¡La poesía no es de quién la escribe, sino de quién la usa!
Antonio Skármeta, El Cartero de Neruda
Desde que los hermanos Lumiere desarrollaron el cine -ese invento que todavía no descubrieron mucho para qué puede servir, salvo para dar plata a los capitalistas- el mundo se pudo imaginar que daba para algo más que sólo para "sacar fotos en movimiento". Algunos se dedicaron a investigarlo como Melies, Kulechov o Einsenstein: combinar imágenes producía un fenómeno muy especial, distinto al mero hecho de la combinación en sí.
Por ejemplo, el famoso "efecto Kulechov" consistía en filmar a un actor que todos decían "es lo más" (un Alcón o Alterio de la Unión Soviética) y luego asociar su mirada con un chico vomitando o una madre llorando. Cuando a los espectadores se les pedìa que dijeran algo acerca de lo que habían visto, indefectiblemente todos aludían "al talento de aquel gran actor" (que sólo había mirado una cámara durante un minuto y que ni imaginaba lo que producía en las audiencias).
A ese invento se le denominó "edición" y es el verdadero corazón de lo que hoy conocemos como cine, arte cinematográfico o industria del entretenimiento. También lo llaman la magia del cine, aunque a partir del Windows Me fue menos magia, con la inclusión del curioso Movie Maker.
Los soviéticos -ni lerdos ni perezosos- se dieron cuentan de que habían desarrollado una herramienta para manipular la comunicación, y trataron de utilizarla "para educar a las masas" en una revolución política que acababan de ganar y que querían diseminar a toda costa urbi et orbe.
A partir de los 70, Woody Allen descubrió muchas cosas que al cine todavía no se le había ocurrido mostrar, y a pesar de muchos de sus detractores, figurará en un lugar destacado del desarrollo del "séptimo arte" en la historia.
Soy un fanático de "Zelig", una joya tratada en forma documental, en la cual el personaje es tan inasible que nadie puede saber quién es, pero lo dejaré para un próximo post. En cambio, y para los que todavía no la vieron, vamos a hacer una sinopsis muy personal de su film "La Rosa Púrpura del Cairo". La protagonista es una chica pobre y sencilla de New York (su actriz fetiche y pareja, Mia Farrow) cuya única "salida" a su realidad mediocre es ir al cine. Por lo tanto, su sueño es ser parte de esas historias repletas de héroes alejados de esa terrible miseria que le tocó vivir. Y, desde el "plot" de Cenicienta el sueño se hace realidad y logra enamorar al héroe de la película que está viendo, que puede desprenderse de la pantalla del cine y bajar al escenario para comenzar un romance con ella. Pero hete aquí que él es un héroe de cine, y debe manejarse por los códigos del cine de Hollywood (no podría ser sino eso, ninguna otra cosa). Y en esa cruda realidad termina el romance: en apenas un beso, porque para ese cine todo "debe terminar así".
COMO LOS ANGELES DE LA IGLESIA, LOS ANGELES DE EEUU TAMPOCO TENÍAN SEXO
Para quienes este tema les parezca curioso e interesante, los invito a ver todo el cine que puedan del Hollywood de entre, digamos, 1930 y 1965. Jugosos años del cine más recordado, incluyendo Casablanca, Lo que el viento se llevó, El Ciudadano, miles de películas más del cine más realista, romántico y pasional que se le haya ocurrido a las productoras. El sexo era algo existente "en bambalinas", apenas sugerido, casi ni mencionado.
¿Esto era casual?
No, señores, esto era programado: no se olviden que Estados Unidos es producto de una generación de inmigrantes puritanos, para los cuales el sexo no debería ni mencionarse.
El cine fue muy preocupante para los norteamericanos. La cámara, corriendo podía fotografiar en movimiento noticias, hechos, arte, pero también ¡gente practicando libremente el sexo! Y el cine oficial -en el fondo, un negocio- estaba también mostrando cosas indebidas en la medida que resultaran comercialmente posibles.
Así creció el cine de Hollywood para las generaciones de nuestros bisabuelos, abuelos y padres: con la ¡inexistencia del sexo como concreción! El sexo se limitaba a que hombre y mujer se buscaban y encontraban tan sólo para besarse y, a lo sumo para casarse.
Como hacía ya con los recursos de la edición que creaba fantasías en el espectador, el cine estaba elaborando esa "situación" por la cual el sexo no existía: en la pantalla la gente no copulaba, y tampoco no necesitaba hacer pis ni caca. Los protagonistas de los films iban al baño a afeitarse, a maquillarse o, a lo sumo, a simular que se bañaban. Y luego de besarse nadie podía imaginar a dónde podían llegar con la intimidad.
GRACIAS A HAYS
El
código Hays fue un típico producto de una sociedad cuyo autoritarismo se disfrazaba de liberalismo y protección de los derechos individuales a través del manejo de la conciencia mayoritaria con el cine. Así como la "ley seca" cuidaba a los ciudadanos alejándolos del dañino alcohol, Hays impedía que los espectadores presenciaran las iniquidades y pecados de los que era capaz el hombre por sus meros instintos animales.
Como consecuencia, curiosamente todo el cine de aquella época debió ajustarse al criterio de mostrar la sexualidad "a la manera del cine" pero, ojo: no sólo era Hays y su código, el cine del mundo debió seguirlo por necesidades de mercado y limitarse a mostrar sólo "ese" sentido del sexo, como conformación de una moral universal. Ver hoy cualquier film argentino, mexicano o español de aquella época, fuera cual fuera su temática o nivel de audacia demuestra lo que digo. "El angel desnudo", lo máximo de lo arriesgado, mostraba de espaldas la supuesta desnudez de la primera actriz, quien con eso "pagaba" el acuerdo con su anciano interlocutor. En aquellas películas lo único posible de "ser penetrado" era el bolsillo del espectador cuando pagaba su entrada al cine.
Se supone que el cine ha sido siempre algún tipo de reflejo de la vida, como la literatura o el teatro. Cuando aquel cine montaba una guerra, como la del "Lo que el viento se llevó" (Gone with the Wind), utilizaba todos los recursos para mostrarla lo más realista posible (heridos, explosiones con muertos, mucha sangre y destrucción). Claro que a la hora del romance, el realismo se esfumaba tras las puertas cerradas de dormitorios o ni siquiera se llegaban a sugerir esos lugares con pecaminosas camas... ¿Cuál era el "patrón" de un vínculo amoroso sobre el que se estructuraba aquel cine? Pues, sencillo: hombre +mujer (nunca otra combinación posible) se conocen, y si se gustan se besan durante escasos segundos. De querer "profundizar" tal aspecto (y esto sólo en los films muy audaces y combatidos por los moralistas), se sugerirá algunos lavados encuentros con baile, cena, y... esfumado final a negro para dar paso a escena siguiente. Las películas más conservadoras (y cuyos productores querían menos problemas) pasaban directamente a la estructura compromiso-casamiento, y lo llevaban directamente a cabo. Esto no aclaraba mucho la cosa, de todas maneras. Aún estando casados, nunca se sugerirían encuentros sexuales, y para remarcarlo se solía mostrar a los cónyuges ¡durmiendo en camas separadas! Una exageración que caía casi en lo contrario de lo que se quería mostrar. La intención que empezaba desde cierta moral en los dictados del Hays, terminaba en una poquería antinatural, idiota y mentirosa, aun para los contemporáneos de este cine moralista.
EL DESTINO DE LOS PERSONAJES
Imaginen cuál era la mínima coherencia psicológica de un personaje al que no había ningún dato que permitiera al espectador imaginar como sería su vida sexual. Hasta que llegó Woody Allen y pensó: el autor que estaba obligado a construir un personaje así, debería conflictuarse porque nunca le quedaría completo. O, mejor dicho: debía extraerle (según había ya descubierto Freud) aquella parte por la cual vivía.
Tomemos, por ejemplo, al Don Juan Tenorio. Era un tipo que sufría, peleaba, interactuaba con terceros, pura y exclusivamente porque todo eso pasaba rápido mientras aguardaba la noche, en la cual aparecían sus premios. Todas las hormonas que no alcanzaba a gastar durante el día, sus propios espermatozoides se encargaban de arrastrarlas esa mismísima noche.
En "La Rosa Púrpura del Cairo" (1985), Allen hace salir a su personaje filmado de la pantalla, rompiendo un duro esquema lógico: los personajes no pueden tener vida propia, fuera de los caprichos del autor que le diera vida, una vuelta de tuerca al plot de Pinnocchio. Pero la oportunidad adicional que va a obtener es la de desembarazarse de los caprichos del Código Hays: va a poder obtener placer sexual con cualquier mujer, libremente. Va a dejar de ser un "asexuado" de film para ser un "sexuado" como vos o yo.
Pero no resulta, ya que la coherencia (influencia de Hays) que posee el personaje hace que no tenga la menor idea sobre de qué se trata la vida de verdad. Su esencia es de celuloide, nunca fue dotado de real genitalidad, ¿para qué podría necesitarla?
El cine, entre la supuesta felicidad, la ansiada practicidad, la síntesis provista por guionista y editores, y el tiempo de duración obligado que tiene el film, no hay tiempo para profundizar, porque supuestamente el espectador es alguien que "pasa" por el lugar y hay que proveerle de suficiente "entertainment": no hay ni tiempo ni ganas de mostrar obviedades. Que, por otro lado estarían fuera de lugar, no son elegantes y son poco edificantes. Así que el cine no mostró ni sugirió nunca que la gente, en algún momento del día debiera hacer pis, caca ni ¡muchísimo menos! necesitara siquiera copular ( ¡faltaba más!)
TODOS MORIRÁN
Como he dicho reiteradamente soy un fan declarado de Hernán Casciari, al que considero EL MEJOR ESCRITOR ARGENTINO ACTUAL. Por la naturaleza de los temas que toca, por el lenguaje que utiliza, por la claridad y desprejuicio con que trata las ideas y porque supuso acertadamente desde el primer momento cómo encarar un medio que TODOS desconocíamos.
Con el nacimiento de aquellos primeros rudimentarios "procesadores de la palabra" de fines de los setenta fue fácil darse cuenta que había algo nuevo. Pocos pudieron percibir de cuánto empezaba a modificarse, cuánto más a morir: la prensa, el mundo editorial, ¡todos los impresos como los conocíamos hasta entonces!
Claro que estas transformaciones, desapariciones o muertes sólo acompañaban a otras de igual trascendencia: la de las compañías grabadoras y editoras de música, las productoras y distribuidoras de cine, los sistemas clásicos de televisión, la telefonía, el correo, las organizaciones noticiosas, la radio, en fin...
Que el Word, el mail, el P2P, el MP3, el Skype, el Google, y todo lo que YA APARECIÓ y -peor- LO QUE ESTÁ POR APARECER son apenas MOMENTOS de un cambio en la vida de la gente, centralizado por Internet, los procesadores avanzados y los brillantes sistemas operativos (desde esta óptica, es fácil interpretar cómo Bill Gates tiende a ser el multimillonario más multimillonario de la historia).
Cuando el weblog apareció, fue apenas un segundo momento de una estampida creada antes por la posibilidad de montar páginas web gratuitas, o por los servicios de internet telefónica gratuitos.
Lo maravilloso del weblog fue que se transformó, en sí, en una herramienta concreta. Cualquiera, sin saber ni programación ni manejo de un software específico, pudo manejarlo desde el vamos. Es lo que lo hizo popular, su característica "friendly", lo más amigable que se pudiera concebir.
MI ENCUENTRO CON LA TECNOLOGÍA WEBLOG
Soy un lector de cuanta cosa escrita circula, desde muy chico. Mi placer de comprar un libro, una revista, un diario o entrar a Google es sólo parecida a la del sediento en un oasis. Entre la cantidad de cosas que puedo llegar a leer (desde publicaciones confesionales hasta anarquistas) una que consulto habitualmente está la Harvard Business Review, publicación avalada por esta universidad norteamericana ultraliberal. Una de sus secciones que más admiro es la de los "casos". La publicación plantea una situación jodida, la desarrolla, y luego lo desafía a plantear una solución. Obviamente, son casos re-complicados. En un número, un par de años atrás, planteaba el caso de una empresa que se veía en problemas porque una de sus vendedoras desafiaba las políticas de su compañía revelando secretos del management desde su weblog para torcer las decisiones de sus gerentes. Si bien el caso era apasionante (para el supuesto liberalismo, esto es una manera de endiosar la libertad) para mí, personalmente, fue una "mojada de oreja". ¿Weblog? ¿Qué carajo es un weblog? Vivo atado a las tres PC's que condicionan mi vida y hasta ese momento no había notado de su importancia…
Como cien veces por día de cada día mío, me metí en el Google y puse en el rectangulíto blanco "weblog".
Cinco minutos después nacía Alejandro Luis Vitali.
Llevaron diez minutos más inventar Las Rarezas de Vitali.
Desde entonces "estamos en el aire".