29.7.04

EVITA: CINCUENTA AÑOS DE SOLEDAD

Si estás leyendo esto y sos de Chicago o Ámsterdam te va a costar entenderlo, porque para ustedes Evita es un ícono conectado con la comedia musical: una señora linda y elegante vestida por Christian Dior.
Una contradicción que si bien fue alimentada por ella misma, es lo más lejana a la esencia de uno de los más importantes personajes que ha tenido la causa feminista, la causa de los desesperanzados y... la historia contemporánea.
Le tocó vivir en una era donde el destino de cada mujer iba inexorablemente atada a la decisión de vida de dos hombres: su padre y su marido. Y que ella, apenas ingresando a la adolescencia osó quebrar. Decidió ser actriz en una época donde o se era "diva total" o se sufría las mil y una para alcanzar un lugar relevante.
A mitad de la década del cuarenta, mientras el mundo se quebraba en dos por la peor guerra de que se tenga memoria, en este país del confín sur estaban pasando cosas interesantes: había gente que estaba dando vuelta la historia.
Hasta entonces, en Argentina había manejado el país un establishment (fuera del partido que fuese) originado en el poder económico de la tierra: los ganaderos y los cerealistas. Esta nación había sido definida por los grandes centros mundiales como proveedor de alimentos: carne, trigo y maíz, y obviamente el poder (¡y qué poder!) lo tenían los dueños de la tierra.
Señores que, junto con su descendencia, habían manejado con poder discrecional todos los resortes: económicos, jurídicos, políticos...
¿Cómo eran sus mujeres? Cultas, dentro de lo que se habilitaba para la cultura de entonces: idiomas, piano, y aprender a mandar, parir y administrar una familia, su descendencia y servidumbre, y a lo sumo distinguirse en el manejo de la beneficencia. No hay que olvidar que para las mentes bien planchadas, todavía era reciente el Concilio de Nicea (325 D.C.), en el que se decretó que las mujeres "también" tenían alma.
Pero en casi todo el mundo con hábitos democráticos las mujeres no podían votar (un derecho promovido por la propia Eva en 1947, en Francia recién en 1946, en Suiza en 1971). Y carecían de importantes derechos civiles, como la patria potestad (en Argentina un derecho adquirido recién en 1985).
En la Argentina de la primera mitad del siglo 20, la mujer estaba destinada apenas a funcionar atada al carro de un hombre. Casi no tenía derechos a ser considerada como un ser independiente.
Pero la mujer estaba por empezar a existir "de otra manera". Y no estoy hablando de las excepciones: se llamaran Alicia Moreau de Justo o cualquiera de las hoy distinguidas con los nombres de las calles del barrio de Puerto Madero: me refiero a la entidad femenina que late en esos racimos de profesionales que hoy entregan a la sociedad las cientos de universidades argentinas.
Aquellas mujeres que no estuvieran emparentadas con el poder -hijas, esposas o hermanas de terratenientes, sus proveedores y sus funcionarios- corrían serio peligro de quedar demasiado "tapadas" en el juego social, y destinadas apenas a ser docentes, mucamas, monjas, enfermeras o prostitutas: tres niveles de prestigio/desprestigio posible en la sociedad pre-Evita.
Eva reunía todos los componentes de no-aceptación social para la época: era hija no legítima, campesina, carecía de mayor instrucción, no pertenecía a ninguna de las clases sociales "bien consideradas" y, como si todo esto fuera poco, era mujer ¡y actriz!
Esta mujer es la que un día obtuvo la posibilidad de ser "primera dama", esposa de un presidente elegido por medio de un proceso democrático, el primero totalmente "limpio" en la historia argentina. Y le quedó un camino sencillo -el mismo que optarían muchas de las mujeres en el futuro- o transformarse en actuar "como si" fuera de la clase poderosa, o ser ella misma, con los riesgos que aquello implicaba. Y al optar como lo hizo, pasó a la historia.
El resto es una historia conocida, con cientos de anécdotas que pintan una personalidad deslumbrante, para algunos santa para otros cerca de la locura, o el protagonismo operístico, el mismo que deslumbró una y otra vez a los dramaturgos para revivirla en la escena.
Está la historia de los deformes que protegió, las madrugadas febriles en su escritorio, repartiendo dentaduras postizas o camillas, las discusiones mano
a mano con huelguistas, los discursos teñidos por un lenguaje exacerbado y siempre blasfemando a los ricos...
¿Es que todas las desgracias con que fuimos atacados los argentinos comenzaron con su decadencia física y su muerte?
¿Será posible que aquella pasión encendida a partir de terminar con la injusticia, el dolor y el sufrimiento se fueran, sencillamente, con ella?
¿Es que quedó algo de todo aquello?
Como dice en el título: hace un poquito más de medio siglo que estamos solos: los chicos de las colonias de vacaciones y los campeonatos de fútbol, las viejas que lograban su primera máquina de coser propia, las mujeres que se asomaban a nuevos derechos. Y también los empresarios, que temían que en cualquier momento ingresara en sus oficinas la comitiva con "la señora" al frente, a revisar en persona "las cosas que andan mal con sus grasitas".
Y ésta es la primera rareza de Vitali.

28.7.04

¿Qué es esto de las rarezas?

Freak le dicen los americanos.
Sospechosos determinan los del establishment.
Subversivos señalan los demasiado integrados a cualquier sistema.

Lo importante es que en todos los tiempos se ha encontrado bastante intranquilizador el pensamiento que no sea en algo similar al del promedio.

Raro es pensar distinto.  Raro es pensar, a veces y en algunos lugares.  Raro es expresar lo que se siente y que no sea igual -o bastante parecido- a lo que piensa la gente de los alrededores.

Por eso abrimos este espacio.  Y le damos las gracias por estar por aquí.  Preste atención: pronto empezaremos a webloggear hasta cansarnos.

Bienvenido.