
Esta es otra rareza de Vitali: cierto aporte historiográfico para investigadores futuros que deseen saber qué cuernos pasó con los teléfonos en la Argentina. Y esa es otra "rareza" más de la Argentina.
En Argentina los teléfonos siempre fueron un tema central, un agujero siniestro, una deuda social.
Todo comenzó a fines del siglo 19, con una compañía de capitales ingleses que se llamaba Unión Telefónica, y que en 1929 pasó a ser Standard Electric, una subsidiaria de la poderosísima ITT norteamericana.
La tecnología de teléfonos era electromecánica, de factura compleja, cara y dificultosa y lenta para extenderse. Tener teléfono durante muchísimo tiempo fue "cosa de ricos". Pero cuando la tecnología tuvo oportunidad de extenderse y alivianarse con aportes de una electrónica de avanzada, a mediados de los sesenta, coincidía con que, en Argentina, se caía en reiteradas crisis.
En 1946 el gobierno peronista decide nacionalizar los servicios en manos extranjeras: telefonía, ferrocarriles, petróleo. Desde entonces y hasta 1990 la telefonía fue monopolizada por Teléfonos del Estado, una sociedad estatal que fue luego denominada Entel, y que duró hasta principio de los noventa.
En 1989 se instala en el país la primera empresa privada dedicada a telefonía desde la nacionalización. Se llamó CRM, Compañía de Radiocomunicaciones Móviles S.A. y obtuvo la autorización para operar la primera red de telefonía celular, comercialmente conocida como MOVICOM. Es decir que esta empresa monopolizó en principio el servicio, dedicado a cubrir el área metropolitana, y con la oportunidad de competir con la telefonía de cable que era sumamente ineficiente y de difícil trámite en el proceso de instalación del servicio (es decir: tener teléfono era casi utópico).
El teléfono celular, por entonces, no era ni de lejos lo que significa hoy (el aparatito que llevamos todos en el bolsillo). Se trataba de unos Motorola tan grandes y pesados que no sólo eran indisimulables sino casi ridículos. Sus baterías tardaban horas en cargarse (en una base enorme, de dificultoso traslado) y que luego se descargaban al fin del día. El teléfono era caro, la tecnología era complicada (sobre todo al principio, donde la trama celular se iba completando de a poco) y el servicio era caro aunque ayudaba una tarifa que, al carecer del "15" hacía que los que llamaban a uno no debieran pagar el "extra" del "aire" consumido. CRM fue un negocio inicialmente a cargo de la familia Macri, que por entonces comenzaba a abandonar algunos otros negocios como el automovilístico (eran dueños de Sevel, fabricantes en Argentina de Fiat y Peugeot, dos marcas que habían huído de aquella Argentina hiperinflacionaria).
Así como un peronista, precisamente llamado Perón, había nacionalizado los teléfonos, fue también un peronista, Menem, quien los volvió a privatizar en 1990, en una de las gestiones más complejas, combatidas y controvertidas que se haya vivido. En principio por la persona que quedó a cargo del operativo, María Julia Alsogaray (con mucho tiempo en prisión, y actualmente procesada en varias causas), quien no sólo es poco querida y siempre cuestionada, sino que se trata de la hija del mayor líder del neoliberalismo y por lo tanto figura paradigmática de la "contra" histórica del propio partido peronista.
Para evitar el mantenimiento de monopolios, las privatizaciones de empresas estatales fue hecha dividiendo en porciones la torta del mercado general. El de telefonía convencional (de cable) quedó en dos grandes porciones territoriales: una al norte y otra al sur de Buenos Aires, con una linea imaginaria que continuaba hacia el oeste el trazado que llevaba en el centro de la ciudad de Buenos Aires la calle Córdoba.
El norte, que tenía como gran candidato a la Bell South, quedó finalmente en manos de un grupo europeo con mayoría italiana y francesa, que se denominó Telecom Argentina Stet-France Telecom S.A. y la zona sur, desde el principio peleada por la Telefónica de España fue adjudicada a Telefónica de Argentina S. A.
Edificios, infraestructuras, tecnología, instalaciones y clientes se repartieron en igual medida. Quedó como legado el transformar un elefante enfermo en una estructura eficiente, moderna y que diera un resultado acorde con las necesidades de servicio que requería el usuario.
Las empresas tuvieron el compromiso de operar exclusivamente las zonas designadas por los primeros diez años, así como no intervenir en competencia con la telefonía celular durante los primeros tres años.
Luego fueron levantando las interdicciones: primero se las dejó a las distintas empresas operar en larga distancia sin discriminaciones, luego la telefonía pública, más tarde toda y la aparición de competidores en servicios de larga distancia, pública o domiciliaria.
Ayudados por el progreso de la electrónica, los microprocesadores y el avance de la permanente miniaturización que bajaba precios y extendía colosalmente las ventajas, este es el comienzo de la historia actual de las comunicaciones o ultracomunicaciones en Argentina.
La telefonía celular, del 89 hasta el 94 fue un servicio exclusivo de Buenos Aires, el medio reiteradamente privilegiado en toda la historia nacional: "los porteños", esos patanes que en Venezuela o Roma miran como los "nuevos ricos" que salen a mostrarle al mundo cuán mejores son. Pero dejaron de serlo en septiembre de 1994, cuando la CTI, Compañía de Teléfonos del Interior, inició, su carrera en telefonía celular de las provincias, una exclusividad que le duraría hasta marzo de 1996.
El unicato porteño de Movicom finalizó con el nacimiento de la primera Movistar S. A. (comercializadora de la línea de comunicaciones Miniphone), que fue integrada en partes iguales por Telecom y Telefónica, y que prestó servicios desde 1993 en el Area Múltiple Buenos Aires y su extensión.
Hasta que finalmente se anuncian los segundos servicios a cargo de CCPI, Compañía de Comunicaciones Personales, de Telecom Argentina (PERSONAL), Y TCP, Telefónica Comunicaciones Personales, de Telefónica de Argentina (UNIFON), cubriendo ambas respectivamente las zonas norte y sur del país, excepto la Capital Federal y el Gran Buenos Aires.
Posteriormente entran en Capital y GBA los servicios de CTI y Nextel quedando así conformado el equipo que ingresa al nuevo milenio, con las mencionadas Personal, Unifon y la antigua Movicom.
Mientras que Movicom mantiene su fisonomía tradicional, todas las restantes optan por operar desde la norma GSM.
QUÉ PASÓ, MIENTRAS TANTO, EN EL RESTO DEL MUNDO.
Una gran compañía norteamericana de telefonía, AT&T, murió en 1982, perseguida por el Congreso norteamericano y la Justicia, que atendió las acusaciones de monopolio (tenía nada menos que un 82% del negocio telefónico local). AT&T debió resignarse a mantener sólo su negocio de comunicaciones a larga distancia, la fabricación de aparatos y un centro de investigaciones. El negocio telefónico debió segmentarse, en 1984, en varias pequeñas empresas regionales, a las que se denominó por entonces como "Baby Bells": Ninex, Bell Atlantic, Bell South, Ameritech, Southwestern Bell, US West y Pacific Telesis.
Las Baby Bells asumirían el servicio telefónico fijo regional, prestarían solamente servicios de directorio telefónico, usarían el nombre Bell y serían copropietarias de los Bell Laboratories, que más tarde se transformaría en Lucent Technologies. También se les concedieron las licencias de telefonía celular.
Para evitar que las Baby Bells conformaran nuevos monopolios se les prohibió indefinidamente proveer servicios de larga distancia, tampoco manufacturarían equipos, aunque podrían venderlos y se les prohibió prestar servicios de información (excepto bajo licencias específicas), aunque decisiones futuras relajarían estas prohibiciones.
Esta es la Bell South que se perfeccionaría en telefonía celular y que les absorbería su participación al Clan Macri.
Movicom pasó a llamarse Movicom Bell South, al tiempo que el Grupo Clarin abandonaba el negocio de CTI.
Bell South reinaba en Latinoamérica, ya que operaba en 11 países. (Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Guatemala, Nicaragua, Panamá, Perú, Uruguay, Venezuela y Colombia) cuando vende todo a Telefónica Móviles, la división celulares de una gran empresa española.
En estos momentos, Telefónica Móviles tiene el 71% de sus clientes en Latinoamérica y, aportación a los ingresos del conglomerado español ha subido hasta el 30,9%.
¿Pero fue siempre así?
Mientras que Argentina tenía su primera telefonía en 1989, a la luz del tandem político Carlos Menem-María Julia Alsogaray (con la bendición y promoción de Bernardo Neustadt, un periodista ultraliberal ex funcionario del segundo gobierno peronista), Telefónica de España había arribado al negocio de celulares a partir de 1994, y concretamente en 1995, el mismo que con la creación de Infovía la lanzaba al nuevo negocio de Internet.
NO LLORES POR NOSOTROS, ARGENTINA
Como resultado de la compra de Movicom, en Argentina, por parte de Telefónica Móviles, Telefónica se encuentra en manos de casi la mitad del mercado de celulares argies, y debe "meter" definitivamente su marca propia. Unifon, que antes había sido Miniphone, aterrizará como Movistar, en medio de una campaña intensa que debía imponer su sello.
Parece que la la telefonía en el mundo siempre adolece de cierta tendencia a la monopolización.
Los argentinos hemos sido siempre muy coloquiales, somos conversadores y amigotes, el uso del teléfono nos es muy útil. Entre la gente mayor surgen constantemente recuerdos de la infancia en la cual el teléfono siempre ha sido un problema: sólo lo tenían los ricos, los que lo usaban para laburar o los que tenían algún tipo de "acomodo" político.
Antes de la privatización, si uno no tenía algún tipo de palanca especial, conocimiento o influencia en la empresa de teléfonos, apenas si podía aspirar al beneficio de la instalación o reparación.
Por todo eso, y más, la privatización del servicio fue emblemática, antecedió a muchas otras y en el fondo no dejó de ser bastante exitosa: tener teléfono dejó de ser una maldición. Hay una canción de Sui Generis -Charlie García y Nito Mestre- de fines de los setenta "Canción para mi muerte" cuya letra invocaba "y si te han puesto teléfono, dame tu numeración". ¡Apenas 30 años después, ha dejado de tener totalmente sentido! Los cantantes apelaban a un condicional: tener teléfono era puro azar, no deseo. Hoy lo anormal es que, en cada casa de los medios urbanos haya más de uno.
PREMONICIONES
¿Cuál es el futuro de la telefonías?
Si entra a Internet, puede seguir paso a paso cómo se va desenvolviendo la tecnología, mostrando cosas que pueden dejarlo con la boca abierta. Yo soy "fan" del blog de Julián Gallo, un periodista y docente que no sólo muestra los avances sino que sabe contarlo y además contextualizarlo.
Es muy probable que en el futuro la telefonía no sea sólo voz de ida y vuelta, sino que tenga toda una serie de servicios integrados: televisión, radio y fotografía, correo, chateo, comandos a distancia de nuestros usos más frecuentes (posibles por la inclusión de internet), y que lo tengamos tan integrado a nuestra vida como hoy es el servicio de agua que nos permite girar una canilla (grifo) para obtener el agua necesitada.
Servicios tan completos en la práctica ya están todos en uso. Sólo falta encontrar cuáles son los necesarios que se amolden a la verdadera necesidad o comodidad de la gente. Cómo serán de fiables, prácticos y posibles.
El paradigma que subsistió hasta fines de los ochenta era el aparato reducido a transmitir la voz por un micrófono y un parlante. ¡Esa era toda una definición de lo que simplemente era un teléfono!
Costó pero ya se logró transformar eso en una cajita de menos de cien gramos de peso dónde no se sabe dónde está el micrófono ni el parlante. Por ahora el paradigma parece ser un aparatito que, colocado a manera de cartuchera de revolver en el cinturón, indica a cualquiera que uno está conectado a una madeja de servicios varios, que arranca en la telefonía, que continúa en internet, en los mensajes, y que puede captar radio y tv, grabar, fotografiar, en fin: un objeto capaz de brindar múltiples servicios.
Hace muy poco tiempo nació en Buenos Aires Movistar, una marca líder en latinoamérica, que no sólo se fagocitó nada menos que a una de las ramas de la poderosa Bell South, sino que sabe que necesita crecer con fuerza para sobrevivir a un futuro que se preanuncia lleno de cambios inimaginables. Telefónica, en España, apenas 15 años atrás no tenía ni idea de lo que era la telefonía celular. Hoy, ya ven, aprecien dónde está.
Bienvenidos.