QUE FANTASTICAS ESTAS FIESTAS
En un shopping (mall) porteño, apareció desde hace unos días un slogan que dice algo así como "qué bonita es la navidad", dándole una connotación que compara tal fiesta tradicional con las cosas capaces de evaluarse como gratas o placenteras. Pero la navidad tiene cientos de connotaciones, según cultura, clase social, tipo de religión y hasta nivel de vida de la gente.
En principio se trata de una fiesta religiosa. Las religiones no se caracterizan por tener festejos del todo gratos. La semana santa es un ritual espantoso, que recuerda muerte, torturas y sufrimientos varios, que obliga a penosos ayunos, restricciones de tipo de comida y oraciones y/o hasta sufrimientos más terribles a sus fieles. El ritual de recordar a distintos santos diariamente recuerda sus penosas vidas, y la misa es "nada más y nada menos- que la evocación diaria de sacrificios vividos por alguien algún día. Esto por hablar del cristianismo, y no meternos por nuestra absoluta ignorancia con las otras. Pero, en este caso, la navidad pareciera rememorar la alegría de un nacimiento. Pero de un nacimiento particular: el de alguien destinado a -y evocado por- su martirio. Así que, lechón o pavo más o menos, la fiesta es parecidísima o igual a la de festejar la muerte en Semana Santa: se celebra una muerte con la muerte de cientos de pavos, cerdos, vacas, pollos, y demás. Recuerdo haber visto de chico una "estampita" (nombre que por aquí le dan a las imágenes religiosas estampadas en unas pequeñas laminitas) en la que se celebrara el "cristo niño" con un bebé crucificado, con sus padres rezando a los costados. Una imagen que parece resumir el horror de una liturgia que bebe sangre vampírica para sus eternas ceremonias.
Los publicitarios suelen ser humanos bastante inteligentes: nunca coadyuvarían a la creación de una cultura nueva: explotan más bien cierta latencia que permite que la gente se identifique con lo que hacen. Por eso la frase de qué bonita la navidad pareciera coleccionar todos los lugares comunes del ciudadano medio. Es que los promotores de la religión, tan astutos como en toda la historia, han diseñado a "las fiestas" para operar, básicamente, sobre los niños. Son los grandes agasajados de la nochebuena y los regalos de navidad, Papá Noel, el Niño Jesús, San NIcolás o Santa Claus, los alimentados en navidad con todo tipo de confituras exquisitas, que se prolongan una semana hasta la llegada del año nuevo y "por sobre todo- la llegada de los Reyes Magos, a los cuales se los personaliza con comida para sus camellos.
Todas esas dos excitantes semanas se graban a fuego sobre las conciencias de los niños que, por definición capitalista, son totalmente pobres y no pueden por sí solos satisfacer sus gustos en cuanto a juguetes, golosinas y otros caprichos del mundo infantil. Pregunten y pregúntense qué imágenes "bonitas" les han quedado de la niñez referidas a los 14 mágicos días que van de la nochebuena hasta reyes... Son los que van a tratar de repetir con sus hijos y estos con sus nietos. ¡La fórmula funciona a través de una y otra generación! Lo que cambia es el contenido: ayer se regalaban muñecas y pelotas, hoy dvd"s de animaciones y playstations, ipods y palms... Chicos pobres que obtienen lo que han soñado durante todo el año. Los adultos, imposibles de abandonar el impulso original, además de colaborar con la continuación del ritual, organizan todas las fiestas de "despedida" que pueden: se "despiden" del año con sus compañeros de trabajo, vecinos, amigos, ex-compañeros, con una frase que en la Argentina tiene un alto valor ritualista "no dejemos que termine el año sin vernos". Y allí van todos: hacia la ingesta compulsiva de alimentos, alcohol y cualquier tipo de consumo adicional complementario hasta el hartazgo... Hasta que arriba el 6 de enero, y comienzan "en Argentina- a diluir todo en lo que son "las vacaciones", una grosera campaña individual o familiar que agrega a la ingesta compulsiva anotada arriba el consumo inútil de sol, a la corrida por hacer tours indiscriminados y a la búsqueda alocada de sexo, juego en casinos, entretenimientos varios y, en fin... cansarse como forma de desestresarse.
Alejandro Luis Vitale, autor y harto de esta situación, ha optado por abandonar unos días esta columna para dedicarse a comprar juguetes para los niños de la familia, confituras y alimentos para las fiestas, y luego salir a cansarse en un tour. Así que estará de vuelta a mediados de enero. Espera que festejen con tanto espíritu crítico como el de él, y por lo menos tengan un rato de conciencia al respecto. Porque ya sabemos que es muy difícil obtener rédito alguno en los tradicionales enfrentamientos contra los molinos.





