.
Pasado el tiempo, lo acompañé a sostener a su perro mientras el médico colocaba las vacunas y luego nos fuimos a la plaza. Quique subía y bajaba por el tobogán. De chico me fascinaba deslizarme y volver a subir el mismo millón de veces, lo mismo que parecía querer hacer Quique. Esto sirvió para completar mi idea acerca que no sólo no comprendo a las mujeres: tampoco a los chicos.
- ¿Qué piensa que le pasa con Edit? –sentenció mi analista.
- ¿Tengo que pensar algo, así necesariamente?
- Bueno: no. Quiero oírle sobre lo que le está pasando con esta mujer.
Quique se había tropezado y lloraba como un marrano. Mientras Heber le limpiaba la arena pegada en su rostro, yo le secaba los mocos con mi pañuelo. Con esa capacidad de recuperación terrible que tienen los chicos, volvió a trepar al tobogán.
- ¿Sabe qué? Edit me recuerda muchísimo a mi mamá.
Heber me miró con cara de "hubiéramos empezado por ahí" y volvió a sentarse en el banco de la plaza.
- Eso es muy obvio, mire: no podemos dejar de elegir nunca más que a nuestra madre.
- ¿Por cultura o por genética?
- Si me pongo en ortodoxo le debería decir por cultura, pero creo que es por ambas cosas… ¿Cómo se lleva con su madre?
- Más bien mal: opinamos distinto en todo.
- ¿Lo asocia con lo que piensa con Edit?
- Sí –le dije como a regañadientes. Pensar que le pago para que el me diga todo lo que ya se.
Con Heber me siento al revés de Maradona. Él contesta y cobra por contestar. Yo pago.
Miró el reloj, y me avisó que tenía que irse para la APA. Ella le entrega a su hijo (el de ambos) a la entrada de un seminario, en el cual él a su vez se encuentra con su actual mujer y le deja el hijo de ella. Después, todos se van para el Burger King de Santa Fe.
Pero todavía hay más originalidad. Heber me propuso la próxima sesión a través del Messenger, con web cam y micrófono. Creo que estamos sentando precedentes científicos importantísimos en la historia del psicoanálisis.

17.3.06

CÓMO ME CURTÍ A LA CUCARACHERA

Con Heber, mi analista, arreglé finalmente que nos encontraríamos los sábados a las siete de la tarde. Una hora que resultó cómoda para los dos: salgo de mi clase de análisis de cine a las seis y media, y el tenía su último paciente de la semana justo antes de que me diera el turno a mí.
Lo agarro un poco cansado, porque los sábados arranca a las nueve de la mañana y para al mediodía para comer algo, pero luego de miles de idas y venidas y ante mi amenaza de dejar el análisis con los peligros del endurecimiento de mi neurosis y su correlato sufriente… En fin: ya no preocupo a mis viejos, sólo a mi terapeuta!
- Alejandro: usted es un paciente pata, de confianza, podemos hablar a calzón quitado…
(esto es lo primero que se le ocurrió decirme el sábado pasado, cuando entré)
(así que en tal momento lo miro y me pregunto a dónde querrá llegar)
- Le recuerdo que aquí el paciente soy yo…
- Aquí el irónico debería ser yo, porque las historias son las suyas!
- ¡Touché!
- Se trata de un favor, apenas… Le recuerdo que este turno absurdo lo fabricamos juntos pero a instancias de poder colaborar con su horrorosa agenda. Sigo en disconformidad.
- Okay, sir…
- Le voy a declarar algo muy poco –digamos más bien nada- ortodoxo: ¿usted tendría algún problema en que hagamos la sesión en un encuadre algo más doméstico?
- ¿Quiere que lo ayude con su lección de inglés, o prefiere que le enseñe canto a su señora?
Heber, que de pelirrojo cada vez va teniendo menos, me miró, resignado a la andanada de ironías, sarcasmos y sutilezas (que en Argentina sintetizamos como "cargadas").
No. Simplemente que acepte desarrollar la sesión mientras realizo algunas otras actividades.
- ¡No soy voyeur! –salté.
- Si quiere no mire. Resulta que invité a unos amigos que se vuelven a Inglaterra mañana. Van a caer tipo ocho y media, y quiero prepararles antes una picada. Nada complicado, pero no tengo otro momento.
- ¿Va a necesitar que lo ayude? –dije, recordando mi habilidad para ensartar brochettes o mi pervertido encanto infantil de descorchar aceitunas.
- De ninguna manera. Soy poco ortodoxo, pero reconozco que ningún otro paciente me podría entender este pequeño problemita. Le propongo que charlemos mientras yo trabajo en menesteres menos psicológicos.
- Me encanta. Espero que no le de cosa que le cuente mi sueño con vómitos mientras corta el salame.
Heber me taladró con la mirada. A veces pienso que ser irónico es demasiado para alguna gente. Y me olvido que mi analista es humano, sé que es el único servicio que no me dispensa una máquina.
Aceptado que fue el pacto terapéutico en la comodísima cocina (¿comodísima? ¡una pista de baile!), me repantigué mientras Heber comenzó a acomodar unas fetas de jamón serrano en medio de una tormenta de hojas exóticas y palmitos cortados.
- Si le despierta hambre, avíseme.
- Me cura el bocho, pero me quiere tirar calorías, grasa, colesterol, en fin: que si recibe así a sus amigos, que puedo esperar yo, que encima hasta le pago…
- ¡Basta: Vitali! Si abandona las ironías soy capaz de pagarle yo.
- Si no fuera porque sonaba realmente harto, hubiera vuelto a contestar con una ironía onda ¡acepto! Opté por comenzar la sesión.
- Creo que conocí a la mujer de mi vida.
Heber quedó petrificado, justo cuando estaba abriendo un pack con papas fritas, chizitos y palitos fritos.
- ¿Sí?
- Sí.
- Pero… ¡enhorabuena!
- ¿Enhorabuena porque cree que aquí me da de alta?
Debe ser difícil atender a un tipo como yo que, encima, está en la cocina un sábado a la tarde antes de que lleguen los amigos corriendo para volver a Londres.
- ¿Quién es la chica?
- Edit.
- ¿La Edit de las sesiones anteriores?
- Sí.
- ¡No lo puedo creer!
- ¿Por qué no? Los dos somos jóvenes, sin pareja, heterosexuales y aptos. Ah, y neuróticos…
- ¿Le recuerdo su última pesadilla?
- Creo que usted me ayudó a superar todos mis prejuicios.
Heber lucía ridículo con la cuchilla en su izquierda y el disco de la procesadora en la derecha, rodeado de latas de paté y choclo, mientras ponía cara de reflexionar. Lo que dijo fue menos coherente:
- A ver si entendí: Edit es la misma Edit que lo visita todas las semanas para ahuyentarle las cucarachas.
- Sí: pero olvídese de mis antiguos prejuicios y mi presunción de que el olor a cucarachicida me desmotivaba sexualmente.
- ¿Y qué le hizo cambiar de opinión?
- Mire que aquí viene mi sueño con vómitos, y no me gustaría que lo afecte en medio de la preparación de picada para sus amigos.
Heber me miró taladrándome. A veces, cuando cometo el error de ponerme en lugar del otro, me pregunto qué hago metiéndome donde no debo.
- Soy un profesional. Hable.
- Esta semana soñé que Edit venía a fumigar mi casa y yo la besaba. Ella me dijo que le daba asco, y me vomitó la camisa. Yo, de rabia, le dije que más asco me daba que ella se dedicara a una función tan poco femenina como andar matando cucarachas. En el sueño fue muy dulce y me dijo que pactáramos: que yo le dejaría de dar asco si aceptaba que su trabajo era nada más que eso: sólo un trabajo, y que al fin y al cabo matar cucarachas terminaba con males peores como andar diseminando enfermedades.
Heber miraba con un gesto tan neutro, que debí imaginar así cuán asqueado estaría.
- ¿Y? –dijo mi analista casi pelirrojo.
- Que al otro día cayó con sus aparatejos infames y malolientes. Y le dije que si quería un café o una coca. Me dijo que le bastaba con un vaso de agua. Eso me dio la oportunidad de sentarla y darle charla. A pesar de todo, no me gustaba mucho la situación. No pensé en nada muy romántico, me daba cosa pensar en tocar una mujer llena de insecticida. Así que le dije de vernos a la noche. Ella siempre me alababa mi cocina por el olorcito que despedían mis tucos cuando venía y estaba calentando algo. Así que la invité a cenar y agarró viaje. Le dije que viniera sin sus insecticidas.
- ¡Usted va a morir envuelto en sus propias ironías!
- Lo que sigue es nuestro encuentro a la noche. Sexo del mejor. No se si necesita que se lo cuente: no debe tener nada que no haya escuchado hasta el cansancio.
- Me podría sintetizar con qué sintió.
- Que eyaculaba. Varias veces.
- ¿Estará admitido por la APA que le diga que es un idiota?
- Totalmente. Total: ahora este idiota tiene pareja.
- Una cucarachera.
- Ese es un problema. Un problema, digamos, relativo. Creo que mientras no la vea con sus bombas fumigadoras, es mi chica adorada.
- ¿Y qué va a pasar cuando aparezca de nuevo con los insecticidas al hombro?
- Me prometió no hacerlo más. Ahora a mi consorcio lo va a atender su empleado.
- Veo que encontró la salida muy bien. ¿Para qué necesita un analista?
- Para esto: para que diga cosas tan maravillosas como "muy bien". En realidad un analista sirve para cosas tan contundentes como esas que teníamos cuando éramos chicos. Papá y mamá siempre nos alentaban: la primera palabra, la primera pregunta, todas las boludeces inaugurales. Los padres, después, se ponen censores pesados. Por lo menos cuando en algo la pego, usted me da manija…
Heber dejó de mezclar las tres latas de jardinera con mayonesa y la llevó a la heladera. Yo tenía el pensamiento puesto en Edit. Él creo que en sus amigos que ya llegaban. Del psicoanálisis no quedaban restos.
Edit me esperaba en la puerta, así que se la presenté. Cuando caminamos unos pasos se acercó y me dijo casi en el oído "tenés mayonesa en la remera… ¿tu analista incluye snacks en sus sesiones?"

11.3.06

COMO, EN 1967, CASI SALIMOS EN LA REVISTA "CONFIRMADO"


Hoy, 28 de junio de 1967, nuestro gobierno celebra su primer año de intentar con bastante éxito ordenar un país abrumado con problemas sociales, políticos y económicos. Saneó la universidad de los crónicos organizadores del caos, trajo cierto alivio económico y, sobre todo, logró poner a buena distancia un viciado sistema político y a su inevitable correlato sindical.
Trabajo en Confirmado, una revista de noticias de gran impacto en Buenos Aires y estoy bastante orgulloso allí porque he contribuido a hacer crecer un estilo nuevo de periodismo.
Decidí escribir esta historia más que nada porque nunca la pude publicar, pero suelo dudar en desechar el material que trabajo y no llega a publicarse porque me encariño, y me complace volver a leerlo pasado el tiempo. A veces me engolosino con lo bien que escribo, lo oportuno de mis puntos de vista, pero otras no: hasta me sonrojo con los errores gramaticales, lo desacertado de las opiniones que arriesgué y lo ligero que estuve con ciertas ironías fuera de contexto. Pero no se lo cuento a nadie y listo, paso por una gran estrella del periodismo.
Aquella tarde debí asistir a una reunión urgente, citado por el director de la revista, para cambiar opiniones sobre un par de temas urgentes. Al finalizar, nos pidió a Osvaldo y a mí que nos quedáramos.
- Como ya saben, vivimos un riesgo permanente: los políticos inventan mil y una para hacernos pisar el palito. Les confieso que estoy en un atolladero. De todas maneras: ustedes dos son hombres de mi confianza porque, sobre todo, entienden el sentido que encierra el periodismo: la eterna contradicción entre informar y hacer literatura. Así que es posible que no me consideren un viejo ridículo por la misión que les quiero encomendar.
Nos miramos con mi compañero. No entendíamos muy bien a donde Jack quería llegar.
- Es que yo creo que en la misión que quiero confiarles no hay tanta exposición personal como corporativa. Y no es ni peligro de vida ni de integridad: es riesgo de prestigio. Hemos creado una publicación que está excediendo todo lo previsto en cualquier sentido, y debemos cuidar que no se caiga definitivamente por un descuido profesional. Iré al grano: lo que voy a pedirles me viene de dos fuentes inmejorables, intachables, gracias a las cuales hemos logrado las mejores primicias, los enfoques más certeros. En Vicente López hay un tipo que dice venir del futuro: del año 2005.
Nunca olvidaré el gesto de rabia que apenas si contuvo el viejo por nuestra risa espontánea. Su enojo casi permanente fue frenado por algún impulso interno que lo llevó a tomar cierto aire amistoso, como para convencernos desde la complicidad.
- Miren, muchachos, tanto ustedes como yo estamos ya curtidos en esto de los “buenos informantes” que resultan estar en otra. Pero me aseguré que sólo yo tengo el dato. Y ya que puedo optar, prefiero meter la pata hasta los huevos y no perderme semejante noticia, si fuera cierta.
Con Osvaldo pensamos que, de alguna manera, el viejo estaba loco, y si lo habían convencido en semejante historia, ni queríamos imaginarnos en los desastres en que podría llegar a meternos. No íbamos a perder tiempo los dos, así que revoleamos una moneda y fui el afortunado que debió quedarse con aquel “reportaje”. Vicente López era un lugar que había adquirido cierta resonancia años antes por la “caza” israelita de Eichmann. Sólo esperaba que esta historia no fuera un correlato de aquella y al día siguiente merodearan cientos de paparazzi que lo único que lograran fuera interrumpir el tránsito.
Ante la historia que tenía por delante, era imposible obviar mis recuerdos de la literatura y el cine de ciencia-ficción. Venían a mi memoria las escenas de “La guerra de los mundos”, el ataque a la tierra, el fin de la civilización. Al fin y al cabo, parecía como que los reiterados ruegos de nuestro presidente a su virgen predilecta parecerían haber sido poco efectivos.
En ese nivel de paranoia casera algo improvisada, me pregunté: ¿cómo puede ser que Jack no me hablara de medidas de seguridad? En la redacción contamos con toda una estructura que nos asesora con respecto a nuestros trabajos más riesgosos. O nos destinan un fotógrafo “preparado”, o a veces para despistar nos asiste una “redactora” con entrenamiento especial. Ahí es donde comencé a sospechar y arribé a una conclusión que estaba a la vista. ¡El viejo está seguro que es un truco, y me manda por las dudas!
Todos en la redacción sabíamos que podríamos llamarlo a la casa sólo si estábamos metidos en grandes problemas, así que consideré que esta era una buena oportunidad. Bajé al bar de la esquina y lo llamé por teléfono.
- Disculpe que lo moleste, pero ¿usted cree que la misión que tengo es SEGURA?
- ¡Che, no jodas! Ninguna misión que te he dado yo es segura... Si querés trabajo seguro puedo gestionar tu ingreso a Para Tí.
- Quiero decir si no hay posibilidades que esto sea una trampa. Algo así como una casa minada, un secuestro, una paliza...
- Nene: dejate de leer a Batman y volvé a los clásicos... Ya te dije que si te tenés que cuidar de algo es del ridículo. Asegurate que tengas todo bien chequeado antes de publicar una línea sobre este tema. ¿Okay?
- Sí, bueno.
El viejo, una vez más, me había hecho sentir ridículo, idiota, pelotudo y mil cosas más. Ese era su estilo de management, el que lo había llevado al éxito con los lectores, y con el poder, y con la envidia del resto de sus colegas.
Así que tuve que rebuscármelas solo para tomar mis medidas de seguridad. Le tiré unos pesos al Gringo, mi cuñado sodero, para que se mantuviera en la esquina con su camión simulando una avería, esquina que sólo abandonaría cuando viera que saliera solo, entero, y caminando.
Dormí mal la noche anterior, creo más por el guiso de lentejas que había deglutido con mi novia en Chez Tatave que por el miedo que me hubiera despertado ir a visitar al que se proponía como ejemplar de circo.
Releí la pequeña consigna que me habían pasado:
“La fuente cita que Alejandro Luis Vitali dice ser un personaje del futuro: en noviembre del 2005, y gracias a un artilugio que le operaron en su cuerpo, visita distintos momentos del pasado. Si bien hay que tener en cuenta las altísimas alternativas de que sea una trampa, una falsedad o un truco publicitario más, propio de la gente del Instituto Di Tella, es posible que podamos obtener alguna conclusión que de por resultado una nota con cierto “gancho” para ilustrar nuestra sección de “Vida Moderna”.”
Respiré hondo, pensé en riesgos mayores que había vivido (como el reportaje a Vandor o la crónica de la “noche de los bastones largos”), y toqué el timbre.
La chica que abrió me dejó sin respiración. Creí haberla visto en algún comercial. Ella resultó muy amistosa, y actuaba como si me hubiera conocido de toda la vida.
- Sí, es cierto, Alejandro y yo venimos del 2005. Elegimos “Confirmado” porque leímos la biografía de su director, y nos pareció que si lo nuestro se iba a llegar a conocer, el de ustedes debería ser el medio.
Sonaba coherente, si era verso no parecía contener nada que no conociera ya mismo. Me aflojé aún más al enfrentarme con Alejandro: muy flaco y con una calvicie incipiente. Ambos no parecían tener ni treinta años. ¡Ella era muy linda!
Les advertí que los iba a grabar, me avisaron que la entrevista debería desarrollarse en no más de dos horas porque esa tarde debían partir y la cuestión parecía no ser muy sencilla. Si bien no tenían apariencia ni de farsantes ni de locos -apenas dos chicos como cualquiera-, empecé a no creer nada, y a pensar que era parte de una actuación que ni me imaginaba con qué fines se estaría llevando a cabo. O sí: tirar sobre Jacobo con munición desconocida, dado que el viejo a esa altura del partido lograba acumular una buena cantidad de enemigos.
- Me gustaría que hagan un ligero perfil de quiénes son ustedes y qué hacen por aquí.
- Soy Alejandro Luis Vitali, porteño de Liniers (y del campeón Vélez). Heredé de mi viejo el afán por escribir, ratoneo algo como periodista free lance, pero hoy me concentro en mis blogs en internet.
- ¿Perdón?
- Ah, sí... te la hago corta: son publicaciones que se reciben hmmm por el aire, la gente en su casa las reproduce por un... televisor: ahí leen todo.
- ¿Y te pagan bien... eso?
- Ah, no es trabajo pago... lo hago porque me gusta.
(Este tipo es, indudablemente, un buen lector de ciencia ficción. Seguro que ahora también me cuenta eso de que en el futuro las puertas se abren solas cuando te acercás, que los robots reemplazan a los humanos en el trabajo, y que hay autopistas por todos lados).
- Miren, estoy seguro que a nuestros lectores les gustaría conocer el futuro, así que no vamos a detenernos tanto en la historia particular de ustedes. Más bien les voy a hacer preguntas generales.
- Adelante –señaló Alejandro mirando su reloj.
- ¿Quién gobierna la Argentina del 2005?
- Los peronistas.
- ¿Ya no están más prohibidos?
- No, tampoco los comunistas, hay democracia, cada dos o tres años votamos y elegimos.
- Perdoná: ¿vos decís que en el 2005 uno puede votar a los comunistas y que ellos pueden llegar a ganar? ¿Me podés aclarar cómo fue que eso llegó a pasar?
- Es que desde hace más de 10 años que terminó el comunismo como potencia internacional. Es decir: se disolvió la Unión Soviética (creo que se llamaba así ¿no?) y en su lugar cada estado es independiente.
- ¿No hay más países comunistas?
- No fuertes, Cuba es insignificante y todos apuestas que después de Castro se termina, y los chinos dicen ser comunistas pero en realidad se perfilan como una de las principales potencias del creciente capitalismo mundial.
- ¿Trajiste alguna prueba? Digo ¿algún diario, revista, qué se yo...?
- Es lamentable, pero el mecanismo de traslado apenas permite que nos movamos bajo determinadas características. Concretamente: debemos viajar desnudos. No nos es posible portar nada.
La respuesta me dio la primera pauta del fraude. ¡No tienen pruebas! Son sus declaraciones frente a mi credibilidad.
- ¿Y qué hacen aquí, como es que están en este lugar?
- Esta es una casa de mi familia –interrumpió la chica- me llamo Andrea. Tony, mi hermano, forma parte de un equipo que experimenta con estas “cositas”. A Ale le interesó porque escribe un libro sobre la década del sesenta, y bueno... desde hace un mes estamos saliendo... Esta casa, como te decía, es de mis bisabuelos y está vacía desde el 58. Aún en el 2005 sigue vacía y ese dato fue de oro para el equipo: nos instalamos y te juro que nos estamos divirtiendo una bocha.
- ¿Una bocha?
- Sí: toda la data que juntamos la estamos cotejando: te aseguro que la mayor parte es inexacta: los historiadores son unos cochinos.
- ¿Ustedes saben lo que pasa hoy en términos de arte y cultura?
- Soy un especialista en la década del sesenta: yo creía estar terminando un libro sobre este periodo –contesta Alejandro- pero estoy aprendiendo bastante. Es muy claro que en esta época hay mucha represión y censura.
- ¿En el futuro no?
- Ni así, te juro. Todo lo que hoy está censurado hasta para los mayores de edad, se ha podido luego ver en televisión y sin cortes. En televisión el tratamiento de los temas no sólo no tiene censura: casi todo está permitido.
- ¿Qué quiere decir “casi todo”?
- Y, que por ejemplo, cuando hay guerra las potencias no quieren que se vea sangre...
- ¿Vos querés decir que el sexo no es más un tabú?
- Ni el sexo ni las “malas palabras”, los locutores y personajes que intervienen en los medios hablan igual que en la calle, no están obligados a discursear con giros académicos.
- ¿Cómo podría creerte?
- Hay una epidemia de una enfermedad de transmisión sexual que hace recomendable el uso de preservativos. Esa recomendación la emite el gobierno a través de grandes carteles con fotos de preservativos. Claro que estamos a años luz de la campaña española, que recomienda su uso a los adolescentes invitando no sólo a que lo usen sino que su pareja “se los ponga”.
- ¿Estás seguro que eso es en España?
- Sí, España es un país con costumbres culturales muy liberales. Y aquí en Buenos Aires, antes de venir, me llamó la atención la nueva campaña del gobierno fomentando los exámenes para evitar el cáncer de mama. ¿Sabés cómo es? La foto de un primer plano de una teta examinada por su poseedora. Está en todas las calles.
- Si eso pasa, imagino que en el plano social deberá estar aceptado practicar sexo fuera del matrimonio.
Los dos se rieron. Si son farsantes, además creo que son actores, se empeñaban por demostrar tanta seguridad que hasta me daba ganas de creerles.
- Mirá: no se abolieron los prejuicios, siguen siendo los mismos. Lo que cambiaron fueron las prácticas culturales. Por ejemplo, los novios duermen juntos en sus camas en la casa de soltero, o se van a vivir juntos sin casarse o de vacaciones. Nadie se asombra de eso: nadie pretende hijas vírgenes. Además la homosexualidad va, de a poco, logrando cierto reconocimiento, en Buenos Aires se pueden inscribir las parejas para lograr reconocimiento legal, aunque en España ya está aceptado el matrimonio entre personas del mismo sexo.
- ¿Podés hacerme un esbozo general del futuro?
- Mucha contaminación, mugre, mayor pobreza (creo que ese es el drama de este nuevo milenio). Se habla del “posmodernismo” como esa tendencia que tenemos al descreimiento general, a la falta de paradigmas que nos guíe, a la pérdida de modelos. También de globalización, el mundo tiende a ser una unidad, aunque se acentuó el fenómeno de que hay menos gente que gana más y más que ganan menos, casi nada o nada. La tecnología ha avanzado mucho, cada persona lleva encima su propio teléfono sin cables, y existe un sistema de comunicación mundial que se llama internet y que transmite fotos, cine, música a todas las casas. Hay una revolución que se llama “digital” y que no es fácil de explicar pero que hace fascinante muchas cosas que hoy son difíciles. Te nombro algunos enseres que hay en todos los hogares: cocinas microondas que calientan todo en un saque, teléfonos que lees quién te llama, grabadores de video, computadoras de valija y de mano, la música, los libros y las películas se consiguen por ondas como hoy es la radio, en fin...
- ¿Vos leés mucha ciencia ficción?
- Sólo ocasionalmente. Pero lo que te cuento es cierto, admito que te debe costar entenderme.
En fin: siempre lo mismo: promesas de un futuro mejor como la religión, los políticos y los services que contratás.
Todo fraude. ¿De dónde me agarro para hacer una nota creíble. ¡Quiero ver la cara de todos los integrantes de la redacción, cuando les cuente que parece que en el futuro no hay más comunismo o que en España los maricones se casan!
La hice corta: llamé Jack y le conté todo. El viejo se mataba de risa cuando le hice una síntesis. Me preguntó si le parecía que era un tema para guardar algún recaudo. Le dije que dos amigos míos practicaban todos los años sus dotes teatrales a la entrada de la iglesia de Luján, gritando que un milagro los había curado y relatando graves enfermedades de las que se habían curado en ese instante, para impresionar a la gente y lograr medir su talento dramático. Que me parecía que este era un caso similar: dos excelentes actores, que en todo me sonaban verosímiles, excepto en el contenido de su discurso: ¡una serie de disparates!
Me dijo que me olvidara del tema. Pero me pareció gracioso escribir esto para que quede entre las notas que deje para que lean mis hijos cuando me muera. Muy gracioso.
Notas:
La revista Confirmado fue creada y dirigida por Jacobo Timerman, quien además dio vida a "Primera Plana" y "La Opinión", en sí un cambio en el periodismo argentino.
En junio de 1966 mediante un golpe de estado se derrocó a Arturo Illia, para encumbrar a Juan Carlos Onganía, un militar de caballería que se propuso cambiar las tendencias ideológicas del país, mientras su ministro de economía administraba para el FMI.
La ilustración la bajé de www.magicasruinas.com.ar.

9.3.06

TRISTE Y MARKETING

Quiero recuperar una historia que me pareció por momentos triste, pero que apunta a la reflexión. Me la aporta Cruz J. Saubidet, en uno de sus correos:
"En un parque de Astoria (Queens, NYC) hay un complejo de canchas de tenis públicas, pero muy bien cuidadas. Hay un muchacho que utiliza sus días en mirar todos los partidos desde un banco perimetral. Llega a las 8 y se va a las 8. Los meses de invierno son muy tristes para él, la nieve cubre las canchas y no hay jugadores que hagan el espectáculo. Pero él espera, con su termo de café, su campera abrigada y su gorro de lana; sigue llegando a las 8. A veces se vuelve un poco antes, pero considera que si no está sentado en el mismo banco durante las horas de luz, los transeuntes se perderán una parte importante del paisaje. Quizas se considere un arbol, una estatua, algo inanimado, no lo se, él no habla, sólo mira las canchas." Gracias, Cruz.
(He visto alguna vez a un chico francamente down, allá por alguna esquina de lo que llaman "Palermo Sensible", en Buenos Aires. Conecta su walkman y se lanza a cantar horas y horas. Por la eternidad.)

Ahora sí, mi post:


Antes de que se pensara que el marketing era una técnica en manos de brujos, mucho antes, se pensaba que para vender un producto bastaba con mostrar sus ventajas elocuentemente.
Aunque en algún momento se pensó que se podía vender hasta la nada, en esto cree más de un jefe de ventas que, al obligar a sus vendedores a "hacer lo imposible" creen que -sin embargo- a lo imposible lo deberían poder.
En una comedia de los 60’s (Lover come back) que pasan casi todas las semanas en algún canal de cable, por un error se autoriza una gran campaña de lanzamiento de un producto... que no existe. Dadas las repercusiones que obtiene, deben comenzar a inventarlo... Muchos piensan todavía que no importa el producto, sino el medio. Que la gente es una gran masa arrastrada por impulsos. Que podría inventarse un producto que no se sepa para qué sirva pero que si está bien publicitado igual vende.
Es que todavía se piensa a) que ningún producto se puede vender si no se lo anuncia y b) todo producto que se anuncia se vende.
Mi hermana trabaja en una empresa de consumo masivo. Me cuenta que el día después de haber pasado cualquier comercial en el programa de Susana Giménez (de alto rating en Argentina) las ventas tocan niveles terribles, es como que la gente desespera recordando el producto y sale a comprarlo. Un mercado adicto que reacciona muy fuerte ante el estímulo de la publicidad.

5.3.06

LOS CHILLIDOS DE LA CLASE MEDIA


El supuesto chiste de Quino en Viva de hoy (diario Clarin, Argentina) muestra a una pareja de gente de "buen vivir". El "señor", que aparenta haberse quedado dormido luego de leer el diario del día, despierta de una pesadilla y le cuenta a su mujer, horrorizado, que "soñó que todos los pobres del mundo se habían extinguido y que para sobrevivir no teníamos otra solución que empezar a explotarnos unos a otros entre toda gente como nosotros".

Pero ya sabemos que la clase media no tiene noción de explotación, pues ven a la pobreza como un fenómeno producto de la pereza de los pobres. Y que se solucionaría "si los vagos esos deciden ponerse a laburar".

Tenemos una tendencia muy rica a ver el bosque desde detrás del árbol que –por supuesto- nos permite apenas ver el mismísimo árbol.
-Ah, qué maravilloso es conocer otros países –me dice el taxista que me lleva a casa- tengo la suerte de que mis hijos vivan en Estados Unidos. Allí sí que no hay pobreza.
Así como los turistas que vienen a Buenos Aires, luego de almorzar en Puerto Madero, subir a una limusina que los lleva por un camino sembrado de hoteles internacionales, avenidas de barrios lujosos y que lo pasea por San Isidro hasta el Sheraton de Pilar, creen que Argentina es un país de ricos, la ilusión de los que llegan a un país desarrollado creen que aquella es toda la realidad.
Cerca de 3000 millones de habitantes, casi la mitad del orbe, accede apenas a menos de dos dólares diarios para su sustento.
Según datos de la Oficina del Censo de los Estados Unidos, en 1995 había en el país 36,5 millones de personas considerados pobres. Son pobres en Estados Unidos las personas que viven debajo de la línea de la pobreza, que esta establecida en 13.000 dólares/año para una familia de cuatro personas. Representan el 13,8% de la población censada. Eso corresponde a siete millones y medio de familias o el 10,8% de las familias americanas.
Un tipo no grato para la derecha más retrógrada, Michael Moore, mostró en dos de sus películas polémicas (una es Bowling for Columbine) que una simple decisión de la General Motors transformó en pobre a toda una ciudad. Es bueno recordar que las automotrices americanas están por realizar despidos masivos que van a llevar a una situación similar a miles de trabajadores que sólo poseen el producto de su trabajo y… una pensión futura que perderán por la causa de la misma crisis que los arrastra al desempleo.
Todo esto viene a cuento del supuesto comic del depresivo Quino que encabeza hoy mi post. Con la historia de Castels (un dirigente de los pobres que ahora tiene un comedor para su gente en plena zona de restaurantes de ricos) esta semana ha crecido la polémica sobre la marginalidad en Argentina. Lo que me lleva a recordar ciertas cuestiones bastante básicas:
1) La pobreza no vino ni con los conservadores de principios de siglo (cuando se decía que éramos un "país rico", ni con la política liberal de las dictaduras militares, ni con la expresión pública de la realidad que descubriera Perón en los cuarenta, ni con Menem y su neoliberalismo en los noventa, y mucho menos con los cartoneros aparecidos en la crisis de de la Rua. La pobreza es un fenómeno estructural de una economía planteada por un liberalismo que no puede ni quiere evitarla por definición.
2) Como consecuencia de este primer punto, la pobreza queda atada a la existencia, de manera tal que pasa a ser definida por el propio liberalismo como dentro de un "orden natural" regido –digamos- por el mismísimo Dios, de paso autor de todo. Así como Mr. Magoo cree que la realidad es aquella que le señala su chicatez y así es bastante feliz, los principios que señalan la existencia de la pobreza son aquellos que justifican además el resto de las supremas verdades de la sociedad.
En "Mi tío", un film de medio siglo atrás, Jacques Tati mostraba un mundo futuro polarizado entre pobres hacinados emparentados con poderosos ricos enclaustrados en mansiones automatizadas por la electrónica y la eficiencia ingenieril. En "La Naranja Mecánica" (1971) el depresivo Stanley Kubrik va más allá y plantea que los marginales en su crecimiento aislan y agraden a los que quedan dentro del sistema. Veinte años más tarde, en "Matrix" se alcanza un poco más: pareciera que no importa si hay pobres ni ricos porque nadie es ya libre.
La pobreza actúa hoy como revulsivo, como referente para saber qué son los ricos, dónde están y cómo pueden mantenerse así. Y ojo: en este contexto cuando se dice "ricos" no se habla sólo de los magnates: se define así a los no-pobres.
Esta es la síntesis de la terrible verdad: terminaremos siendo un mundo de pobres justificando la existencia del mundo para un puñado de privilegiados.
(LA FOTOGRAFÍA QUE ILUSTRA LA NOTA FUE OBTENIDA DE LA PÁGINA 56 DEL DIARIO PERFIL DE HOY, DOMINGO 5 DE MARZO).

2.3.06

PUERTO MADERO: LA IRONÍA VUELVE

En los particulares años 90, en Argentina, sucedieron cosas extrañas. La principal fue el giro aparente del peronismo, que desde el gobierno dejó de ser peronista.
(Para los europeos esto no es raro porque ya venían de no entender de nuestra historia por qué los peronistas tenían como los peores enemigos políticos a quienes también decían ser peronistas.)
Allá por mediados de 1989 el presidente Menem había declarado su conformidad con las verdades de la “economía de mercado”, para olvidar así el “salariazo” que había prometido en su campaña electoral y confiar la economía de su gobierno a la corporación conservadora Bunge y Born, y sellar acuerdos políticos definitivos con la dinastía Alsogaray, dueños del principal partido opositor y archienemigos históricos de sindicalistas, peronistas, pobres y partidos de izquierda.
En ese inusual travestismo político que algunos agradecían y otros “nunca olvidarán”, Menem junto con el licenciado en historia Carlos Grosso (a la sazón intendente de la ciudad de Buenos Aires) se encontraron una fría mañana en el abandonadísimo puerto de la capital argentina para dar inicio a las obras de un nuevo emprendimiento: el de Puerto Madero. Quienes presenciamos aquel aparente acto sólo protocolar pensamos que, como tantos acontecimientos políticos a los que están obligados los altos funcionarios, aquello no pasaba de eso.
Antes de los 90, Madero era un costado mugriento de la ciudad, olvidado y piojoso. Su mayor gloria estaba en un pasado vibrante con turistas recién llegados y carga y descarga que antecedía a la existencia de los containers. Y su única utilidad por entonces había sido dar un lugar barato de producción al film de Hollywood Highlander, que por un tiempo atosigó al barrio de rayos láser y fuegos artificiales en medio de la decadencia de un escenario casi futurista.
Pero aquello quedó pronto de lado y apenas comenzada la década ya el emprendimiento había obtenido el éxito que lo distinguiría: una escenografía atractiva, lugares con prestigio (una universidad privada, un cine pituco, restaurantes carísimos, oficinas empresarias con olor a dólares). Fue el marco ideal que acompañó a aquel gobierno de pizza con champagne y funcionarias que se desnudaban bajo su tapado de piel para las tapas de las revistas, de creación de shoppings perfumados, cines con adornos dorados y alfombras rojas, hipermercados interminables. La clase media había encontrado por fin su hábitat, afin con el que perdía cada vez que tenía que volver de vacaciones de Miami o Disney. Ya no podría aburrirse viviendo en su propia tierra.
(Un típico representante de la clase media me dijo un día “adoro el típico olor a perfume de canela con que inundan los shoppings en Estados Unidos, ¡me traen tan gratos recuerdos! quisiera volver y quedarme allí para siempre!”. Se los juro que me lo dijo.)
El Puerto Madero divertido de los noventa dio paso al más deslumbrante de los dos mil, con un notable crecimiento hacia arriba: torres elegantes, hoteles brillosos, boulevares paradisíacos. En fin: nadie se dio cuenta casi de cómo, pero el barrio parece ahora haber sido trasladado de la esquina misma de Quintana y Parera.
Los agentes inmobiliarios, maestros de la irrealidad, lograron inflar todo esto hasta lo inimaginable. ¿Hasta ayer?
Es que el dueño de un restaurant -que en su momento debió haber extraído buenas tajadas de toda la situación relatada- resulta que un día “se enojó” y dijo “voy a regalar todo esto a los piqueteros”.
Tengo el recuerdo de papá y mamá discutiendo y amenazándose con divorciarse. Aunque nunca lo hicieran, se nota que esto les resolvía el mal momento de la discusión y los ponía un poco fuera de la cancha, le daban el respiro que les extraía aquellas discusiones, aunque a nosotros nos asustara perderlos. Parece que el dueño del restaurant también pensaba esto, pero un día se animó y se lo regaló a los piqueteros. Y fin.
¿Es esto un problema? Imagínense: si hay alguien a quienes la “gente bien” detesta es a los piqueteros. Se les llama piqueteros en la Argentina a los marginados sin trabajo, sin medicina, sin recursos que quedaron fuera del sistema y que ya suman varios millones. Su único recurso es utilizar la protesta, que los lleva a formar piquetes (barreras) que detienen el tránsito en las carreteras. Para la clase media en general, de pensamiento conservador, creen que esta gente no trabaja porque no quiere, son perezosos y buscan que los mantengan. Desde estos rígidos principios, los han transformado en sus enemigos.
Esta me hace recordar otra historia. Décadas atrás, un sindicato compró para hotel de sus afiliados del interior, un edificio en pleno Callao y Quintana (zona central de la más rancia oligarquía argentina) en Buenos Aires. Eran épocas en que los enemigos eran los cabecitas negras de Evita, los argentinos morochos y chiquitos herederos de indígenas del interior. Es que las clases más acomodadas siempre nos tuvieron de enemigos.
Y ahora el enemigo posee en forma legítima un restaurant propio en el mismísimo Madero.
Si nos permitís, vamos a reírnos un rato atrás de tu monitor, y ya volvemos.