30.5.05

ÑOQUIS PARA TURISTAS

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Nosotros, los que vivimos en la Argentina, tenemos una variada forma de interpretar esta palabra: "ñoqui", que usted, de venir a visitarnos, puede escuchar tantas veces por día como el impuesto y delicado vocablo "boludo".
Ñoquis quiere decir muchas cosas, todas de corte absolutamente surrealista.
A saber:
1) Se denomina ñoqui a una pasta barata, sencilla, y más bien estúpida, que se ha transformado en un ritual gastronómico en todas las clases sociales.
2) Derivado del ritual, se denomina ñoqui a aquellos que, por no tener calificación laboral se los ha reclutado masivamente en empleos estatales, a cambio de votos.
3) Por asociación con forma y tamaño, a los miembros masculinos diminutos.
Este es nuestro refinado tema del día.
La palabra ñoqui está derivada de la pronunciación del vocablo de origen italiano "gnocchi"
Ñoqui es una pasta muy sencilla, hecha con verduras o quesos livianos procesados (molidos, pisados, bien deshechos), huevo, harina y agua que, una vez mezcladas se amasan y se cortan en pequeños trocitos y luego se pasan por agua hirviendo con sal hasta que suben a la olla. ¡Y esta es toda la receta, luego se sacan y se mezclan con salsas de todo tipo!
En Argentina (vaya a saber por qué, como tantos por qué sin respuesta que vuelan por nuestro país) se hacen solamente con puré de papas.
Un día de esos, se comenzó un ritual que fue creciendo: comer ñoquis los días 29, y colocar un billete debajo del plato como forma de "convocar" una mayor fortuna deseada. Y todos se plegaron a la mencionada huevada.
Por qué se comen ñoquis (gnocchi) los 29 de cada mes? La tradición de servir ñoquis los días 29 nace de una leyenda que se remonta al siglo VIII. Vivía entonces en Nicosia (Asia Mayor) un joven médico llamado Pantaleón, quien, tras convertirse al cristianismo, peregrinó por el norte de Italia. Allí practicó milagrosas curaciones por las que fue canonizado. Cierta ocasión en que pidió pan a unos campesinos vénetos, éstos lo invitaron a compartir su pobre mesa. Agradecido, les anunció un año de pesca y cosechas excelentes. La profecía se cumplió y otros muchos milagros. San Pantaleón fue consagrado -a la par de San Marcos- patrono de Venecia. Aquel episodio ocurrió un 29, por tal razón se recuerda ese día con una comida sencilla representada por los ñoquis. El ritual que lo acompaña de poner dinero bajo el plato simboliza el deseo de nuevas dádivas ( http://www.enlacesuruguayos.com/Gnocci.htm ).
Esto, que comenzó como un sencillo ritual de buenos deseos, ni imaginen donde terminó hoy. Las "casas de pastas" son, en la Argentina, un lugar muy extendido en todo el territorio. Se fabrican fideos imaginados "frescos" y al mejor estilo italiano. Los días 29 las "colas" comienzan desde temprano porque ya, casi nadie, tiene idea cómo se fabrican las pastas porque o no tienen ganas o no saben o no pueden. La tradición cundió hasta en los barrios con gente más millonario y hasta sin tradición inmigrante italiana. Hoy los ñoquis (como antes lo fue la no menos elemental "pizza") han sido invadidos por la fiebre del marketing que permiten desarrollar exquisiteses bajo la forma de ñoquis y compuestos por champiñones, salmón, langostinos o rúcula.
A medida que pasa el tiempo, uno siente que si no come ñoquis un día 29 es "outsider" o subversivo...
Así que si al venir a una ArgieTown de visita lo invitan con ñoquis, y es 29, no lo rechace. No va a comer un gran plato, seguro (es más bien un emplaste) pero va a sentirse presa de una pretendida magia que va a olvidar en cuanto se vaya del país.
SEGUNDA ACEPCIÓN DE ÑOQUI:
Compartimos con el resto de Latinoamérica la anciana costumbre de "ganar votos" en política, cambiándola por favores concretos. Desde comprar la identidad por medio del documento, hasta prometer mejoras que nunca podrían ser dadas. Una de ellas es asegurar el conseguir trabajo. Una ambición que, para los iletrados, descalificados y outsiders es como casi desmedida. Los políticos asignan una partida para nuevos trabajos, las distribuyen entre los votantes y luego, cuando asumen el gobierno deben cumplir con lo prometido para no ser mal votados la próxima vez. En este derrotero, cientos de miles de nuevos trabajadores ingresan de pronto en un lugar en el cual no tienen lugar ni siquiera para permanecer de pie. ¿La solución? Invitarlos a "trabajar" desde su casa, y volver el día de pago, ¡es decir el 29!
La picardía popular no tardó en asociar a esta masa compacta de "empleados" con la otra "masa", la de los ñoquis, que aparece sistemáticamente todos los 29
TERCERA ACEPCIÓN:
Hay una vieja y universal tradición que jura que los hombres son más codiciados por las mujeres cuanto más grande es su miembro sexual. Mientras que el dinero se logra con tesón, trabajo, ambición o delito, la fama con talento o tenacidad y el prestigio con honestidad y decencia, ¡el tamaño del pene suele ser el mismo que trajimos con nuestra genética y no hay manera de transformarlo! O había. ¿Quién no ha recibido hasta ahora un spam que asegura mil y una maneras de mejora el aspecto del ñoqui que tenemos por azar pegado?
Y esa es la tercera acepción.
Así como un insulto paralizante puede ser el atribuir a la madre del insultado artes prostitutivas, el echarle en cara el escaso tamaño del mismo puede ser un insulto "paralizante".
¿Será por eso que en Buenos Aires pusimos un obelisco alto, erguido y sobre todo GRANDE como forma de desmentir nuestra inveterada tendencia a tener miembros comunes?
¿Habrá una cuarta acepción?

26.5.05

PARADIGMAS

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Llevate un saquito que parece que va a bajar la temperatura.
¡Cómo no se iba a resfriar con la corriente que había!

Parece que todo el mundo sabía lo que nos iba a pasar. Hay una seguidilla de datos que, simplemente con haberlos cumplido, las desgracias que nos pasaron no hubieran sucedido.
¿Pero cómo se te ocurrió sentar 13 a la mesa? ¿No sabés que es desgracia? (Me gustaría saber que opinan los que no se sientan a la mesa por no tener nada que poner arriba).
Nosotros, los que nos tocó vivir en la clase media, hemos tenido que escuchar tantas estupideces desde que nacemos, que llega un día que nos queremos morir.
En los programas de radio se reciben llamados del público (la supuesta y mitológica opinión pública) que tiene la gentileza de opinar sobre cualquier huevada que esté saliendo al aire.
¡Ni se imaginen las monstruosidades que hay que oir!
Los rockeros son todos drogadictos. Los jóvenes son mal educados, los viejos son idiotas. Las mujeres son histéricas, los hombres son rígidos. Las suegras son brujas, los políticos ladrones, la policía coimera como los jueces.
Un poeta francés, Georges Brassens, decía:
"Cuando son nuevos y salen del huevo, del capullo
todos los pichoncitos creen que los viejitos son boludos
Cuando al crecer comienzan a encanecer, ya caducos
todos los jovatos creen que los pibes son boludos

Yo, que oscilo entre las dos edades
a todos les canto las verdades

El tiempo no tiene nada que ver
Cuando se es boludo
se es boludo
Sea rector o bachiller
Si se es boludo
se es boludo
Y basta ya de discusiones
Jubilados boludos
Debutantes
Hay boluditos de la nueva promoción
viejos boludos de antes


Ustedes boludos recientes boludos
inocentes, jóvenes boludos
no, no me lo nieguen que a sus padres tienen por boludos
Y ustedes boludos usados boludos
gastados, viejos boludos
vamos, vamos, confiesen que a sus hijos tienen por boludos

Escuchen este imparcial mensaje
de los que oscilamos entre las dos edades

El tiempo no tiene nada que ver
Cuando se es boludo
se es boludo
Sea rector o bachiller
Si se es boludo
se es boludo
Y basta ya de discusiones
Jubilados boludos
Debutantes
Hay boluditos de la nueva promoción
viejos boludos de antes
Nuevos, viejos, grandes, chicos
¡Boludos del mundo uníos! "

http://www.geocities.com/lanachaguevara/anastasia.html

Esta osada versión en español es de la Nacha Guevara de la década del 60 (por entonces actuaba vestida, en el mítico Instituto Di Tella, un lugar creado por los luego ministros de Cultura y Relaciones Exteriores, y por entonces sólo millonarios, mecenas e industriales).
Parecido, pero sin la profundidad de su provocación, es el pensamiento obtuso de los boludos de la clase media, que cuando tienen el volante en la mano creen que los que cruzan por la senda peatonal debieran apurarse, y que al cruzar ellos como peatones opinan que los conductores son unos hijos de puta.
¡Y ambos tienen razón!
Si pensás que la clase media es una patología, acertaste.

21.5.05

SÍGANME LOS BUENOS

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(En tiempos felizmente perimidos, un equipo de higienización daba por finalizadas abruptamente las cuestiones inapropiadas.)

Como ustedes saben, las técnicas del management moderno invadieron todos los ámbitos, y hoy el marketing se usa hasta para manejar el desarrollo de un noviazgo.
Un tiempo atrás alcancé a ver por televisión el comercial de una religión muy difundida en Buenos Aires (y en ascenso) que utiliza todas las estrategias publicitarias que hacen que nada la diferencien con el estilo de "posicionamiento" de un yogur, un cosmético o una golosina.
A diferencia de casi todas las otras religiones, ésta enfoca a un target totalmente abandonado y en manos de "otros": aquellos que creen firmemente estar "engualichados", embrujados o que "sufren un daño producido adrede por un tercero que desea hacerles mal".
La estructura del guión del comercial referido se basaba en una idea así: "yo era bueno, y por eso todo me fue siempre muy bien, cosa que provocaba la envidia de los malos; alguno de los cuales en algún momento me hizo un daño ¡y ahora todo me va mal! ¿quién podrá ayudarme?
Esta estructura encierra la lógica de un esquema mental que es la base del trabajo que engalana los consultorios de cientos de miles de brujos, hechiceros, curanderos, magos y otras actividades afines.
En el comercial aludido se muestra a un pobre hombre al cual le "birlan" un ascenso en su trabajo. Herido en su orgullo, concurre a un brujo que logra revertir la situación, jodiendo al otro y permitiendo que él ahora sí ascienda, en el comienzo de lo que pareciera ser una "cadena de jodidos" por hechizos al mejor estilo de las películas idiotas de Walt Disney.
Claro que el centro de esta cuestión no está ni en los brujos ni en las religiones. Sino, muy por el contrario en el concepto de bondad-maldad afín al target. La dupla de sentimientos tiene su propia dialéctica, el cultivo de sus intencionalidades intrínsecas.
¿Es que existe tal juego primitivo entre buenos y malos?
La figura tradicional en todas las religiones, trasladada a la moral y a la justicia, nace de dos paradigmas muy fuertes: Dios/dioses versus demonio/demonios. Y permanentemente intentan hacernos interpretar que hacia esos dos poderosos faros pareciera dirigirse, en todas las acciones, las débiles voluntades humanas.
Me pregunto ¿cuándo se es bueno, o más bueno, o definitivamente bueno? ¿Qué está bien? O al menos: ¿qué es el bien?
Yo, escribiendo esto ¿hago el bien? O todo esto que digo, pienso, recapacito, está mal: es decir, debería dejarlos de lado y pensar otras cosas.
¿Desde dónde debe analizarse la restricción o el permiso de escribir o pensar?
Tal vez las respuestas sean las que surjan de la religión aludida. En un gran cartel en el frente (de unos quince metros de alto) aconseja "pare de sufrir". Desde esa clave, un algo más freudiana que cristiana, creo que logran sintetizar sus pensamientos y cerrar claramente los argumentos de venta: el mal está en el sufrimiento, y el bien es "no sufrir". Con lo cual todo se reduce al pragmatismo de basarse en lo más tangible como forma de aceptación para abrazar un ritual.
Bueno, malo y sufrimiento. Sabemos que durante la Santa Inquisición mucha gente fue higiénicamente eliminada a partir de la definición impartida por un grupo de iluminados que simplemente debía dar su opinión. Y que, casualmente, coincidía con la que convenía al poder.
Pero no nos engañemos: cualquiera sabe de sobra qué es el sufrimiento, difícil encontrar a alguien que de una u otra manera no lo haya padecido. Que, cuando sobreviene, es muy difícil determinar cómo hacer que termine. Si es dolor físico tenemos desde la aspirina hasta los analgésicos más poderosos. Claro que cuando el dolor radica en la sensación desagradable que provoca la ausencia de un ser querido (por muerte física o –como es mi propio caso- por haber huido con otro), por logros perdidos o deseados y nunca obtenidos, ¿qué se puede hacer? ¿Cómo transformar en algo más liviano tanta ansiedad o locura? Tal vez con aportes como la psicología o la psiquiatría, o la práctica intensiva de deportes, o el sexo desenfrenado, el alcohol o las prácticas religiosas.
Los intelectuales, los refinados o los advertidos se volcarán a las soluciones más elaboradas, los ricos a las más caras, los románticos a los que los hagan sufrir un rato más hasta convencerse (y mientras escribirán un nuevo bolero o tango), pero al resto de los mortales les quedará tan sólo volcar sus confidencias a un amigo o caer en el cura, el curandero o el pastor de alguna creencia new age.
Porque un día uno cierra su puerta y se da cuenta que está solo. Y fantasea en esos pocos segundos que –tal vez- eso sea nada más que el comienzo de "cien años de soledad". Al dolor original se suma esa angustia existencial dura, pesada, siniestra. Y sólo se puede buscar una forma de mitigar la sensación. Y desde el marketing le dicen a uno "vení aquí". En esas condiciones: ¿uno debe ir?
¿Cómo poder determinar –lo más lucidamente posible- a dónde dirigirse con certeza?
¿Cómo poder determinar si al fin y al cabo este estado penoso no es la mejor manera que ha tenido uno de ser y estar en donde debía?
(Para los que no entienden mucho de dónde surgen mis negrísimas reflexiones, los invito cálidamente a enterarse de mis últimas andadas en LA FAMILIA DE VITALI.)
Nos vemos.

13.5.05

GENTE AL PEDO

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Una tarjeta de crédito cultivó en sus inicios bastante buen prestigio a partir de entregarse exclusivamente a quienes tenían mucha plata, y así creció su renombre. Pero con el tiempo fue necesariamente distribuyéndose entre “otro tipo de gente” digamos más grasa. Sus apelaciones publicitarias, sin embargo, trataron de sostener tal distinción presuponiendo que todos aquellos que “la tienen” lo harían como un “privilegio”. Es decir trata de obtener afiliados a partir de hacerles presuponer cierta “exclusividad”, una identidad que los haga “sentir mejor”, como perteneciendo a un círculo de “pocos”.
En “The Status Seekers”, Vance Packard puso por primera vez en evidencia los recursos desarrollados por lo que el definía como “sociedad de consumo” para lograr que los habitantes dejaran de ser sólo habitantes pasivos y pasaran a ser activos consumidores de todo lo que se les pusiera por delante. Que cuanto menos tangible fuera la oferta, más mostrara las bondades del artífice de tan buen marketing.
La publicidad de post-segunda guerra mundial se dirigió más que a poder vender, a crear consumidores.
Y entre las exquisiteces que se debieron crear fueron los entornos para el consumo. Fundaciones para promover el uso de productos, clubes de spa para vender agua mineral o de backgammon para dar imagen de clase alta a una marca de cigarrillos. La tarjeta del título recibe a sus “asociados” con un salón VIP en los aeropuertos, una revista alquila las instalaciones de una isla en Brasil para reportear a los tops.
Pero lo importante de todas estas intangibilidades difíciles de medir, es que forman parte de una “cultura” digitada y manipulada por equipos de profesionales que “diseñan y trabajan” las imágenes de determinados productos o servicios.
¿De dónde parte todo esto? ¿Qué necesidades reales o no están cubriendo?
Nace y encuentra su caldo de cultivo en la clase media, una clase que por definición está lanzada “a sobrevivir”. Sus componentes saben que han abandonado la miseria (ellos o sus antecesores o los antecesores de los antecesores) pero no están tan seguros de que puedan volver a caer. Saben que una manera de sostenerse férreamente es a través de la cultura, más que el dinero. Y es por eso que han hecho de la cultura un mito, y pelearán por eso.
¿Qué es lo que “se usa”, es “fashion”, se debe hacer, es “in”, “with it”, “a la page”? ¿Tal vez comer sushi, colgarse peercings, vivir en un country o aplicar todos los códigos de vida vigentes para no “quemarse”?
Todo eso. Representa un esfuerzo para adherir a un complejo código de cuestiones que, como las películas de divx cambian de codec para que se mantengan en un círculo cada vez más cerrado.
De eso se trata, precisamente: que parezca “que somos pocos”, que es más exclusivo.
Como ya saben, soy un fanático incondicional de Hernán Casciari, y sobre todo de su orsai, el más inspirado de los rincones de internet. Hace unos días contaba con ese gracejo tan barcelonés que lo caracteriza lo problemático de la ceremonia a que lo obligan cada vez que pide vino en un restaurant.
Para los que nunca han ido a un restaurant fino, les recuerdo como es tal ceremonia: un señor (en los negocios más exclusivos es siempre un “sommelier”, un mozo que está exclusivamente para asistir al asistente en la elección y servicio del vino) trae la botella y la abre en la mesa, al que solicitó le sirve un poco y lo invita a probar. El “probador” le debe dar su ok (o no), demostrando o bien que sabe sobre el estado del vino, o fingiendo saber, o ignorando para qué lo hace. Parece que lo importante es pasar con éxito tal ceremonia.
¡Una huevada que siempre me pregunté para qué sirve! Y se los contesto: para satisfacer las necesidades egocéntricas y retorcidas de las clases excesivamente culturalizadas. Si la escena la trasladan a los restaurantes comunes, que sirven más para saciar el hambre que para vivir escarpadas ceremonias ritualistas de comida, van a encontrar que todo esto no existe. En los restaurants con target de clase media baja para abajo cuando uno pide vino, sencillamente le dejan la botella abierta. ¡Y andá a cantarle a Gardel!
¿Vieron qué sencillo?
Intervine en el blog de Casciari agregando algunas cosas más que me molestan, que se podrían evitar y que parecen estar sólo para conformar a personajes de la clase media que desean sentirte distintos y segregarse de los rebaños.
Otro participante me contestó que precisamente “eso que yo detesto es la civilización”. Lo sospeché desde un principio. Todo el oropel del ceremonial que impone “ser, sentirse y determinarse” como civilizado me es bastante incómodo. No tanto como el que se le imponía a los nobles de otras épocas, que para sentirse y que notaran que era “distinto” o “superior” debían vestirse con largas capas, pelucas y hasta maquillarse.
Yo supongo que el fenómeno de la nobleza en épocas pretéritas en cierta forma subsiste. A este tipo de gente les interesaba a) justificar su existencia, b) justificar sus posesiones y riquezas y c) diferenciarse del resto de la gente. De ahí todo el oropel y ceremonial que vivía inventando y cultivando. Y todo aquel que quisiera intentar alguna manera de mezclarse con tal gente no lo podría hacer tan fácil. Las “reglas de la sociedad”, de urbanismo, la cortesía o ceremonial suelen ser de una complejidad tal que sin una práctica bastante intensa casi no se puede lanzar uno a convivir con semejante gente.
Lo que nadie puede negar es que esas cosas están ahí. Que cuando vas a una recepción con ínfulas de “clase alta” te ponen tanta cosa sobre la mesa que pensás que más que a comer vas a tener que trabajar. Que vas a tener que seguir tantos códigos como cuando manejás: qué cubiertos, qué copas, qué antes qué después, qué al final, por dónde te sirven y hasta de qué vas a tener que hablar.
Todo, obviamente, al pedo.
Cada uno de nosotros debe tener su propio listado de cosas instituidas al soberano pedo. Que no sabe cómo corregir, o que se pregunta a quién sirven, para qué deben hacerse.
Los invito a meditar sobre el tema, no es necesario que estén muy de acuerdo conmigo.

12.5.05

LA VIRTUALIDAD ¿ES TAN TOTALMENTE VIRTUAL?

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¿Existirá el Premio Nobel al Weblog? Si me lo gano, prometo solemnemente cumplir con cada uno de los requisitos de la vestimenta aunque me parezca ridícula y obsoleta. ¿Qué de cuánto es el premio en Euros? ¿Qué más quieren que prometa?


Resulta que, desde que estoy inscripto en el Nedstat, ahora poseo una identificación muy clara de quién me está leyendo, desde dónde y por qué.
Cuando escribía para lectores comunes, de esos que tienen que comprar impresos ad-hoc, casi nunca podía llegar a conocer siquiera de quién se trataba. En una publicación me habían leído –por lo menos- cerca de 60.000. Y sólo por azar un día me encontré con un lector, al que le había encantado lo que yo había pergeñado. Ese encuentro con la otra parte del escritor, sin embargo, había sido mucho menos mágico de lo que suponía.
Es que yo mismo recuerdo el día en que me encontré cara a cara con uno de mis escritores favoritos. Nunca hubiera escrito como él, yo sabía que mi talento no daba ni para encerar el piso que él pisara. Ese día no se me ocurrió preguntarle nada, ni siquiera interrogarlo sobre si estaba cómodo, o bien atendido.
Pero ahora con el Nedstat se como es cada quien, como llega a mí, dónde vive. Lo que no se es si cayó a mi por casualidad o qué, o si aún así mi verba inflamada le sirvió para detenerse un rato y pensar que soy profundo, o buen hilador de frases…
Ahora que lo pienso, creo que los resultados son más bien decepcionantes. Alguna gente ingresó a mi blog porque circulaba tras "el tsunami y las mascotas" ¿qué tal? Pero si yo apenas si hablé del tsunami, aunque varias veces me preocupé por el raye de la gente y sus benditas mascotas cagonas…
Hubo algunas personas que investigaron cómo poder hacer un casting para Hollywood, y lo que yo hablé del casting que hice para la publicidad de Peugeot (aquí en Buenos Aires, para un aviso pedorro y no para ninguna producción millonaria) esto se terminó trenzando quien sabe con qué!!!!
Lo más lindo que me ha pasado es que el Yahoo me haya seleccionado por la particular mezcla de términos. La persona que pidió "oraciones para aniversarios de bodas" fue enviada a un post mío que rememoraba –nada menos que- la neurosis woodyalleniana para referirse al mambo actual de los porteños.
Y a uno que buscaba sobre tala de arboles lo enviaron a una nota sobre el peluquero Giordano.
Ahora puedo explicar –ya más- qué es la virtualidad: meterse en buscadores que lo llevan a donde uno no quería ir.
Imaginate: te subís al buscador y ponés, por ejemplo: fotos de ríos, e inevitablemente terminás en un carnaval carioca.
¡Pero si antes no tenías ni eso! me podrán decir con justicia.
Pero para un escritor que pretende –como yo- el Nobel, el Planeta o el Formentor no es muy orgulloso que alguien que escribió en el google "muchachos en sunga" sea desviado a su página porque simplemente escribió la palabra "sunga" en su post. (Para los que no entienden un soto, sunga es el adminículo con forma de ropa con que ciertos hombres ocultan su sexo). (Y pensar que la sola mención de la palabra sexo me va a traer unos cuantos incursionadores más).
Lo que más me divierte ahora es imaginar la heterodoxia de mi público. He alcanzado un promedio de 70 incursionadores diarios, según Site Meter. ¿Cuál es mi mejor fantasía? Setenta equivocados. Todos buscaban ver mujeres en bolas, fotos pornos, rarezas depresivas, hechos anormales, lujuria hexoclorofénica. ¿Y a cambio qué? Boludeces kilométricas sobre observaciones de la realidad de un tarado que quiere ser un día best seller a partir de estas pavadas.
Mi mamá quería que creciera para que fuera contador y la ayudara a pagar menos impuestos, que en el fondo es aquello para lo cual los padres quieren que sus hijos sean contadores. En cambio ¿qué resulté? Escritor gratuito en un lugar en el que nadie me lee pero todos "pasan" seducidos por las promesas de buscadores que le prometen la fugacidad de un rato de placer.
¿Saben lo que dice el Site Meter sobre CUÁNTO TIEMPO PERMANECIO CADA LECTOR EN ESTE LUGAR? TREINTA Y OCHO SEGUNDOS. ¿Saben a qué conclusión llego con estos datos? Que en treinta y ocho segundos le da a un internauta tiempo para pensar ¿eh? ¿qué es esto? ¡esto no es lo que yo buscaba! yo busco desnudos, masoquismo, gores, ¿será que si sigo adelante viene lo mejor? ¡eh! ¡mierda! ¡esto no es lo que yo buscaba! ¡back! (si lo cronometrizan sobre el diálogo con las pausas, verán que esto ES ASÍ). Con lo cual mi esperanza del best seller, el nobel, el Cervantes, el formentor, etc. desaparece como por arte de magia.
Así que, muchachos: a soñar menos. Esto del weblog y las "nuevas formas de comunicación" es puro verso.
Tal como decía mamá "yo siempre dije que no debías abandonar la universidad (y ya que salís ponete un saquito que va a refrescar y después me volvés loca con el dolor de garganta).

8.5.05

ATRAPADOS SIN SALIDAS

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Hemos iniciado un debate interesantísimo. Más que nada porque se desenvuelve día a día. Es el debate frente al impulso de las nuevas tecnologías. La certeza de que el que se queda se queda y el que avanza no gana tanto sino que simplemente no queda tan relegado.
Las nuevas tecnologías han avanzado tanto que están ya presentes en todos los órdenes de la vida y que el que no se engancha pierde.
El VCR (Video Casette Recorder), ese sistema anticuado que graba y reproduce programas de televisión y películas viene como novedad popular desde fines de los setenta, cuando los argentinos seducidos por la "plata dulce" corrían a comprarlo a Miami junto con los televisores color. Un sistema de 30 años de antigüedad que, por su complejidad, mucha gente no llegó a manejar correctamente NUNCA. A muchos les costó captar la idea de señal escindida en simultaneidad con el televisor, o la idea de temporalidad conducida, la necesidad de virtualizar procesos y conducirlos en planeamiento previsto. ¡Todo un problema! ¿Cómo entender el DVD, popularizado por su abaratamiento, ya que el sistema está muriendo en todo el mundo y tienen que agotar las enormes existencias en stock de las cientos de fábricas en todo el mundo? Hoy ya lo supera el TIVO, un servicio ya impuesto en Estados Unidos con la trampa de ofrecerse no como "electrodoméstico" final al estilo del DVD, sino como el servicio telefónico en donde el electrodoméstico es sólo una mera parte del servicio que debe contratar para siempre. ¿La ventaja? Grabar los programas en disco rígido sin publicidad, y poder verlo luego en su televisor, home theater, monitor o mientras viaja en su notebook o grabador de auto.
Ya hoy en muchos países desarrollados se está planteando seriamente cómo reciclar los miles de millones de celulares deshechados por la gente que cambia de generación ante el impacto de un producto que es virtualmente regalado por los proveedores de señal, desesperados por hacer dinero antes que lleguen las novedades que tal vez logren barrerlos definitivamente del mercado.
¿Qué es lo próximo que se viene? Lo terrible es que nadie sabe de dónde se viene.
En Estados Unidos se desarrolló la idea espantosa de las "killers applications", esos inventos malignos que cuando aparecen destruyen sin remedio a la aplicación que reemplazan.
Mire el fenómeno de los teléfonos. Desde su invención, el teléfono fue eso que Graham Bell pensaba: un decodificador tranquilo que reproducía en algo la voz del que hablaba desde el otro extremo. ¿Alguien sabe qué es hoy un teléfono? Y algo peor: ¿alguien sabe qué cosa va a ser un teléfono dentro de cinco años?
Como sin querer, todos los urbanos de clase media de occidente llevamos alguna cosita encima que significa comunicación: un teléfono celular o algún adminículo.
Ah. Usted no tiene celular y cree estar libre.
¿Sabe si alguna de las cosas que lleva encima no porta ALGUNA SEÑAL que permita identificarlo? La tarjeta que le dieron en su trabajo, toda su ropa, las tarjetas de crédito o débito, la tarjeta de delivery de algún servicio que usa, suelen tener chips que delatan quién es, que compra, dónde está, qué está usando o dejando de usar.
Hasta hace poco tiempo atrás mucha tecnología todavía estaba algunas generaciones atrasada, y en Argentina un poco más luego de la última gran crisis. Por ejemplo: los ascensores durante mucho tiempo fueron electromecánicos. Y la electromecánica durante gran parte del siglo 20 era la reina de los "automatismos" bajo la tecnología de los "relays", que "robotizaban" de alguna manera la realidad. Era esa "magia" que nos permitía apretar un botón que decía por ejemplo "cinco" y permitía saltar secuencias, ir al piso quinto o comunicarse con la oficina cinco... La electrónica hizo que tanta magia desapareciera, instalando una lógica que se inició allá por los sesenta cuando la gente dejó de usar enormes aparatos de radio enchufadas a la corriente para llevar un audífono en la oreja y su Spika en el bolsillo.
Entendemos la tecnología. Ahora ¿cómo llamar al recurso que permite al señor que maneja llevar a sus hijos entretenidos en el auto mientras ven una vez más (la N° 95) una versión en DVD de Los Increíbles? Un recurso parecido a las viejas películas, pero totalmente obtenida de la manipulación de programas en computadores.
Entre paréntesis: ¿ya recibiste por email ese cortometraje del guitarrista sin manos? ¡Ni te imagines lo que se viene en materia de ofertas al abrir dulcemente el correo!
Nos toca vivir una era muy curiosa, rodeados de tecnología cada vez más sorprendente. A los que el tema les interesa realmente, aprovecho para invitarlos a conocer todas estas novedades en un lugar encantador: "Mirá!". NO SE LO PIERDAN.

3.5.05

¿ELLA TE VE?

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Para mis lectores de Japón o Francia (que ahora se que los tengo) les adelanto que hoy traje un texto muy a la argentina, del cual entenderán poco.
Escenario uno: foro de periodistas, en internet. Detestan la televisión y asumen una posición intelectual acerca de lo incorrecto del comportamiento del medio. Piensan que la tv es incorregible, que no tiene solución y promueven un espíritu que se resume en “yo no veo televisión, recomiendo que usted también haga lo mismo”.
Escenario dos: la gente corre a sus hogares para llegar a tiempo y ver “Los Roldán” o “Susana Giménez” o “Showmatch”, tres programas de buen rating de Argentina.
Si caminás por cualquier barrio de casas bajas entre las ocho y once de la noche (el famoso “prime time” de los americanos, la hora de la cena de los argentinos) en cualquier lugar del país, aparte de husmear los riquísimos aromas que cocinan vas a percibir a través de las ventanas que se filtra el sonido de televisores “clavados” en esos programas.
¿Qué contienen?
Los Roldán es la historia de dos familias particularmente vinculadas: una muy básica y con tics heredados de la inmigración, otra tan refinada que la mujer suele hablar en francés (con títulos en español). ¿El tema central? El romance del señor casado de una familia que se enamora del hijo travesti de la otra, y que -para colmo- en todo momento supone que es una mujer.
Susana Giménez es un programa onda “magazine”, cuyo centro son invitados de toda laya: bien puede ser un ballet europeo de gira por el país, un hombre que come vidrio, el nuevo campeón olímpico de voley o un grupo de nenes que canta, aunque el verdadero “movil” son los llamados a y de la conductora, que enloquece a sus interlocutores con sus cánticos de amor.
Showmatch es la consagración oficial de la “cargada” a la argentina. Eso que hiciste gratis en el secundario evitando las amonestaciones, lo reinventó un tal Tinelli y gracias a esa exposición pública de naderías ahora es millonario.
Estos tres programas resumen la quintaesencia de la televisión argentina, y contienen latente todo lo que es fue y será: desde los casamientos de Galán, hasta los shows con peleas y golpes de Mauro Viale, las repeticiones de muertos en el estudio de Romay, los cartelitos rojos de Crónica TV, y la contratación como actores o actrices de cualquiera que obtenga fama, por el solo hecho de haber sido pescado como cómplice de un supuesto delito, actuado en un reality show o haber sido pareja abandonada del ganador de un premio sustancioso.
La televisión en sus primeros tiempos heredó todo lo que venía del cine, el teatro y la radio: el engolamiento, la formalidad, el cuidado de las formas, el manejo de lenguajes distintos a los de la gente. En ese sentido, siempre ha sido un monólogo emitido desde un centro de mensajes.
Esto estaba -encima- promovido por un poder incuestionable, regido por principios autoritarios militares, eclesiásticos y del establishment político. Por esas cuestiones de suerte, a partir del 83 algo se ha ido aflojando. Todos los medios han tratado de ajustar su lenguaje para parecerse bastante al que habla la gente. Y la televisión ha agregado algo de interactividad, conexiones telefónicas, móviles “en el lugar del hecho”, mayor participación de la gente común, reportajes abiertos en directo y sin edición, “en crudo”.
La desesperación de poseer una televisión que sea el medio capaz de poner en el living de la casa la realidad más parecida a la que hay en la calle misma, se encarna en un personaje al que, curiosamente, lo han mantenido preso hasta hace pocos dias: Héctor Ricardo García. Le dio forma a lo que fue Teleonce por los setenta “un canal de noticias” y Teledos en los ochenta, antecedentes pálidos sin embargo de Crónica TV, un sucedáneo algo más sofisticado de su diario Crónica y su radio Colonia: un nervioso suceder de noticias impactantes. El momento bisagra de la información se dio en aquella movilera que, blandiendo su micrófono como si fuera un frasco de antiséptico, se acercó a un herido del tránsito para preguntarle qué sentía.
¿Esto hace prever cómo será la tv futura? Por cierto que sí. Imagino una televisión por supuesto 100% interactiva. Con cientos de propuestas que no esperen al rating, que compartan lo que pasa con cada uno de los televidentes. Que consagren a la fama a cualquiera por cualquier causa, esté de un lado u otro de la cámara. Como profetizaba Andy Warhol, cada uno con su posible cuota de fama a cuestas.
Y por si no se nota: adhiero a la televisión, sea cual sea su contenido, su mensaje implícito o explícito, su ideología o su forma de dominarme, o preguntarme el gusto que tiene la sal.