LA FAMA ES PURO HUMO
Me encantan los placeres del "low profile": en síntesis, que por ninguna razón nadie se meta con uno. Pero, oh contradicción, en el fondo deseo la fama de Maradona. Es no sólo el argentino más famoso de la historia, dicen que es Dios. Y uno, que siempre anduvo peleando con la esquiva idea de Dios, desearía eso: ser el más.
Dolina dice que todo lo que hacen los hombres es para poder levantarse minas. Yo agrego: "y para sentir que alguien piensa que uno es el mejor".
En la consecución de tan divinos propósitos fue que me metí en este mundo de los weblogs. Un universo ya tan extendido que ha dejado de tener sentido. Al menos para conseguir fama, o lectores, o seguidores.
En julio pasado, al cumplir un año de bloggeo, me quejé de la poca "interactividad" que había creado. Cada tanto alguien escribía, pero no había logrado ningún admirador/a que estuviera dispuesto a entregar su vida por las opiniones o críticas que yo creí tan sensatas y que desgranara en forma habitual mi blog.
Sin embargo, mi trabajo parecía tener gran resonancia: en un momento muchos visitantes mexicanos, más de 17 pantallas de Google citaban mis referencias, en fin: si bien había llegado a tener pico de más de ciento y pico de lectores en un día, con el tiempo me fui estacionando en más de cuarenta y ahora rozaba entre 25 y 35. Esto hacía un promedio digno de mil navegantes por mes que aparcaban en mi weblog.
Desde el principio y de a poco me fui metiendo en el mundo y la cultura de los bloggers, todos una manga de neuróticos como uno, y así, de a poco fui creyendo también todo lo que sucedía en tanta virtualidad. Me fui sindicando y colocando todas esas obleas tan simpáticas que rodeaban mi blog y me hacían sentir como "parte de algo" "en algún lugar" "bajo cierta tutela".
Esta semana pasó algo determinante. Desde hacía un tiempo la estructura visual de mi blog había perdido algo de su diseño: cosas fuera de orden por arriba y los costados, producto de un diseño demasiado estandarizado y viejo (un blog que va camino a cumplir un año y medio). Dispuesto a ordenar, decidí cambiar el diseño por otro, que se adaptara mejor a mis necesidades.
Estaba en pleno proceso de ordenamiento, cuando una de esas benditas ventanas del window me lo advirtió: dijo algo así como que si anulaba el diseño anterior, corría el riesgo de perder todas las modificaciones y agregados que yo había hecho en todo el tiempo de existencia. Y dado que nunca digo "no" a estas observaciones, dije "sí".
¿Saben lo que pasó?
1) Ahora tengo un weblog más lindo, pero sin ninguna oblea, recomendación ni declaración que yo uso algo.
2) Bajé de mi promedio de visitas, a 0 con picos de 2 (que son las visitas mías diarias)
Conclusión personal: ¡los que realmente me visitaron son los 14 que me contestaron en estos últimos 500 días! El resto ha sido un humo agregado por todos a los que yo agregué su banner.
¿Se acuerdan la euforia de las "punto com", cinco años atrás?. Sus inversores habían arriesgado mucha plata, y entre todos crearon una sensación fantasma de que el éxito y la plata venían tras ellas. ¿Es esto otra situación igual, todos están "blowing the wind" ambicionando ganar?
Para los periodistas de los grandes medios: creo que sería interesante un análisis real de qué hay detrás de todo esto.
Conclusión mía: siempre lo dije, nadie me lee.













