25.11.04

FEELINGS

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En la antigüedad (en algunas sociedades, lugares, tiempos) casi no existía forma de que dos personas que se deseaban pudieran consumar tal hecho si no se cumplían ciertos requisitos. Primero y fudamental: que esa unión fuera aceptada por la familia. Y para que eso ocurriera debían darse muchos otros requisitos: que fueran de la misma casta, de distinto sexo, de igual raza y, en fin... que encajaran en cierto plan social bastante rígido.
¿Qué quería decir esto? Que si dos personas tenían “la desdicha” de enamorarse cuando “no correspondía”, deberían –además- sufrir bastante.
Hay ríos de literatura -tangos y boleros incluidos-, por no mencionar a los trovadores, el romanticismo, el teatro y la ópera.
Pero los chicos que hoy circulan por la internet –mis potenciales lectores- no pueden ni imaginar siquiera que no está muy lejano el tiempo en que a mucha gente joven se le ordenaba de qué tenían que trabajar (y/o estudiar), en qué debían creer, pensar, opinar (votar) y con quién debían casarse (única opción válida para un encuentro sexual legítimo).
Esta particular decisión exógena al individuo de realizar una de las acciones más privadas de que se tenga cuenta (la práctica sexual personal), trajo aparejado con el tiempo un muy curioso tratamiento cultural de lo que se da en llamar “sentimientos”. Es que por siglos y siglos al ejercicio de los sentimientos personales se los tiende a confundir con el “sentido de la propiedad”. De ahí que los celos tengan gran entidad en nuestra sociedad.
Hasta hace bastante poco tiempo, una chica en determinado momento cambiaba –nada menos que- de identidad con sólo casarse. Veamos un ejemplo.
Liliana María García (Liliana igual que la heroína de una película, María por su mamá y por la vírgen, García por el apellido de papá y el abuelo) se casaba con Juan José Pérez. Desde ese momento pasaba a ser Liliana María García de Pérez, o en síntesis “la señora de Pérez”.
Y para completar ese cambio, su marido solía obligarla a abandonar todos sus hábitos, estudios y trabajo y “vivir para él”. Esto era: cocinarle, lavarle la ropa, arreglar y limpiar la casa y asistirlo en general: procrearle hijos a los que a su vez debía “criar” por completo.
Está bien: este esquema tradicional tenía sus compensaciones: el hombre debía “salir” a trabajar y traer dinero, obra social y recursos generales como pensar, dar seguridad, generar más recursos, en fin: gestionar.
Pero: qué era lo que generaba semejante transformación: los sentimientos. “Lo hice por amor” ha sido una frase que ha justificado cientos de aberraciones.
Pero el lector ahora se pregunta: ¿a dónde quiere ir a parar este vil weblogero? Todos nos enamoramos, todos amamos, todos hemos blandido nuestros sentimientos...
Pues bien: ¿qué llevaba a Liliana a desear, hacer y disfrutar de semejante transformación, que lo único que le aseguraba era que nunca iba a dejar de ser la “señora de”? ¡La legalización social de su legítima calentura de mamífero! (créase o no)! Estaba implícito que si respondía como debía a sus necesidades interiores sin casarse, caía en una oscura zona social y corría el riesgo de ser “una solterona”, una categoría en la que se mezclaría con una serie detestable de mujeres deshauciadas.
Lo interesante de analizar el hecho de que la “Señorita García” transmutaba en “Señora de Pérez” era esa propiedad implícita que pasaba a tener con respecto al Sr. Pérez.
Pero hay algo más interesante todavía: de la manera que se establecen los sentimientos, siempre se implica en la relación un sentido de propiedad. Y lo hay tanto en la propiedad unívoca como en la colectiva: en un harem hay un dueño y todas las esposas son sus propiedades: eso implica poder.
Pero: ¿son los sentimientos un tabú? ¿Se debe tener, expresar y comparar sentimientos en base a moldes socialmente aceptables? ¿Es posible lo contrario?
Las relaciones entre los seres humanos son relaciones de poder: por encima de cualquier otro valor. Los sentimientos expresan de una manera “válida” tal poder. Y ocultan, al fin y al cabo, algo que horroriza a los estados, las religiones y el poder: la mera sexualidad humana.
Dado que el poder regula también la intensidad y ocasión (cómo cuando dónde a quien) de los sentimientos, es impensable lo contrario.
Como ven, llegamos casi sin querer a una definición de sentimiento como tabú. Desde chicos nos entrenan a quién, como cuando y donde querer. ¿O a vos nunca te dijeron algo así como “tenés que querer a tu primo” o “dale un beso a tu tía Enriqueta” o “tenés que ir al cumpleaños de tu abuela”?... ¿O no es así como resulta que un día aprendimos a querer?

20.11.04

DE ESTO NO SE HABLA

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Nunca oí que de labios de mi abuela se desprendiera el vocablo “cáncer”. Tal vez lo hubiera mencionado refiriéndose al signo del horóscopo, nunca refiriéndose a lo que ella denominaba “esa enfermedad mala”. Y con esa definición encerraba, además, todo un sinfin de enfermedades que, sin duda, son realmente malas: sida, leucemia, cirrosis, lepra... Es como que sentía que el dejar de mencionarlas, esto traía aparejado simultáneamente el “impedir convocarlas”. Creo que mi abuela –y sus amigas y parientes- respetaban los términos conflictivos por entender que esas palabra resultaban un particular agente de contagio, y que al abandonar el decirlas protegía en algo al ser enfermo, que ya tenía bastante con tal maldición.
El considerar la palabra como una “antena” que provoca y atrae las cosas malas es una constante en uno de los tabúes más significativos: el mero hablar de “ciertas cosas”, por eso mucha gente deja –sencillamente- de mencionarlas para siempre.
Julio Llinás es uno de los autores más brillantes (y, tal vez, proporcionalmente más ignorados) de la literatura rioplatense. Escribió uno de los mejores cuentos argentinos: “De eso no se habla[i]”, en el que relata la historia de una enana, cuya madre logra detener la realidad que todos perciben sobre ella, con sólo dejar de mencionar su “estatura”.
Por supuesto que “el no hablar” sobre determinadas situaciones posee varios niveles, algunos desopilantes. En Argentina, por ejemplo, los gobiernos siempre pensaron que por decreto podían prohibir determinadas cosas. En los 40 las letras de tango eran obligadas a cambiar términos que se consideraban infamantes, como la palabra “vieja” en lugar de “madre”. En los cincuenta el término “comunismo”, la palabra “Perón” y sus derivados, en los 70 “Montoneros” o “ERP” (se autorizaban sólo con minúscula).
Hubo siempre confianza en que algo que no se mencionaba podía “existir menos”. Una estrella de Hollywood sentenciaba que para difundir su fama bastaba “con que hablen de uno, aunque sea mal, pero que hablen”.[ii]
En general, pareciera existir la convicción de que si algo no se menciona, “no se trae a colación”, es como si no existiera, y eso tranquiliza a los conflictuados. Conozco el caso de una chica embarazada por distracción, que durante los 9 meses fue fajada y sumida en una serie de vericuetos hasta que sobre el periodo del nacimiento salió de vacaciones. A su regreso, su madre había decidido adoptar un hermoso bebé que, a la sazón y al menos socialmente, resultó ser hermano de su propia madre. Esto evitó a la niña decir que era madre soltera, y borró de un plumazo un hecho, revirtiéndolo en la maravilla de adoptar un huerfanito.
No voy a abundar en historias para las cuales los teleteatros femeninos tienen a montones. Pero el no hablar de algo sirve para los guionistas para una serie de manipulaciones en sus historias, a través de las cuales el no hablar de algo sirve para transformaciones espectaculares.
Hasta hace muy poco, el no hablar de las cirugías plásticas traía aparejado milagrosos rejuvenecimientos de gente que negaba ignorar la existencia de cirujanos. Hasta que un día el prejuicio se dio vuelta: en lugar de estar mal hacerse cirugías plásticas comenzó a estar bien, ¡y todos comenzaron a contar sus abundantes experiencias! Lo mismo había pasado con el sexo: el no hablar de él fue una constante por siglos, hasta que empezó a estar mejor autoadjudicarse hazañas sexuales de todo tipo...
Otro tema interesante del que mejor no se habla es de cuánto uno gana. Hay gente que se dejaría matar antes de revelar cuánto tiene, cuánto cobra o cuánto ahorró o heredó.
Tampoco es bueno hablar (y menos preguntar) sobre la edad, el peso corporal, la salud en detalles. O de los recuerdos, la muerte, los errores, lo desagradable en general...
Aunque hay que comprender que todo esto posee un importante componente patológico, ya que existe aquello denominado “fobia”. Y casi todo lo aquí mencionado conecta casi directamente con las fobias. Desde este punto de vista, pareciera entonces que nos burláramos de complejas enfermedades. Entonces, ya ven: siempre hay algo de lo que es mejor no hablar.
[i]
Julio Llinás fue poeta surrealista y una especie de concentrador privado de vanguardias artísticas y filosóficas. Devino luego ejecutivo empresario, hasta que alcanzó el codiciado galardón de ser el publicitario más notable y mejor pago del país. Fue contratado por una agencia de publicidad norteamericana en dólares y se transformó a su regreso en estanciero millonario, cuentista y novelista autobiográfico. Sus hijos Verónica y Federico parecen seguir la saga de su talento.
[ii]Este cuento, que hoy es referencia bibliográfica en universidades europeas, llegó al cine con el mismo título, dirigido por María Luisa Benberg y con la actuación de Luisina Brando y Marcello Mastroianni.

14.11.04

LOS TABÚES DE VITALI

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Una de las cosas que menos le molestaron a muchos de los grandes descubridores de la historia era pensar con quienes se metían. Vaya... todos sospechaban que se metían en problemas, pero el objeto de lo que habían encontrado era tan pero tan grande que siguieron adelante. Claro que algunos debieron morir en la hoguera, pero tomemos esto como un detalle.
Sigmund Freud, por ejemplo, descubrió, investigó y habló lo suficiente sobre toda toda la basura compactada que juntamos en el cerebro bajo la forma del tabú (o taboo) en un tratado célebre “Tótem y tabú”.
Para no ir con chiquitas, de entrada don Sig se preguntó ¿de dónde carajos viene este miedo ancestral a tener relaciones de carácter muy íntimo con el progenitor/a de uno? Y así comenzó a buscar todo tipo de antecedente en la historia de la humanidad. Porque eso que uno tiene instituido, y que ni siquiera piensa o cuestiona no existe “de por sí”, si bien ha sido totalmente regulado (prohibido, sancionado, etc.) por el poder político, religioso y hasta militar.
¡Mire qué lío! Resulta que no es tan “natural” como nos han obligado a pensar.
Bien: aquí comienza una vuelta de rosca nueva. Las rarezas de Vitale asciende un grado más. Y ahora se va a explicar más y mejor en qué radican las rarezas: en preguntarse cosas, dar ejemplos y dejar nuevas dudas.
Desde ahora nos vamos a dedicar a los tabúes. Que, al igual que en el caso de Freud, fundamentalmente arrancan por las preocupaciones sexuales. ¿O no hay un debate de la san puta en Argentina, porque quieren agregar (¡recién ahora, en el siglo 21!) la educación sexual en los colegios? Muchas de las religiones tienen, como organización, la obsesión oficializada de negar todo lo vinculado con el sexo, salvo el hecho de tenerlo bajo la condición de engendrar con la pareja legitimada por la propia organización clerical.
Cuando uno no sabe cómo denominar a esto, lo único que podemos decir es que existe un tabú. Así que ahí tenemos una punta: el sexo y todas sus variantes, derivaciones y modos.
¿Quiere otro tabú? Los sentimientos.
¿Qué cuernos es esto de los sentimientos? Una etiqueta. La realidad viene mezclada y es más bien jodida. Pero desde chicos se nos obliga a entenderla y practicarla desde los sentimientos como buenos o malos. Es decir “amar a...” una serie de gente que regulan nuestros padres, “aborrecer a” y ser indiferentes a otros. Qué rollo, man... Así que, cuando somos grandes la pregunta que está flotando siempre es: ¿sentimos desde un nosotros real o desde lo que nos obligaron a sentir como propio? Uy, qué lío, ¿no?
Otro tabú: el “de eso no se habla”, propio de una sociedad tan inmigrante como la nuestra. Los europeos y orientales que huían y se radicaban aquí, deseaban fervientemente “empezar una nueva vida”, huyendo de hambrunas, persecuciones políticas, matanzas, guerras, injusticias de toda laya. Habían visto y vivido demasiados males humanos, y su nueva vida les permitía alejarse de aquellas pesadillas. ¡Esto se hizo presente en nuestra patología base de hoy: ¡hay cosas que no nos animamos ni siquiera a pensar, preguntar o descubrir! Y dentro de esta clase de cosas están las enfermedades terminales, las supersticiones graves como los jettatore o los innombrables, y el gran tema de la muerte (¡chaaannnn!)
La amistad es la otra. Un tabú típico de occidente, que muchos saben manipular como dioses. ¿Quién podría hablar en contra de la amistad sin ser recriminado? Humm... veremos.
¿Qué me cuentan de la familia? ¿A favor o en contra? ¿Es bueno o malo? Como me contestó una vez mi analista: “usted putee todo lo que quiera, pero no hemos conseguido articular nada mejor”, y ojo que es bien freudo-lacaniano...
La dupla “bondad-maldad” es otro tópico interesante. ¿Qué es bueno o malo? En una oportunidad alguien me recomendaba las artes de una bruja diciéndome que no tenía que tener temor porque ella sólo “hacía el bien”, y como ejemplo me daban que si a una chica otra le robaba el novio, ella lograba devolvérselo. ¿Hacía el bien a quién? ¿A la que le pagaba? ¿Los honorarios justifican el target del bien?
La justicia: he aquí otro tabú para hamacarse. Hay un tradicional cuentito que muestra a un tal Salomón queriendo cortar a un bebé en dos para mostrar el lado de la justicia, y esa historieta ha servido por generaciones para justificar cómo se debe hacer para “impartir” justicia en una realidad que se caracteriza por la injusticia. Porque ¿por qué yo no tengo la agilidad de Nóbili y la destreza de Ronaldino, la belleza de Brad Pitt y el dinero de Bill Gates, la fama de Maradona, la pluma de García Márquez; por qué no tengo más tiempo, ni ganas, ni buena salud, ni suerte, ni talento, ni bienes???? Me ha tocado un mal lugar en un reparto injusto, que sólo busca formas de justificar la injusticia. Otro tabú.
Un tabú interesante es el estudio, sobre todo dentro de una sociedad inmigrante que hiciera un culto de “mi hijo el dotor” (o ingeniero). Yo creo que el estudio tiene un significado sagrado para quienes les interesa saber más (una amplia minoría) y en cambio es una “obligación” pesada para la mayoría, dedicada a “meter materias”. Con esto también nos vamos a meter.
La verdad ¿qué me cuentan de la determinación de la verdad, y todo lo que gira alrededor de la mentira, la fantasía, la sinceridad? ¿Quién tiene razón? ¿Cuándo estamos frente a una verdad o una mentira? ¿Qué es lo sancionable?
La psiquis también es un tabú. Fuimos educados en la división tajante entre salud y enfermedad mental: los locos de un lado y los cuerdos del otro, pero esto NO ES ASÍ. Convivimos todo tipo de gente, a veces bastante loca y a veces NECESARIAMENTE LOCA.
Y aquí vamos con un tabú máximo (asociado a la verdad, a la justicia, y a la salud mental y sexual como ninguno): LA CULPA. Un tema que –solito- corta en dos a la historia.
Ahí tiene un buen menú: sexo, sentimiento, pensar, amistad, familia, bondad, maldad, justicia, estudios, verdad, mentira, locura y culpa. ¿No está bien como para empezar?
Los tabúes. Próximamente en este weblob.

10.11.04

LO QUE EL DIENTE SE LLEVÓ

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El otro día un papá joven me contaba –entusiasmado- lo maravilloso que había sido el primer diente de su hijo que se había caído. Celebraba el ser protagonista primerizo de la aventura de cambiar el dientecito guardado bajo la almohada por un billete de diez.
Soy un crítico de la estupidez humana (la de los otros, no la mía), y siempre creí que yo era un representante del sentido común –que como ustedes saben dicen algunos estúpidos que es el menos común de los sentidos-. Esa característica de ser crítico de la estupidez humana siempre me pareció una condición aparecida por azar antes que a otros, y que sería bueno que yo ayudara a avivar a los giles que todavía no se habían dado cuenta. A esta altura del partido me doy cuenta que no es así, y que o nadie quiere ser “avivado” o lo que yo percibo o está mal o no sirve para nada.
Desde chico que no digo salud después de escuchar un achiff. Es que siempre pensé que no servía para nada, no contribuía a nada con nada para nada. Eso que a mí me pareció tan claro siempre a mucha gente sirve para conflictuarla porque ¡cómo puede ser que yo no diga salud después de un estornudo!
Bueno: ni se imaginen lo complicado de lo mío. No creo y no cumplo siempre con los preceptos sociales, religiosos, en fin...
Así que lo primero que se me ocurre cuando presencio alguno de los fundamentos de lo infundamentable es alguna broma que siempre me saca de la cancha: mofarme de esos padres que se preocupan de engañar a sus hijos con la existencia de papa noel, los reyes magos o el ratón pérez, con aquellos que continúan costumbres sociales ancestrales de las cuales perdieron la lógica de su existir, tales como las del post estornudo, o las de decir (o no decir) buen provecho al post eructo, o visitar enfermos, ir a los velorios, o manejar un complicado management de creencias de todo tipo, desde las supersticiones y los contenidos de los hoax, hasta la existencia de dioses, ángeles y el poder de imágenes, apariciones y prácticas que van de las más primitivas a las más sofisticadas.
Claro, yo creía que en cuanto uno se daba cuenta de toda esta pirulería, avisaba a los menos advertidos y listo. Pero parece que no. Que mucha gente hace de todo esto un culto importante, la razón de sus vidas, lo más importante que les pasa. Sean o no muy inteligentes, sean o no sensatos. De todas maneras es bastante válido cuestionar tanto la inteligencia como la sensatez. En http://www.clarin.com/diario/2004/11/05/sociedad/s-03904.htm se habla pestes de la fiabilidad en los tests de inteligencia, en un festival auspiciado no sólo por el Gobierno sino además por la Universidad de Buenos Aires.
A veces es apasionante vivir en un lugar en donde todo es posible que sea cuestionado, pero a la vez uno se cruza con los dinosaurios menos pensados, dispuestos a luchar por su pedacito de poder.

6.11.04

¿CÓMO PUEDE SER QUE SIGAN CREYENDO EN LAS CADENAS?

Image Hosted by ImageShack.usAyer me llegó un hoax con el adjunto de un PPS famoso: el del mago David Copperfied: que incluye una prueba de naipes en la cual uno siempre elige la carta que el mago hace desaparecer. Este hecho inexplicable para cualquier mortal, fue aprovechado por el último que retocó el PPS para agregar que si no sigues la cadena ¡te vas a morir en el término de una semana!
Obviamente, esto me llegó muy rápido. Y si no fuera porque alguien como yo ha roto todas las cadenas impunemente desde que se inventaron, este mensaje hubiera pasado rápido de unos a otros y hoy sería posible que hasta vos mismo estuvieras recibiendo el PPS de Copperfield.
Antes de seguir voy a explicar que un hoax es un email que te llega con rasgos de cierta verosimilitud inquietante. Te dan indicios de que pasan o pasarán cosas desastrosas y te invitan a avisarle a todos tus amigos o pasarán cosas terribles.
Los dos más comunes son más o menos así:
CASO A: Se ha descubierto que una sustancia (de uso común) es altamente cancerígena. Se advierte sobre su uso. Hay declaraciones de altas autoridades científicas que lo certifican. Todavía la humanidad no lo sabe (y nadie se pregunta por qué). Para resolver esta situación, empieza avisándole a todas tus amistades (que tengan email) para que al menos alguien se salve.
CASO B: La virgen se apareció y/o sucedió un milagro y/o hubo un gran fenómeno (por ejemplo lo que pasa en el juego de cartas de Copperfield). Ahora: ¡vamos rápido a hacer emails a todos nuestros amigos, para que mucha gente se vaya iluminando con estos milagros o si no lo hacen les suceda una serie de múltiples desgracias!!!!
Obviamente, como los punteros que juntan votantes a fuerza de empanadas o choripanes, o los devotos que juntan futuros creyentes en las madrugadas del domingo, así se va produciendo esa fiebre que hace parecer al éxito.
La mejor manera de desasnarse sobre el tema es entrar a http://www.rompecadenas.com.ar/hoaxes.htm.
Ahora bien: ¿la vida era más fascinante y digna de vivirse antes de saber este tipo de verdades? ¿Era mejor una existencia en la que los reyes magos realmente existían, el ratón pérez traía su óbolo cuando se te caía el diente y había pruebas contundentes acerca del pecado original?
El sábado me tocó ir en el bondi parado al lado de una señora que leía atentamente algo así como una serie de versiones sobre el nacimiento de Cristo ¡en declaraciones de videntes! Cientos de testificaciones de gente que comenta cómo se dio aquel acontecimiento porque han tenido visiones a lo largo del tiempo.
Pueden decir que esto es fe, y que a partir de la existencia de la fe no hay más argumentos. Así casi cualquier cosa se explica.
Ta bien, que cualquiera crea cualquier cosa bajo cualquier contexto. Tanto da.
En 1995 me senté por primera vez frente al primer email, con mi dirección telefónica de la Biblioteca Nacional (mi dirección era bibnal.edu), en una rudimentaria conexión a Internet por modem. En el 96 ya no creía en nada que me llegara en forma anónima ni a través de algún amigo asustadizo, al que de inmediato lo desasnaba sobre qué eran los hoax, el spam y las listas de correo que se vendían.
¿Qué es lo que hace que ocho años después esto siga como si nada? Y así se siguen sumando diariamente de a miles los nuevos colonizadores de la internet: jóvenes, viejos... ¡de a miles! Todos manejan como borrachos por una autopista, que los enloquece con extrañas teclas Alt Gr, ctrl., Supr, Ins, Supr, o Del. Son los mismos que están tratando de entender los controles de sus celulares, home theaters y subirse a sus propios weblogs... que pretenden bajar del kazaa todas las películas, todas las canciones, todos los libros...