LAS DECEPCIONES DE LA HISTORIA

Tenemos un humorista, Enrique Pinti, que dice que los argentinos no le sabemos "sacar el jugo" a las bellezas turísticas al país. Porque dice que en Italia cuando se emocionan conociendo el balcón de Romeo y Julieta, los turistas no son advertidos que aquello fue una leyenda de la cual no hay pruebas (y por lo tanto tampoco balcón). El dice que los argentinos deberían hacer lo mismo, diciendo por ejemplo "en esta esquina Juan de Garay (fundador de la ciudad de Buenos Aires) se tiró un pedo".
No hicimos eso, pero no mucho menos. No se si saben pero dos de los grandes íconos de la nacionalidad (que todo estudiante ha debido dibujar todos los años en su cuaderno): el cabildo y la casa de Tucumán, cuando uno los visitas toma noticia que no son sino reconstrucciones sobre algún resto de algo que hubiera quedado (piso, trozos de mampostería algo dudosos).
Hoy visité el asentamiento del Plumerillo, en Las Heras, provincia de Mendoza. Es una especie de esenografía reproducida con la mejor intención sobre terrenos desaparecidos hace tiempo.
O sea: si quiere ver historia vaya al Museo Nacional o lea la Historia de Mitre. O mejor aún: lea Cien Años de Soledad, es más divertido y el flaco que se ganó el Nobel lo fue a buscar en guayabera.








