22.9.05

OH QUE HISTORIA

Una versión antojadiza más de la historia argentina.
La historia es según el que la escribe, y eso ya nos asegura que nunca será un reflejo de lo sucedido. Basta leer las distintas versiones que han tenido los sucesos, agregado a las interpretaciones; y mucho más si sumamos los significados y conexiones que le han hecho a lo largo de los tiempos.
Durante mucho tiempo hubo un concepto de historiografía (así les gusta denominarla a los eruditos) oficializada. Era lo que se llamaba "la historia oficial"; hecha a medida para encontrar a todo una interpretación que coincidiera con el "statu quo" de una realidad dulzona y eterna. En ella justificaban su poder aquellos que debían fundamentar lo justo de sus bienes y propiedades.
Vamos a recordar que el descubrimiento, conquista y civilización de América tiene una versión oficial que no esconde nada. Los galleguitos que pisaron estas tierras con Colón venían a Occidente para abrir una vía comercial a Oriente que superara lo que suponían problemático al ir por el Oriente mismo. Cuando llegaron aquí se encontraron con algo más poderoso que el comercio: la certeza de que unos salvajes brutos poseían ¡oro! y en cantidad.
Esa sola idea: la de depredar a las bestias (infieles) de todo el oro que pudieran ¡movió el interés permanente de varias generaciones de conquistadores, que no se detuvieron sino hasta que comprobaron que ya habían conseguido todo lo que tuviera valor.
Aquella generación de conquistadores perdió el sentido propio de su misión en cuanto se agotó el oro. El sustento de su poder fue quedando cada vez más presa de lo "simbólico". Y el poder formal sin el sustento del poder real (valores de cambio) se va debilitando en forma acelerada. Los virreyes y gobernadores se iban dando cuenta que los que realmente manejaban el estofado por aquí eran los comerciantes, los dueños de manufacturas, en fin... los que sabían cómo obtener valores de cambio una vez terminado el oro de la rapiña.
Un día del siglo 19, lugar tras lugar de América, todos se fueron levantando y asumiendo el poder real.
Este es el verdadero sentido de cada movimiento independentista. ¿Para qué se puede necesitar un rey y un virrey, lo costoso que sale, los impuestos que hay que pagar? Mejor los mandamos de vuelta y mandamos nosotros a nuestra conveniencia.
Una lucha a la que los intelectuales románticos, inspirados por el liberalismo de la época adherían y les agregaban encendidos principios por la libertad, la igualdad y la fraternidad, el anti-esclavismo, etc.
Así fue como mandaron a casa de vuelta a los ex-conquistadores. Pero dado que es más difícil pelear contra los representantes del espiritualismo, integraron al clero y los dejaron quedarse.
La historia oficial cuenta que los americanos consagraron a éste a partir de entonces como suelo libre, asociados a españoles y portugueses que vieron la oportunidad de tener que rendir más cuentas a una corona onerosa y desesperada de obtener cada vez más rentas de cualquier cosa. Más que proceso de liberación, podemos interpretar los hechos como el cierre de un buen negocio.
Visto así, tenemos:
1) Los conquistadores, cuya primera generación había logrado levantarse con todo lo de valor a sangre y fuego, y la siguiente que había percibido las ventajas de integrarse con quien fuera para poder "hacerse la América", y
2) Los ricos comerciantes, los dueños de manufacturas y artesanías, que se habían quedado a diseñar y disfrutar de un "nuevo orden" con determinación de propiedades, aduanas y otras fuentes de poder.
Quedaba una tercera parte, un alguito más complicada: ¿cómo seguir avanzando en la obtención de poder, cuando el resto de los territorios está repleto de indios malísimos, difíciles de ser convencidos de que la tierra es para ser disfrutada por auténticos cristianos?
Así que reforzaron dos frentes: el de los milicos para enfrentarlos y eventualmente matarlos o, viceversa: matarlos y eventualmente enfrentarlos (¿cómo habrá sido?), y el de los curas, con la misión de convertirlos al cristianismo, "civilizarlos" y convencerlos de que entreguen sus territorios a la "nueva patria".
Crear un ejército presupone siempre la existencia de un enemigo externo, aunque sea potencial o latente. Ya que por definición el enemigo no podía ser interno, los enemigos externos fueron los indios. Y como se encontraron en el camino con la existencia de un gaucho absolutamente indefinible (producto de la cruza de indias violadas o convencidas con los conquistadores) ¡pudieron así conseguir rápidamente una definición del origen de los reclutados! Fue la misma definición que sirvió 200 años después a la Ciencia Ficción al imaginar conquistadores que crean robots para enfrentar a robots del enemigo.
Mientras que los gauchos eran forzados a ser soldados para matar indios, los blancos civilizadores y sus curas avanzaban ocupando territorios, que dejaron así de ser de los indios para pasar definitivamente a ser legítimamente ocupados por quienes luego ya encontrarían la definición que considerarían más lógica para repartírselas. Con lo cual, y casi sin querer, arribamos a la tercera fuerza:
3) Los terratenientes.
¿Qué pasó entonces? En un primer momento muchos de ellos mismos se deben haber encontrado con que eran dueños de extensiones de tierras que nunca podrían haber llegado a conocer, no sólo por la precariedad de los medios para recorrerla, el riesgo de ser asaltados o atacados, lo aburrido y peligroso de las pampas y los desiertos, sino el amplio desconocimiento de para qué sirve tener tanta tierra. Muy distinta a las situaciones de los nobles europeos, que al menos tenían títulos pomposos y poderosos, como conde, marqués o siquiera vizconde.
La respuesta no tardaría, y vendría de la mano de la certeza de la fertilidad de tierras sumamente privilegiadas, que admiten SEMBRAR, COSECHAR para luego COMERCIAR productos de la agricultura, Y CRIAR y REPRODUCIR los animales que permitan EXPLOTAR los bienes de la ganadería.
Este tan primitivo y sencillo descubrimiento, en el caso de la Argentina, llevó a transformarla nada menos que en una potencia comercial apenas cien años atrás.
Con variantes a veces un tanto significativas, algo similar ocurrió en el resto de aquella América india.
Y una vez consolidado el esquema, comenzó a funcionar sin cortapisas el primer orden conservador de tal estado de cosas, con el intento nada velado de que nadie "sacara los pies del plato", para lo cual se procedió a aceitar los mecanismos necesarios y suficientes para que:
a) los indios desaparecieran, o al menos quedaran bastante neutralizados (es decir en lo posible integrados como obreros o sirvientes)
b) los gauchos continuaran como soldados, y si no también como obreros o sirvientes.
c) de no acceder a las dos variantes anteriores, se recurriera a recursos carcelarios o muerte llana.
d) los comerciantes ricos pudieran ser igual o más ricos que hasta entonces, se asociaran con los terratenientes y hasta se casaran entre miembros de sus familias
e) los terratenientes con sus tierras ya debidamente justificadas pudieran agrandar sus propiedades comprándolas a quellos que deseaban venderlas por problemas económicos
f) se facilitara la labor eclesiástica, ahora orientada al mantenimiento y consolidación de los valores cristianos en toda la comunidad, y la atención "espiritual" de los necesitados, enfermos, carentes, inadaptados, marginales y lunáticos.
Fue una manera de armar una sociedad. Y dos siglos después estamos en condiciones de asegurar que les dio bastante resultado.

17.9.05

MI AMIGA LA COMPU

Mi primer contacto con las computadoras tuvo lugar una mañana de 1984, en la oficina de mi viejo. Habían organizado un "encuentro con las familias" y allí aparecí con alguno de mis hermanos, todos atraídos por las promesas de chocolates helados y torta, payasos y dibujos animados. Pero lo que a mí en realidad me había movido hasta el lugar era "conocer" las computadoras, esos objetos que tenían fascinados al Loco y que él sostenía que "reemplazarían definitivamente a las máquinas de escribir". Vitali nos contaba con entusiasmo que lo más maravilloso que tenía era la función de "editar", una capacidad de no imprimir hasta estar seguro de que uno había corregido todos los errores.
Para cualquiera que por entonces utilizara la escritura a máquina como herramienta principal, el dejar de estar atento para no equivocarse era un triunfo. Existía el corrector, una pinturita blanca incómoda y cuyo resultado era más bien una basura.
Aquella mañana, en cuanto pude, me separé del contingente de chicos y padres que chillaba alrededor del payaso y mi padre me guió a su oficina. Sobre dos escritorios diferenciados del resto, lucían radiantes una Apple II (ya viejita porque tenía unos cuatro años) y una IBM PC original, que era algo así como un "avión" para la época.
Cuando me acuerdo de aquel día, de ese primer encuentro, me viene una cosa muy linda, como el recuerdo de un encuentro de descubrimiento enigmático, aunque aquello haya sido... casi nada, apenas si un par de horas haciendo boludeces, imprimiendo dibujitos de un programa de banners en una impresora ruidosa como una sierra cortando árboles. Por mucho tiempo aquellos dibujos decoraron el costado de mi cama porque "los había hecho yo en la compu del laburo de mi viejo", algo que mataba de envidia a mis amigos.
Claro que no iba a pasar mucho tiempo hasta que aterrizara en casa la primera PC. Mi viejo estaba que se salía de la vaina por tener algo con forma de computadora.
El 15 de abril de 1984 el viejo cayó a casa con la caja de la Sinclair, que era una Home Computer con varios atractivos: no era la más básica (tenía teclas de verdad). Era un equipo que podría parecer increíble (se que son de colección y cotizan bastante bien entre los coleccionistas, que son muchos más de los que se imaginan), necesitaban conectarse a un televisor blanco y negro y a un grabador para leer los softwares, que eran juegos bastante básicos con sonidos y músicas.
Todo aquello era un adelanto de locos.
Habíamos tenido un pong con el que jugábamos en el televisor, y un Atari "al que gastamos": tenía juegos que eran caros y un ensayo de computadora para que compusiéramos temas musicales.
Tiempo después, el viaje de unos amigos a Estados Unidos nos permitió que arribara la Commodore 64, con nuevos adelantos: color y datasette. Y una maldición típica de la época: ¡la decepción de que la norma NTSC de los yanquis nos obligara a adaptar el televisor. Por entonces teníamos tres, y nos tuvimos que conformar con adaptar sólo uno.
Para cuando llegó una verdadera PC, que era la 386, ya habíamos recorrido un largo camino. Su llegada a casa pasó inadvertida casi. El comienzo del verdadero interés renacería con el Pentium 100, los BBS, el Windows 95, internet y el MP3. Esta segunda parte -como todos ustedes comparten ya conmigo- es la más apasionante de la historia y -aunque parezca mentira- tiene ¡tan sólo 10 años!
Ya me imagino a mi hija preguntándome "¿cómo que antes no había internet?", definiendo así mi irreductible ingreso en la vejez.

15.9.05

LA NUEVA REVOLUCIÓN DE UN ARGENTINO


¿Cuántos argentinos puede haber en Barcelona? ¿Diez o cien mil? ¿Medio millón? ¿Cuántos psicoanalistas, médicos u odontólogos? ¿Cuántos son descendientes de europeos que abandonaron la misma tierra que ellos ahora pretenden conquistar?
Hernán Casciari nació en la ciudad de Mercedes (a escasos 90 kilómetros de la Capital) hace poco más de treinta años atrás, y no necesitó huir de nada más que de la mediocridad y la humillación de un triste pueblito atosigado de tradiciones eclesiásticas y preceptos leguleyos. Encontró en las tierras hispánicas el lugar fértil desde el cual hacerle conocer al mundo los verdaderos valores de su legítimo talento.
Unos años atrás Hernán descubrió el lenguaje de verdadera comunicación que encierra un weblog y pudo compartir con el mundo sus ideas a partir de su maravilloso poder de observación sobre una típica familia argentina, y en particular sobre su madre en la "Weblog de una mujer gorda". El weblog (o blog para los cancheros) pasó así a tener un valor tan grande como el que tenía el folletín de "La novela semanal" de nuestras bisabuelas.
Toda una generación de "bloggeros" nos criamos a la vera de este argentino españolizado, que conoció una "gallega" con la cual ha tenido una hija. Casciari, y sus motores insaciables, acaban de cruzar una nueva barrera: el "casar" la televisión con Internet a través de una "sitcom".
Casciari es el autor de "Orsai", un remanso de nostalgia argentina desde cada uno de sus "posts" en los cuales tanto comenta el lanzamiento de una marca de dulce de leche en España, o las nuevas aventuras de su niña catalana, y de un blog divertidísimo como el del adivino Juan Dámaso, aventurado a predecir un futuro siempre tenebroso y escandaloso, pese a todo.
Esta enorme producción, agregada a sus trabajos formales en la madre patria, fueron acompañadas en los últimos tiempos por una generosa cuota de atención de la televisión española.
Pero ahora el desafío es mayúsculo. Hernán (alias el Gordo) acaba de estrenar su nuevo rol de libretista del programa "Mi querido Klikowsky" en Globomedia, que según sus propias palabras es la mayor factoría española de ficción. ¿Qué tal?
Esta parece ser la primera fusión entre un blog y una serie de tv. Esto lo puede seguir cualquiera a través de www.klikowsky.com/. La historia es apasionante y se sintetiza en la historia de Saúl, un porteño de 28 años, hincha de Boca, judío, ingeniero, que vivía tranquilamente en Londres hasta que el destino quiere que se enamore de una vasca preciosa. Viven un idilio intenso en Inglaterra, pero después de un par de meses ella se vuelve a su pueblo porque extraña a su familia; Saúl, tan enamoradísimo como solo puede estarlo un verdadero "pelotudo" argentino, deja todo para seguirla. La serie comienza en este punto (el blog, un poco antes).
Al llegar a Eibar, un pueblo vasco de costumbres muy conservadoras, Saúl debe adaptarse a su familia política, los Guerricaetxebarria, y sobre todo a su suegro, Txomin, un vasco muy, pero muy vasco, que lo que menos quiere en el mundo es que su única hija, la luz de sus ojos, se comprometa con un charlatán argentino.
La trama pinta el choque intenso entre dos culturas muy particulares y cabezonas: los vascos y los argentinos. Lo curioso es que Saúl, el personaje principal de la serie, tiene un blog. Y en su blog le cuenta, a sus amigos y parientes de Buenos Aires, todo lo que le cuesta adaptarse a su nuevo hábitat.
La serie abre y cierra cada capítulo con Saúl Klikowsky en un cibercafé, narrando en su blog las peripecias que le ha tocado vivir durante la semana. Pero lo bueno es que la ficción, en este punto, se bifurca, porque el weblog existe literalmente. Es un blog normal, sin ningún indicio de ficción televisiva. Es un blog, digámoslo así, que si lo lee alguien de Puerto Rico se lo traga como real.
¿Y de dónde lo revolucionario de nuestro compatriota?
Pues que su experimento de mezclar la televisión con Internet a través de una ficción ha arrastrado a 431.000 espectadores de televisión en la primera noche, que obtuvo así un share de 25,8% y avasallando el reinado de la serie "CSI Miami" que había sido líder indiscutible en audiencia todos los lunes por la noche hasta ahora
Casciari había obtenido bastante trascendencia entre sus compatriotas por su "Mujer Gorda", por el diario de la Princesa Letizia, por las historias en Orsai y en el vidente Dámaso. Esta nueva vuelta de tuerca nos sorprende en la nueva versión de un Cortázar siglo XXI al que hay que prestar atención en el futuro.
Mientras, los invitamos a seguirlo en sus blogs.

11.9.05

Bienvenido DIARIO PERFIL


Siete años atrás me enamoré apasionadamente de un diario. Se llamaba Perfil. Lo amé como sólo se ama en la juventud: incondicionalmente, sin tener en cuenta nada, ni siquiera que podría perderlo. Y esa pasión duró nada más que tres meses. Fue suficiente para darme cuenta que yo no estaba equivocado: que era posible hacer PERIODISMO.
Pero aquello había sido una aventura de un tipo al que no le cerraron las cuentas y que prefirió matar su mejor proyecto para salvar toda una empresa con otros productos.
Así que me quedé solo, con mis recuerdos.
Hasta hoy.
No se si saben que esta mañana, desde temprano, estuvo en todas las esquinas (por lo menos de Buenos Aires) el diario Perfil.
Igual que antes, mejor que antes. Con igual rigurosidad, con igual fuerza. Sólo los domingos, pero eso será suficiente. El único diario que se tomó el trabajo de redactar un código de ética, que les imposibilita transformar sus páginas en un auto-shopping, como Clarín y La Nación (que venden libros, revistas, fascículos, películas, programas de televisión y radio, etc.) Con periodistas que escriben como los dioses. Con todos los temas interesantes contados de una manera interesante.
Le aconsejo que abandone este blog y corra a comprar Perfil.

6.9.05

POR FAVOR: ¿ALGUIEN SABE QUÉ COSA ES EL PERIODISMO?

En www.periodismo.com de Argentina, distintos personajes han sido interpelados (y respondido) muy inteligentemente acerca de qué cosa es el periodismo. No yo. Así que desde esta modesta, y menos difundida columna, voy a contarles ahora qué pienso yo del tema.
Cuando escribo quiero convencer. Siento un irrefrenable deseo de que el lector deje de pensar las mentiras que por distintas razones abriga en su cabeza, y comience de una vez a pensar como yo. Estoy seguro que para eso escribo.
Creo, además, que hacer cambiar el pensamiento de la gente es posible, y que me dejan publicar porque antes convencí a los editores, que están deseosos de dejar propagar mi credo, que –obviamente- está lleno de verdades, descubrimientos y denuncias de falsedades que la gente debe dejar de admitir.
Imagino que muchos encienden la luz a la mañana no tanto para levantarse y dirigirse a sus lugares de trabajo, sino para iluminarse con lo que los periodistas pensamos sobre la realidad. Esa percepción es muy lúcida en el caso de los periodistas radiales o televisivos. La gente está como perdida hasta que encuentran el rayo orientador que surge de las cabezas de raudos periodistas. Si son de la derecha les van a enseñar a protestar contra los vagos de los piqueteros, huelguistas y el alarmante incremento del delito y la violencia. Si son de izquierda les van a mostrar acerca de un mundo injusto y de qué manera pueden lograr mayor justicia.
También hay una cantidad de periodistas que se imaginan a sí mismos independientes, objetivos, cultores de la verdad. Todos, de una manera u otra, deben a su tiempo sentir lo mismo que yo: la necesidad de que me crean. En el fondo, en realidad lo único que busca uno es que lo quieran. Más aún: que lo acepten.
Aprendí a escribir antes de entrar al jardín de infantes. Siempre escribí. Esto me creó diferencias con el resto de mis compañeros de escuela, a los cuales les costó mucho aprender a escribir, no tener faltas de ortografía e identificar claramente cuando a va con hache y es ha y no a. Sentí que no me querían por eso, porque pensaban que yo escribía bien para joderlos.
En el fondo era cierto: yo sentía cierta superioridad real por saber escribir. Y ellos percibían que yo sabía que ellos veían que yo me sentía superior.
Y eso es también parte de ser periodista. Ser algo superior por tener siempre antes la información, y no sólo eso: conocer muy bien la madeja de lo impublicable por no ser comprobable.
De joven me encantaba el empuje de Lanata, Verbisky y los que crecieron alrededor de ellos. Habían resultado producto lógico de cierta prensa novedosa que nació allá por los sesenta, de la mano de Timerman. Se dirigían a un mundo que imaginaban distinto: todos de clase media alta culta. Fue la época en que el boom real lo hacía García con las cinco ediciones diarias de Crónica y las varias semanales de Así.
Dos ejemplos distintos, ambos eficientes pero que parten de postulados divergentes y ambos falsos. Uno piensa en un lector instruido que busca contenidos profundos y muy sesudos. Otro piensa en un lector que tiene una avidez patológica por la noticia. Entonces uno tiende a pensar que debería haber una “tercera posición”. Pero no la hay. La única tercera posición que conozco es la que conocen bien todos los editores: la fenicia. La del marketing que permite vender a lo loco con una tapa con un buen “gancho”, o el de las publicaciones deportivas (ayer El Gráfico, hoy Olé), el de la nostalgia (Clarín y sus 60 años), el de los escándalos (Pronto, Paparazzi o Semana), el material para hojear en la peluquería o salas de espera (Gente, Caras, Hola), el del lector cautivo (Nueva, Nación Revista o Viva).

POBRES RICOS


Para un pobre, un rico es alguien que viene bien envasado: buena casa o departamento, buen auto, buena vida.
Los ricos han tenido la desgracia, desde chicos, de contar con la mejor educación, la mejor medicina, han recorrido el mundo, han decidido que y cómo lo quieren a cada paso.
La idea de que es malo está ayudada por varias fuentes de consulta: la bíblica dice que los ricos “no entrarán al reino de los cielos”, los soap-opera, teleteatros o culebrones aseguran que los ricos son cínicos que dan trabajo a gente pobres para torturarlos. Porque –básicamente- todos los libretistas de televisión se han puesto de acuerdo con una cosa fundamental: no hay nada más malo que un rico: les gusta evadir impuestos para tener más dinero, odia a los pobres, los menesterosos le parecen antiestéticos.
También suelen contar que las chicas pobres son buenas empleadas que son obligadas a ser malas, quedar embarazadas con hijos ilegítimos para luego ser despedidas.
Los pobres piensan que los ricos se portan mal, y que tienen dinero siempre mal habido, ya que nadie puede acumular tanta plata si no es a través del robo, la estafa o quién sabe que horrible corrupción.
Es mentira que los pobres envidien a los ricos: sólo les gustaría tener tanto dinero como el que almacenan ellos.
Para los pobres, los ricos manejan tanto poder que hasta deciden qué y quiénes deben ser ellos: los definen.
Y los pobres se ven a sí mismo muy buenos, pero sin dinero.
Para los pobres, los ricos son una molestia, porque indudablemente son malos. Sus fuentes referenciales son la prensa diaria, su intuición y porque los ricos trabajan generalmente jodiendo a los pobres.
Desde el punto de vista de cualquier rico, un pobre es alguien que viene muy mal manufacturado: viste mal y barato, vive en casas mal mantenidas o decoradas con pésimo gusto, viaja hacinado en transportes colectivos, se va de vacaciones a lugares impensables.
Los pobres han tenido la suerte, desde chicos, de poder haber estudiado un poco porque todavía el estado sostiene algunos colegios, conservan algo de salud porque todavía hay médicos que van a aprender a los hospitales, y conocen de la vida bastante a través de los pensadores que emiten sus opiniones en radio, y los filósofos que, como Tinelli, Suar o Hadad nos alimentan día a día con lo mejor que pueden dar.
Básicamente, es sabido que los pobres joden bastante. Con sus movilizaciones, piquetes, su eterna necesidad de conseguir trabajo, o en su defecto dinero, o en su defecto comida. Les gusta sobrevivir, cueste lo que cueste. Odian a los ricos, los ven soberbios, poco soportables con sus ironías, provocaciones y sus palabrejas en inglés.
La idea de que el pobre es malo está ayudada por varias certezas: los comentarios de Radio Diez, las charlas de los taxistas y cada vez que se corta el tránsito en Buenos Aires.
Los ricos piensan que los pobres se portan mal, y viven alimentando a sus intelectuales para que inventen leyes punitivas que permitan juzgarlos más y por más razones.
Es mentira que los ricos envidien a los pobres porque poseen la convicción de que “el dinero no hace la felicidad” y que la “verdadera felicidad está en las pequeñas cosas de la vida”.
Para los ricos, los pobres son altamente sospechosos.
Y los ricos se ven a sí mismos siempre viajando y consumiendo más.
Producto de tanta asincronía, es difícil saber quién es mejor: si un pobre o un rico.