30.9.04

REFLEXIONES ABSOLUTAMENTE PRESCINDIBLES ACERCA DEL SIGLO XXI

El miedo a la hoja en blanco ahora fue reemplazado por una pantalla de Word repleta de números, íconos, y todo tipo de simbología muy particular. Y así como escribir se ve que ya no es lo que era, publicar tampoco. Cualquier adolescente enamorado que desee plantar sus poesías al mundo lo hace en segundos, entrando a cualquier servicio de weblog.

LA LITERATURA. A los que antes se llamaba tímido, ahora son sociofóbicos. No es un enriquecimiento del lenguaje, es la evolución del mismo lenguaje que denomina odontólogo a un dentista, podólogo a un pedicuro.
Estos sociofóbicos no es que han resuelto sus problemas con la conjunción chateo+email+weblog, lo siguen siendo pero "por otros medios". Y tratan de superar sus problemas plantándotes virus o alguna cosa de esas en tu máquina.

Y no es por casualidad que haya vinculado a la escritura con la más común de las fobias, porque escribir fue siempre la manera en que los antiguos tímidos tomaban un primer contacto válido con la realidad. Muchos de ellos en un mismo acto superaron sus males y se hicieron famosos. Es que ¿cómo seguir siendo tímido con el premio de literatura bajo el brazo?
Aquellas contradicciones tan "siglo veinte" van dejando lugar a nuevas paradojas, más veintiuneras.

EL SEXO. El tema del sexo tuvo preocupados a todos los individuos del siglo 20. El sexo no nunca encontró el lugar para instalarse legalmente. Fue una moneda subvaluada o sobrevaluada (según los ambientes, la sociedad y el momento histórico) pero nunca estuvo en el lugar que debía estar. O aparecía en los prostíbulos y en el matrimonio (todo o a oscuras o ilegal) o en lo que se dio en llamar "varieté" o teatro de revistas en nuestro medio.
Las religiones lo maquillaron para que pareciera otra cosa, o lo restringieron al uso necesario (?): el de la procreación. Así que, con semejantes ridiculices, no ha sido raro que, en este siglo, se pudiera extraer con facilidad el sexo del arcón al cual lo habían mandado.
En el siglo 21 el sexo se ha integrado fácilmente a la sociedad, independientemente de la edad, o la razón por la cual aparezca mencionado, citado o determinado. La censura murió, el cambio generacional permitió que la gente entienda mejor su propia identidad sexual y la de sus semejantes.
Las exageraciones del destape que terminó con tantos tabúes, dieron lugar posteriormente a una relación más franca entre todos en casi todos los ámbitos.

LA MISERIA. Esto ya lo dije en un weblog anterior: toda la ciencia ficción del siglo pasado enfocó al futuro (o sea el presente) como la era de la tecnología, la cibernética y el robotismo. Pero no: la característica principal es el avance de la miseria, la pobreza y -en fin- la injusticia sobre la tierra. Tendemos hacia un objetivo inconsciente incontrolable: que el 1% de la población sea dueña del 99% de las riquezas. ¿Se imaginan a ese 1% defendiendo "sus derechos"? Ojalá me equivoque aunque sea en algo.
Observar las cifras de los organismos estadísticos internacionales espanta, su evolución preocupa, sus diagnósticos malhumoran.

LA TECNOLOGÍA. Es bastante divertido tener tanta tecnología al servicio de uno. Cada sábado y domingo uno abre el diario (esto al menos es así en Buenos Aires) y se encuentra con que la oferta de celulares es algo alucinante. Pareciera que la propuesta es circular por el mundo dotado de una cantidad de servicios que no nos permitan estar incomunicado, aburrido, indefenso, desubicado...
Como el alcohol, el tabaco, las drogas o la comida hipercalórica, el gran problema pasa a ser la dependencia que uno pueda crear con tanta tecnología de tipo asistencial. ¿Llegaremos a crear un individuo que no pueda salir de su casa porque su teléfono (o su palm, su notebook o su saquito termoeléctrico) no funciona?

LA COMIDA. La ciencia ficción también pensaba que, al igual que los astronautas, nuestras exquisitas dietas en el futuro serían simples comprimidos. Pero no, el tema de la comida se ha complejizado y teñido de todo lo que mencionamos arriba. Por un lado una gran cantidad de gente en el planeta o no come, o come mal y poco. Por otro lado, digieren alimentos que se ven exquisitos (¿hay algo mejor que una hamburguesa completa con papas fritas, y mucha mayonesa, ketchup y mostaza????) pero que, entre el colesterol malo y las calorías que juntan logran transformar a seres humanos en entidades obesas repletas de problemas vasculares. Y, finalmente, está ese ejército disciplinado de seres que, conocedores de las desventajas de estar ubicados en el primer o segundo grupo señalado, han optado por cuidarse y digerir productos sin azúcar, ni calorías, ni colesterol.

LA DIVERSIÓN. Para la primera mitad del siglo XX la mayor diversión fue hacer la guerra, para la segunda hacer el amor. Esto es una humorada, obviamente ¡pero que encierra una profunda verdad! Las más espantosas confrontaciones comprometieron a la mayor parte del orbe en las dos grandes guerras, que terminaron antes del 50. Con la "guerra fría" la guerra tomó caminos más simbólicos, y la propuesta fue sintetizada por los hippies de los 60/70 que no quisieron ir a Vietnam y prefirieron hacer el amor, prohibieron prohibir y dedicarse a revoluciones culturales o permanentes. (Para los que no entiendan, lo siento pero no tengo tiempo de hacer notas bibliográficas. Les queda el recurso de olvidarse de este apartado o leer un poco de historia. Disculpen por esta vez.)
¿Y cuáles son las diversiones en este tiempo?
Las raven. Son unos encuentros masivos en grandes espacios, con ritmos sincopados y estimulantes. Tal vez no dejen de poner en juego las mismas energías que antes movilizaban las guerras y el amor...



23.9.04

IN EXCELSIS HERNAN

Cada tanto aparece un destello de interés en medio de la rutina, la mediocridad y tantísima estupidez humana.
En el reino de las letras esto sucede no tan a menudo: somos muchos los que escribimos, aunque muchísimos más los que no tienen ni la menor idea de dónde poner una coma, cómo utilizar bien (o no usar, o al menos usar menos) los gerundios, o siquiera cuando un vocablo lleva o no hache en sus comienzos.
Y entre todos los que escriben son aún muchos menos los que logran ser atrapados por ideas originales. Y, de estos, muchísimos menos los que, al poder expresarlas, pueden transmitir emociones legítimas y verdadero interés sobre aquellos a los que dicen querer llegar: ese hoy cada vez más real e imaginable lector.
En Argentina, como parte selecta de Latinoamérica (es decir el culo del mundo, mire) ha existido siempre la figura del escritor exiliado: un personaje que por muchas razones –lamentablemente siempre válidas- escribe "en argentino" desde otras tierras. Y creo que la quintaesencia de lo que afirmo está en Cortázar, ese grande de la literatura argentina que era en verdad belga pero escribió acodado en la Europa más europea.
Y en términos de arte y literatura (incluyo al cine y hasta la gastronomía) hemos tenido cientos de nativos que de una u otra manera han elaborado su argentinidad con sus patitas en las fuentes de alguna plaza no argentina. O no nativos, como ese Cortázar, Gardel, Serrat, o Lacan (¿qué? ¿todavía no lo han reconocido como argentino?).
Hay mucha bibliografía al respecto, les recomiendo sintetizar viendo la última película del cada-tanto-exilado Aristarain. Se llama “Roma” y expresa bastante fielmente lo que aquí se afirma.
Los argentinos nos íbamos de la tierra, y a poco de llegar ya empezábamos a desarrollar una psicopatología llorona, extrañosa de la yerba mate y el dulce de leche, el tango y demás... Esto, luego, se trasladaba de una u otra manera a la obra del nostalgioso .
Con los medios de comunicación masiva en internet, algo parece haber cambiado radicalmente: el exilado puede escuchar su radio favorita y ver cómo evoluciona la música popular o el rock nacional, y oir las declaraciones en vivo de cuanto líder político o sindical anda suelto, puede leer todos los diarios del día mejor que en su país y sin pagar, puede tener contacto diario por email, ip o messenger con todos los personajes de su recordado pasado que se le ocurra: hasta con la señorita de la salita naranja.
A diferencia de lo que le pasó a aquellos exiliados del siglo pasado, nuestro hombre casi no se da cuenta de que está en otro lado. Poéticamente, puede aducir que los olores no son los mismos. Y que ni las comidas (bendito colesterol), ni los hábitos de vida (benditas tapas) ni los sueños amasados en la niñez pueblerina...
Vamos al punto. Hernán Casciari es el mejor escritor que he descubierto desde Cortázar, y creo que cuando a uno le pasa esto debe dar un elegante salto sobre la propia envidia mortal que le causa y poder declararlo así –urbi et orbe- para que todos se enteren. Y dado que yo nunca voy a poder ser ni un tercio de buen escritor como él, al menos quiero tener el orgullo de poder decir en el futuro “fíjate que allá por el 2004 yo ya lo anuncié, cuando todavía se usaban las computadoras y había un recurso que muy bien no me acuerdo como se llamaba, creo que weblog...”
Hernán conjuga tres elementos fundamentales para la producción literaria: ideas originales, muchas cosas que decir alrededor de esa idea y saber cómo expresarla para llegar a fondo al corazón de quienes lo leen. ¡Nada más y nada menos!
Hay una película de Hollywood de años recientes, “La Musa”, en la cual se trata de mostrar en todo de comedia liviana, el terrible drama de cualquier creativo a la hora de o encontrar ideas o desarrollarlas, el famoso terror del papel en blanco... Más nos alejamos del fantasma cuando nos encontramos con aquellos a los que parecen brotarles las ideas de todos lados...
Hernán Casciari, un autor con todos los recursos de esta era de su lado, acuna ideas a toda hora, rodeado por un club de fans que han logrado –desde bastante antes que yo lo descubriera- detectarlo, conocerlo y cultivarlo en la verdadera riqueza de su cada vez más prolífica obra. Constituye un modelo de lo que es un artista de este siglo, rebosante de feedback inmediato, posibilidad de audiencia incalculable y –como es este caso- insospechada repercusión real.
Como cholulo que soy, señores historiadores del arte, quiero que registren esta nota y me reconozcan en el próximo milenio como uno de sus descubridores.
Y si alguien tiene la desgracia de leerme, mejor que larguen esto y empiecen a conocerlo a él en http://orsai.bitacoras.com/.Gracias.

19.9.04

BIENVENIDOS AL MUNDO TELEVISADO

A más de cincuenta años de que en instaló en Argentina, todavía hay gente a la que le encanta o bien negar o rechazar desde su mera existencia hasta la forma de ser del medio más poderoso de la historia del siglo 20... Si bien siempre hubo gente que ha adoptado una clásica pose intelectual encargada de negarla (la frase es o "no tengo televisor" o "no veo tv"), lo que estos intelectuales no pueden dejar de reconocer es -sin duda- la existencia de la televisión como una realidad en sí, independientemente de cualquier opinión en contra.
Pero lo más interesante de la televisión es que es una realidad a manera de ceremonial. No es una realidad paralela, es algo distinto.
Hay algunas ficciones que refieren certeramente a esto, el mejor de los cuales es Truman Show (1), una alegoría de cómo la vida de cartón pintado puede reemplazar a la otra vida de una manera eficiente.
Años y años de no conjugar el "ritmo televisivo" con la opinión de los grandes intelectuales, llevaron a sus responsables a inventar reality shows de toda calaña que sólo han servido para agregar condimento al vapuleado medio cincuentón. Claro que en lugar de convencerlos, los críticos se vieron enriquecidos con nuevos argumentos, absolutamente fundados.
El teatro, en la antigüedad, creó un espacio nuevo, virtual. Para eso necesitó del aporte de los espectadores. Cuando en escena se reflejaba un encuentro en otro lugar, el medio escénico -en la imaginación del que observaba- pasaba a ser el lugar representado y su problemática. El aporte del espectador se hizo fundamental: se estaba creando una nueva realidad, una meta-realidad.
Todos los medios no son sólo medios, son instrumentos al servicio de alguien, no caprichosamente se los ha llamado "medios". Intervienen entre alguien que quiere manipular algo a algunos.
¿Y qué es lo que se quiere a través de la televisión? Muy sencillo: crear un nuevo espacio, hacerlo popular, crear un consumidor, "engancharlo" y seguir vendiéndole. Cuando finalice, surgirá uno nuevo.
¿Esta no es la clave de todo el capitalismo? Crear una alternativa comercial, difundirla, ganar dinero, agotarla y crear otra y empezar el ciclo.
La televisión es una realidad en sí misma, a la que la gente se asoma para ver "otra realidad" o su propia realidad en "otra interpretación". Y a lo mejor hasta puede verla con sus actores favoritos, interpretando algo que le es muy entendible como propio.
El fenómeno mundial de "Gran Hermano" (2) aportó varias cosas además del inmenso homenaje a las imágenes de Orwell: el sentido de voyeurismo que todo espectador oculta, el ser el otro en un otro no actuado ni simbolizado, y para el medio encontrar que su propia realidad se puede confundir con la realidad misma (cosa que antes no había pasado).
Cercano el momento de fusionar todo en un nuevo todo, es interesante reflexionar sobre todo esto. El nuevo todo pasa por esta internet que tenemos, que tarde o temprano será el centro de todo: se extienden los IP (sistema telefónico por la red), los messengers, los weblogs y sus estrategias, los buscadores y su crecimiento insospechado, la telefonía celular incorpora e integra recursos hasta el cansancio: pronto se prodrá chatear hasta buceando (¿o ya lo hacen?).Ya la televisión, con todos los aportes de la innovación de los que se está nutriendo, es cada vez mejor.
La televisión, en algún momento, dejará de estar tan "fuera" nuestro, para ser parte de la vida, y nosotros estar "on line" con ella.
En ese momento, ¿de qué lado quedarán los intelectuales que no tienen televisor?. O aquellos que como Beatriz Sarlo (3) en su columna de Clarín se jactan de ser inalterables porque no tienen celular ni automóvil.
Soy un cruzado a favor de la televisión.
Yo tengo televisor. Crecí con la televisión. En casa siempre hubo más de un televisor. Moriría si no veo televisión. Me gusta todo: lo trascendente, lo intrascendente, lo "cholulo" (4), lo evasivo y pasatista, lo profundo (he visto recitales de un Piazzolla que me ha dejado loco, el cine europeo que ya no se puede ver en los cines, en fin)
¡VIVA LA TELEVISIÓN!!!!

(1) Truman Show es un film norteamericano que imagina la estrategia de producción de un reality show en el que el protagonista es un hombre que al nacer se lo sumerge en una ciudad inventada y su vida día a día es transmitida en directo a todo el país en un programa en horario central, con actores como sus partenaires. Allí crece, hasta que percibe en su adultez el truco...

(2) Gran Hermano es un invento de una gran productora internacional, que lo ha repetido en muchas televisiones del mundo. Se encierra a un grupo de jóvenes para que convivan entre sí, sin ningún contacto con el exterior. Sus encuentros y desencuentros son transmitidos en directo y/o en diferido (según lo que pague el espectador).

(3) Beatriz Sarlo es una profesora argentina de letras . Un personaje controvertido hoy devenido en columnista de la revista de mayor difusión en su país. Originada en la más rancia intelectualidad de la izquierda argentina, asume posiciones que podríamos denominar como "curiosas" (ya se ve en el texto, basado en declaraciones propias).

(4) En Argentina se le dice "cholulo" a los fans de los famosos que, fuera de toda lógica endiosan al ídolo.









12.9.04

EL PERIODISMO ES UN HUMANISMO, MIRE

Cuentan que cuando llueve, en una ciudad del norte, alguna gente -de los que tienen una muy alta sensibilidad- perciben extraños sonidos que no son simplemente gotas pegando contra las cosas terrestres. Otros, los menos, llegan a ver formas particulares en lugar de lluvia.
Pero algunos -y estos no son tan pocos- ven y oyen llover, como usted o yo.
Oir y ver llover no es tan espantoso, a mucha gente le ha pasado durante siglos y no les ha parecido extraño. La lluvia, además, viene siempre acompañada de tormentas, con relámpagos, con rayos, muchos ruidos, vientos... en fin.
Para seres muy primitivos, todo eso era manifestación de dioses, demonios; el bien o el mal según el sentimiento y la percepción. Es decir: si después de una gran sequía aparecía una tormenta ¡aquello era el bien! Pero si la tormenta terminaba en una gran inundación que arrasaba con todo ¡aquello era indudablemente obra del mal!
Aunque estemos tan pero tan evolucionados que no se me ve, pero que al decir esto entre ustedes y yo haya todo un proceso complejísimo signado por la electrónica más refinada y ajustada, el proceso sigue igual.
El concepto "es el bien cuando nos favorece, es el mal cuando nos perjudica"- sigue signando las relaciones de la gente a lo largo de los tiempos.
Un tiempo atrás una amiga, muy influída por los hechos del más allá, me explicaba que una curandera amiga "sólo hacía el bien". Le pedí un ejemplo. Adujo que cuando un muchacho abandona a una chica por otra, ella lo hace retornar por medio de sus conjuros. "¿Y cómo sabés que hizo bien? ¿No hubiera sido mejor que el muchacho se quedara con la otra chica? ¿En ese caso hacer el bien es simplemente atender los deseos del cliente que le paga?" Obviamente remitió todo a que mi descreimiento me impedía entender la esencia no sólo de lo que ella quería expresar, sino además la verdadera raíz de lo que era el bien...
Por ahí decían que todo tenía que ver con el color del cristal detrás de donde se miraba. Por ejemplo, la misma noticia leída en Infobae (diario de la derecha económica argentina) puede ser diametralmente distinta de como aparece en Página/12 (diario que suele poner opiniones de gente de alguna de las izquierdas). Es que, a través de la publicación, cada uno de los grupos quiere dar una interpretación que oriente a la vapuleada "opinión pública" a pensar como ellos, mientras sobrealimentan a aquellos que ya piensan como ellos.
Desde que se descubrió que ya no existe la objetividad, es muy difícil saber qué es lo que realmente pasó. A veces, es posible pensar que ni siquiera algo sucedió. Ya van varios escándalos con periodistas que se propasaron con el ejercicio de la ética, inventando todo.
En Argentina el periodismo ha sido una práctica ejercida en correspondencia con las modas y modos vigentes en todo el mundo. Ha habido desde literatos hasta futbolistas y animadores de televisión que, de una manera lógica y natural se autotransfirieron o "promovieron" al periodismo (y de ahí a la literatura, tal vez ambicionando un premio Planeta, un Nobel o quién sabe qué...)
Pero vamos al punto central de esta cuestión: ¿existe o no existe una verdad que podamos denominar objetiva? Invoco (y convoco) a todos los profesores de periodismo presentes a que me contesten esta pregunta. Sobre este punto hay toda una corriente que repite a pie juntillas lo mismo: no existe verdad objetiva, todo es pasado por el interés parcial del que escribe, los intereses del medio que representa o los de la empresa comercial que los sustenta.
Usted y yo, querido lector, sabemos (sospechamos, o ambicionamos) que sí existe. He presenciado choques espantosos, he estado frente a situaciones que (vaya a saber por qué) no han merecido ni una línea junto al horóscopo de los diarios. En cambio he leído intrascendencias ilustres a media página.
¿Y cómo se llama esto?
Caramba, que deba ser yo quién se los cuente, con semejante aparato intelectual montado por semiólogos, catedráticos de toda laya y hasta psicoanalistas lacanianos.
Esto, desde mi óptica enormemente arbitraria, se llama periodismo berreta.
El periodismo prefiere la posibilidad segura de seguir saliendo mañana, más que contar la realidad que sucede a su alrededor (¿les suena?).
Y entonces piensa qué piensa su lector, y lo sigue mimando para que no deje de comprarle mañana. Y una vez que conoce su target, se lanza a multiplicarlo. Y empieza a venderle CD's, enciclopedias, revistas adicionales... Lo mismo que hace el dueño de un drugstore que ve que le gustan las hamburguesas y mañana le vende papafritas.
Y no es que yo diga originalidades ¿eh?
Haga un ejercicio: mañana compre cuatro diarios de la mañana. En Buenos Aires (que es donde vivo), por ejemplo, compre Clarín (el de la clase media, algo progresista, el de más venta), La Nación (también de clase media pero con aspiraciones, gente más finoli y más derechosa), Crónica (presumiblemente representativa de la clase media baja, un tanto amarillosa, un tanto bizarrix) y Página/12 (supuestamente el espectro de izquierda intelectual, clase media con un pasado político antisistema). Elija una noticia cualquiera que esté en la primera plana de uno de ellos, y recorra qué espacio, que tratamiento y qué comentarios le han dedicado. ¡Se va a sorprender! ¡Y todo ese esfuerzo no le puede haber costado mucho más de cinco pesos (menos de dos míseros dólares)!
¿Qué a dónde quiero llegar?
A demostrar la inexistencia del periodismo.
Desde el punto de vista de los medios: son empresas que quieren facturar.
Desde el punto de vista de los periodistas: su ambición real es ser premiados, reconocidos, ser estrellas; y en esa ambición poco les importa hacer literatura, combinar los hechos a su antojo, resaltar lo que mejor conviene...
Desde el punto de vista de la gente: no quieren que les hinchen las pelotas: desean perder el menor tiempo posible en enterarse de la realidad, y siempre y cuando no sea muy dolorosa, si no déjenlos seguir con sus cosas.
Desde el punto de vista de la realidad objetiva: ¿alguna vez la conocimos? Cuentan que hasta toda la historia de los viajes a la luna fue tan falsa como el viaje de Bush al frente de guerra, que fue compuesto el año pasado en un set de cine, pavo a la York incluido.
O sea.
Va a ser revolucionario crear un medio que ensaye acercarse todo lo posible a mostrar qué pasó, y que si realiza un abordaje arbitrario pueda llegar a aclararle al pobre lector: "ojo que esta es nuestra interpretación, de nosotros, que somos gente de la (izquierda) (derecha) (new age) (intelectuales desorientados), etc.
Pero el día que aparezca un medio como tal, lo van a boicotear todos. Yo inclusive (no voy a poder, lo juro, sustraerme). Van a decir que está vendido al oro de alguien.
Con lo cual terminaremos reconociendo, que en realidad sí existe el periodismo. Y que, lamentablemente, es eso que tenemos.
Oh, que día depresivo.
Les mando muchos besos.

7.9.04

MAMÁ (UNA VERSIÓN NO AUTORIZADA)

En cuanto le conté a Marita –mi única madre legítima- acerca de la necesidad de que contestara mi reportaje, “ardió troya”. Desde que comenzó su bendita menopausia casi no hay manera de hablar con ella sin que se transforme en un aquelarre y yo, para colmo, insisto en convencerla desde una supuesta paralelización que quiero hacer con el reportaje al viejo.

Ya que fue inevitable que ardiera Troya, no es necesario que también incendiemos Roma. Así que voy yo –solito y desde lo que se-- a contar la historia (perdón, Ma, vos lo quisiste así).
No es que en los sesenta las mujeres llegaran vírgenes al matrimonio -–ni mucho menos—pero parece que mamá era onda más bien tímida, y eso le impedía dar pie con bola en la relación y la subyugación que emanaba de su propia madre.

La abuela era --es— una mujer terrible, digamos, lo contrario de indecisa ¿cómo se dice?: una especie de mandamás que se vanagloria siempre de haber conducido con gran éxito un ejército de cinco hijos, una madre y un padre ancianos, una mucama paraguaya, un perro y... un marido.
(Así que si quieren saber qué pasó con una hija tímida en ese entorno, imagínenlo. Nada más imaginativo que un lector moderno). (Y sin links).

Presumo –con mucho fundamento— que a mamá le costaba embarcar en una vida sexual propia en tal contexto...

Apenas si había cumplido dieciséis años cuando conoció al viejo, de veintidós, que era cadete del diario “Crónica”, y que eso le permitía florearse autotitulándose “periodista”. Esa asincronía entre una estudiante secundaria tímida y un “señor periodista” emborrachaban a Marita, que se pensó enamorada y no que estaba “siendo transferida” de la esfera decisional de la abuela a la de papá...

Así que –como imaginarán- la vida sexual de mamá cambió rotundamente.

Cuando mamá cumplió los veinte ya hacía cuatro años que escondía sus reales prácticas sexuales con su novio, que eran secretas y que en aquellos tiempos no había manera de develar sin que surgieran verdaderos escándalos familiares y sociales (eso dicen, yo no me lo imagino, y no porque creo que me mientan, pienso que exageran; en todos los temas de sexo la gente mayor se altera un poco, es como que tienen grabado a fuego aquello de que “de eso no se habla”).

Cuando el viejo (y según él muy legítimamente) le empezó a hablar de matrimonio (ya había dejado de ser “cadete” y pretendido periodista porque para entonces era un empleado público con trabajo “seguro”) la cosa se descalabró. Mi mamá se cuestionó dos cosas: si quería casarse y si realmente amaba a su pareja. Lo cierto es que, de tal crisis sólo se podía salir de dos formas: rompiendo la relación o casándose, una solución para la que no se requería dar mayores explicaciones, y que cortaba de una vez el pesado vínculo familiar (léase con su madre).

Pero la vida, (que, como diría Hegel, tiene sus insospechados e inverosímiles trucos para pensarse a sí misma) la arrastró a confiar su problemática en busca de solución a su madre. Mi abuela se ha caracterizado por asumir “arreglar la vida a todo el mundo”, por lo cual las confesiones de su hija Marita no podían ser la excepción: preparó sin contratiempos la planificación de todo un pack de soluciones inmediatas que –obviamente—terminarían en boda. Así que –cuando pretendió aterrizar—mamá ya era esposa y madre.

(Ma: si estás leyendo esto, y todavía no te desmayaste, entendé cuánto mejor es un reportaje que una biografía no autorizada. En un reportaje, mal que mal, el entrevistado orienta como quiere --o puede-- el tenor de las preguntas. A esta altura me estarías contando cuánto te gustaba de chica el cine de Disney, los pochoclos y otras boludeces por el estilo...)

Marita parecía vivir bien su experiencia: el primer año fue muy bueno, algo pasearon, veían mucho de lo que por entonces se llamaba “cine arte”, cuando podían se rajaban para la playa, se compraron un autito viejo. No les sobraba la plata, pero se podían dar ciertos lujos para la época. Al año siguiente aparecí yo. Después vinieron mis otros dos hermanos.

Cuenta la vieja que todo se complicó cuando no pudo dominar más sus celos, y su obsesión por perseguir a papá terminó con lo que ella misma deseaba: descubrir alguna de sus infidelidades.
Yo tenía once años cuando en una penosa escena, mamá echó a papá de casa en medio de un gran escándalo. Nunca más volvió a casa. Nunca voy a olvidar ese dolor.

Aceptar a Eduardo en casa fue otro tema. Es obvio que –entonces sí— mamá había logrado enamorarse. Tiempo después mamá quedó embarazada, pero con tan poco éxito como la misma pareja, que desapareció poco antes que nos enteráramos del fallecimiento del pobre Eduardo, un buen tipo...

Mamá no intentó hace rnuevas parejas, aunque siempre le pescamos alguna “historia”, sumergida entre sus clases de metafísica, yoga y fenshuí. Ahora está entusiasmadísima con un curso de “milagros”, ángeles y cosas así, que lleva a cabo en plena Villa Freud.

Sus tres hijos ya no vivimos con ella. Mamá trata de lucir joven y lo logra bastante bien: se cuida del chocolate, el cigarrillo y los nefastos resabios de una menopausia más bien tardía.
Y no contesta reportajes. Y pronto quedará muy sorprendida al reconocer que se transformó en el principal personaje de mi nueva novela.

(Ay, mire, los hijos no terminan nunca de darle dolores de cabeza a una...)

6.9.04

De niños y cayetanos (y poco tiempo para postear)

En Argentina se acaban de celebrar dos festejos tradicionales: San Cayetano el 7 de agosto, y el Día del Niño el 8. Son dos acontecimientos incorporados al acerbo de la clase media, y como todo lo tradicional parecería un poco tabú tirarse en contra de ellos, así que por eso mismo lo haremos.
Vamos primero a San Cayetano. No voy a bucear en el fenómeno, y menos con referencias demasiado bibliográficas. Entre las muchas cosas que son la gente, una significativa es que son muy supersticiosa. En un medio como el argentino hay que cuidarse permanentemente de no "decir lo indebido" ni ser clasificado como "yetatore" aun en nimiedades. Nada de decir "parece que va a llover fuerte" porque uno vio unas nubecitas oscuras, y que luego sobrevenga un vendaval, porque uno pasa así a ser el agente de tal desgracia. Y si esto pasa dos veces sonó: uno es "yetattore", una calificación a la que todo el mundo encontrará un motivo para agregarle desgracias...
Existe una curiosa costumbre: la de "atar" la vida de uno a la estrella de un "santo": un ser que vivió hace taitantos años y que fue destacado por la religión como un ente capaz de catalizar milagros sobre quien adhiera a él, por medio de rituales que van desde oraciones, sacrificios e invocaciones de todo tipo.
En ese sentido, hay santos para cada rubro que haya que destacar en la vida personal de uno. Y San Cayetano cristalizó el ser que consigue "pan, paz y trabajo". Y a esta altura del desarrollo de la globalización en este país post-menemista (*) trabajo es lo que más falta o dicen que falta en la medida necesaria o anhelada.
Para mis seguidores (si es que por ventura hubiera alguno) les agradezco la paciencia. Esta nota, que obviamente se había iniciado allá por principios de agosto y quedó trunca en la máquina misma, la voy a terminar aquí. No es falta de ideas, es falta de tiempo. Así que para encontrar temas de mayor interés les recomiendo esperar unos días más. Gracias.

(*) Con post-menemismo nos referimos a 1989-1999, el periodo de la presidencia de Carlos Menem en Argentina. En tales años se ensayaron varias cuestiones a nivel global, como la radicación del neo-liberalismo cuyo eje central fue el del "achicamiento del Estado", a partir de las privatizaciones. Casi todos los principales protagonistas de esta historia están presos, procesados, prófugos o en situaciones intermedias algunas destacadas, como el inventor del 1 a 1 o ley de convertibilidad, que es profesor destacado en universidades norteamericanas, no tanto por ser el que más conoce de la puesta en práctica de las teorías neoliberales, cuanto del manejo impecable del idioma inglés...