REFLEXIONES ABSOLUTAMENTE PRESCINDIBLES ACERCA DEL SIGLO XXI
LA LITERATURA. A los que antes se llamaba tímido, ahora son sociofóbicos. No es un enriquecimiento del lenguaje, es la evolución del mismo lenguaje que denomina odontólogo a un dentista, podólogo a un pedicuro.
Estos sociofóbicos no es que han resuelto sus problemas con la conjunción chateo+email+weblog, lo siguen siendo pero "por otros medios". Y tratan de superar sus problemas plantándotes virus o alguna cosa de esas en tu máquina.
Y no es por casualidad que haya vinculado a la escritura con la más común de las fobias, porque escribir fue siempre la manera en que los antiguos tímidos tomaban un primer contacto válido con la realidad. Muchos de ellos en un mismo acto superaron sus males y se hicieron famosos. Es que ¿cómo seguir siendo tímido con el premio de literatura bajo el brazo?
Aquellas contradicciones tan "siglo veinte" van dejando lugar a nuevas paradojas, más veintiuneras.
EL SEXO. El tema del sexo tuvo preocupados a todos los individuos del siglo 20. El sexo no nunca encontró el lugar para instalarse legalmente. Fue una moneda subvaluada o sobrevaluada (según los ambientes, la sociedad y el momento histórico) pero nunca estuvo en el lugar que debía estar. O aparecía en los prostíbulos y en el matrimonio (todo o a oscuras o ilegal) o en lo que se dio en llamar "varieté" o teatro de revistas en nuestro medio.
Las religiones lo maquillaron para que pareciera otra cosa, o lo restringieron al uso necesario (?): el de la procreación. Así que, con semejantes ridiculices, no ha sido raro que, en este siglo, se pudiera extraer con facilidad el sexo del arcón al cual lo habían mandado.
En el siglo 21 el sexo se ha integrado fácilmente a la sociedad, independientemente de la edad, o la razón por la cual aparezca mencionado, citado o determinado. La censura murió, el cambio generacional permitió que la gente entienda mejor su propia identidad sexual y la de sus semejantes.
Las exageraciones del destape que terminó con tantos tabúes, dieron lugar posteriormente a una relación más franca entre todos en casi todos los ámbitos.
LA MISERIA. Esto ya lo dije en un weblog anterior: toda la ciencia ficción del siglo pasado enfocó al futuro (o sea el presente) como la era de la tecnología, la cibernética y el robotismo. Pero no: la característica principal es el avance de la miseria, la pobreza y -en fin- la injusticia sobre la tierra. Tendemos hacia un objetivo inconsciente incontrolable: que el 1% de la población sea dueña del 99% de las riquezas. ¿Se imaginan a ese 1% defendiendo "sus derechos"? Ojalá me equivoque aunque sea en algo.
Observar las cifras de los organismos estadísticos internacionales espanta, su evolución preocupa, sus diagnósticos malhumoran.
LA TECNOLOGÍA. Es bastante divertido tener tanta tecnología al servicio de uno. Cada sábado y domingo uno abre el diario (esto al menos es así en Buenos Aires) y se encuentra con que la oferta de celulares es algo alucinante. Pareciera que la propuesta es circular por el mundo dotado de una cantidad de servicios que no nos permitan estar incomunicado, aburrido, indefenso, desubicado...
Como el alcohol, el tabaco, las drogas o la comida hipercalórica, el gran problema pasa a ser la dependencia que uno pueda crear con tanta tecnología de tipo asistencial. ¿Llegaremos a crear un individuo que no pueda salir de su casa porque su teléfono (o su palm, su notebook o su saquito termoeléctrico) no funciona?
LA COMIDA. La ciencia ficción también pensaba que, al igual que los astronautas, nuestras exquisitas dietas en el futuro serían simples comprimidos. Pero no, el tema de la comida se ha complejizado y teñido de todo lo que mencionamos arriba. Por un lado una gran cantidad de gente en el planeta o no come, o come mal y poco. Por otro lado, digieren alimentos que se ven exquisitos (¿hay algo mejor que una hamburguesa completa con papas fritas, y mucha mayonesa, ketchup y mostaza????) pero que, entre el colesterol malo y las calorías que juntan logran transformar a seres humanos en entidades obesas repletas de problemas vasculares. Y, finalmente, está ese ejército disciplinado de seres que, conocedores de las desventajas de estar ubicados en el primer o segundo grupo señalado, han optado por cuidarse y digerir productos sin azúcar, ni calorías, ni colesterol.
LA DIVERSIÓN. Para la primera mitad del siglo XX la mayor diversión fue hacer la guerra, para la segunda hacer el amor. Esto es una humorada, obviamente ¡pero que encierra una profunda verdad! Las más espantosas confrontaciones comprometieron a la mayor parte del orbe en las dos grandes guerras, que terminaron antes del 50. Con la "guerra fría" la guerra tomó caminos más simbólicos, y la propuesta fue sintetizada por los hippies de los 60/70 que no quisieron ir a Vietnam y prefirieron hacer el amor, prohibieron prohibir y dedicarse a revoluciones culturales o permanentes. (Para los que no entiendan, lo siento pero no tengo tiempo de hacer notas bibliográficas. Les queda el recurso de olvidarse de este apartado o leer un poco de historia. Disculpen por esta vez.)
¿Y cuáles son las diversiones en este tiempo?
Las raven. Son unos encuentros masivos en grandes espacios, con ritmos sincopados y estimulantes. Tal vez no dejen de poner en juego las mismas energías que antes movilizaban las guerras y el amor...





