1.6.12

UN pequeño RECUERDO


Yo, y sólo yo. Yo tengo toda la culpa.
Todo comenzó en el Hotel Quintana, en SanLuis. Hace unos quince años que paro allí cuando voy todos los meses –o cada dos meses, todo depende-.
Trabajo en Foreign Packs, y nuestra planta principal está en el parque industrial de San Luis. Soy ingeniero de producción, y cuando puedo me doy vuelta por allí para controlar los estándares de producción.
En 1998, en uno de mis primeros viajes, conocí a Roxana. Ella tenía 25 años y acababa de romper con su noviecito de la juventud. Era la recepcionista de la planta y bueno… yo estaba solo y la invité. Desde entonces compartimos la habitación, y en el hotel siempre pensaron que éramos un matrimonio de la Capital.
Desde cuatro o cinco años atrás, Roxana me empezó a pedir “definiciones”. Quedé atónito, porque ella sabe que soy casado y que lo nuestro es una interesantísima aventura periódica. Ni sé qué se le dio.
O sea que, desde entonces, mi pasada por San Luis tiene un sino distinto. Roxana ha ensayado todo el repertorio femenino: llantos, juramentos de venganza, insultos, maldiciones. Sin abandonar los mimos y las mejores encamadas que, parece mentira, mejoraron notoriamente desde que comenzó este nuevo ciclo.
En abril pasé por última vez por San Luis, y la situación se me puso un algo crítica. Habíamos salido a cenar al Potrero de Funes, un ambiente distendido con una deliciosa comida. Me pidió definiciones y yo, que en el fondo soy humano, me comprometí a separarme de mi mujer e irnos a vivir juntos. Creo que el nivel de champagne consumido me hizo prometer mucho más de lo que podría en realidad hacer. Y aquella noche terminó muy pero muy bien, nunca había percibido orgasmos tan bien elucubrados por ambos.
Volví a San Luis anteayer, en un viaje tan rutinario como de costumbre. Roxana estuvo muy mimosa, intensa y ni siquiera insistió sobre el tema pareja. Es como que ella también quiere disfrutar de este momento mutuo que estamos viviendo.
Tal vez nunca antes habíamos disfrutado del sexo tan intensamente. Hasta que mi maldito celular, sonó.
No era mi mujer, no. Ella no suele incomodar cuando estamos juntos. Era Matías, mi asistente industrial. Estaba aterrado. Su misión terminó espantándome a mí. Me anunciaba que el Ingeniero Carriles, mi jefe, había muerto. Empecinado en ganar a toda costa una partida de tenis con otro de los capos de la empresa, había quedado tendido en el piso con un ataque cardiaco fulminante. Matías me pedía que volviera ya mismo. Y el pánico del muchacho no era, a esa altura, menor al mío.
No sabía cómo explicarle a Roxana la dimensión del problema: yo para ella era sólo un visitante fortuito, siempre en situaciones exitosas y felices. Decidí hablar por teléfono con la planta para que me consiguieran un regreso urgente, aunque más no fuera en un vuelo chárter. Me quedó tiempo para ducharme y despedirme de Roxana, embarcar y regresar. En Buenos Aires lo que me esperara podía ser siempre peor.
Durante todo el viaje fui planteándome todos los pro y contra de la nueva situación en que me encontraba. Nunca habíamos previsto en la empresa una situación como ésta, y me preguntaba si alguien ya estaría pensando en cómo resolverla. ¿Sería yo el que debiera suceder al occiso, o el hijo de puta de Martínez, o ignorarían el necesitar otro, cuestión que complicaría todo?
Estaba en esas cavilaciones cuando giré la llave de casa y abrí la puerta. Se oían gritos. Aullidos fáciles de identificar, luego de treinta años de casado: eran los que le solían producir sus orgasmos a mi mujer. Conmigo. Pero en este caso yo era el que obviamente estaba aquí, en la puerta, y no allí, en nuestra cama.
Ese segundo de duda fue el que me detuvo. ¿Subo y los mato, lo denuncio o los puteo, o qué?
Y me decidí bastante rápido por el “qué”. Pensé que, tal vez, podría sacar rédito de esta nueva situación. Así que cerré muy suavemente la puerta, y abandoné el edificio. Por suerte, ningún conocido se cruzó conmigo.
Marqué el número del celular de Patricia, y la saludé todo lo afectivamente que pude simular. Me parece que ella también contestó de igual manera. Le conté la triste noticia de la muerte de mi jefe, y le dije que estaba llegando a casa, que en unos instantes arribaría. Y me quedé a unos metros de la puerta del edificio para ver quién salía.
¿Quieren creer que nadie salió?
Quince minutos después, y como si recién llegara, traspasé finalmente la entrada. Fue ahí cuando me crucé con Pablo, el encargado. Me llamó la atención su nerviosismo y –sobre todo- que su rostro se enrojeciera al saludarme.
“Es él –me dije- joven, soltero, y con esa actitud siempre desafiante”.
Ya en mi departamento, mi mujer estaba radiante, como si nada hubiera pasado. Me recibió exultante y preguntándome si tomaría un café. Mi única respuesta fue que “teníamos que hablar”. No porque quisiera hacerlo, sino que tantas veces ella me “había preparado” con la frasecita, que no quería perder la oportunidad para poder emplearla yo alguna vez con ella.
Le mentí que había contratado un detective porque sospechaba de sus infidelidades, y que el hombre había logrado descubrir que su amante era el portero. Lloró, me acusó de hipócrita, de falso y mentiroso, y se encerró en la habitación a seguir llorando.
En eso sonó el teléfono. Era Roxana. Me contó que ella, durante este viaje, se había quedado con un pequeño recuerdo mío, que me devolvería pronto. Nada menos que el anillo de casado que yo no usaba nunca durante mis permanencias en San Luis. Y que lo había fotografiado para mandárselo por email a mi mujer, a menos que yo le confirmara al fin sobre mi separación.

19.10.07

FELIZ DÍA, MAMÁ


Heber es el analista que me atiende por decimoquinto año consecutivo. Para mí asistir a sus sesiones es ya es como afeitarme o entrar a McDonald’s: son parte ineludible de mi vida.
- Disculpame –dice- pero anoche tuve una rave y estoy algo cansado.
- ¿Un poco? ¡Te vas a quedar totalmente dormido mientras yo hablo para que me ayudes con mi psiquis podrida!
- ¡Dale! Si me dormito un poco te vas a dar cuenta: o hacés como si nada o si realmente te interesa insistís con lo que decías...
- Mirá que mi tema de hoy es bravo: se trata de mi vieja...
- ¡Otra vez con esa vieja loca! ¿Qué te hizo ahora?
- Anoche me llamó porque está interesada en influir sobre mi elección del regalo para el día de la madre.
- ¿Regalo? ¡No sabía que estás de nuevo amigado con tu vieja!
- No estamos amigados. Desde que le pagué la operación de apendicitis a su novio artista plástico para que no se muriera, no volví a hablarle.
- Le salvaste la vida.
- Sí pero se peleó luego para siempre, y no voy a ver un peso más en mi vida. Bueno, como si aquello no hubiera pasado, mamá me llamó muy nostálgica diciendo cuánto me amaba y que quería un PlayStation para el día de la madre.
- ¿Un qué?
- Una máquina para jueguitos tridimensionales. Dice que desde que rompió con su último novio está muy aburrida. Que ella no es de las madres que se van a poner a ver teleteatros o reunirse a tomar el té con sus amigas gordas y llenas de arrugas en Las Violetas.
- Tiene un nuevo novio, seguro.
- ¿Vos creés?
- ¿Para qué te creés que es la maquinita? ¡Pescó un teen! ¡Desde que Graciela Alfano cría un novio, todas mis pacientes la envidian! ¡Seguro que tiene un novio menor que vos! ¡Y no pongás esa cara de desconcierto! ¡Seguro que lo conocés o es amigo tuyo, pasa siempre!
- Pongo esta cara porque no sólo no te dormiste, sino que logré que dijeras esta sarta de sandeces sobre mi santa madrecita.
- Ufa... santa madrecita... Acordate que si no fuera por mí nunca hubieras deducido que era ella la que compraba libros y videos por internet con el número de tu tarjeta...
- Pobre: al fin y al cabo se aburre, y leer a Paulo Coelho la pone como eufórica...
- ¿Qué llevás en ese bolso?
- Una Play Station.
Heber no se durmió, y creo que porque lo dejé muy preocupado. En parte porque siempre sospeché que él tampoco se lleva muy bien con la vieja, pero también porque bajó un poco la temperatura y ninguno de los dos salimos con un saquito (por si refrescaba).

2.9.07

CAUSALIDAD, LA EXCUSA PARA REVESTIR TODA CASUALIDAD


El “core” de las ideologías y las religiones (si es que hay alguna diferencia entre ambas) pasa por la famosa determinación de casualidad o causalidad. Es decir: lo que los inadvertidos llamarían casualidad, para los iniciados es claro que se trata de causalidad.
Truman Capote (vuelto a poner de moda por aspectos biográficos suyos filmados por Hollywood) se montó sobre la vieja creencia de objetividad periodística para crear ese mamotreto del marketing literario que se llamó “A sangre fría”. Porque desde alguna concepción, se supone que detrás de todo hecho hay:
a) la situación en sí, posible de ser contada paso a paso, tal como sucedió, suponiendo que cuanto más minucioso se sea más se descubre de lo que sucediera en sí.
b) la interpretación de la situación a través de mensajeros, pregoneros y diseminadores, cada uno de los cuales agregando su interpretación o intencionalidad.
c) el entorno y los intereses que “agrega” quien pretende organizar los datos y relatarlos.
En Argentina conocemos cientos de casos que o se transformaron en mitos o en interpretaciones a las cuales a través de los tiempos siempre parece descubrirse “algo más”. Pasa con las biografías de “famosos”, desde San Martín a de la Rúa, desde Evita hasta Monzón, o hechos periodísticos como los crímenes de Mirta Penjerek a María Marta Belsunce, de Pedro Aramburu a José Luis Cabezas.
Es que cierta visión periodística de la realidad presupone que “en algún lugar” reside cada hecho tal cual sucedió y que sólo espera ser “recogido” por cualquier sagaz investigador. ¿Cómo? Pues a través de una tarea similar a la de la investigación científica, que permita develar a) la forma en que sucedió y b) las “razones” por las cuales sucedieron.
A Truman Capote lo obsesionaron estos dos aspectos, que intentó explotar para llegar a finalizar su obra.
El primer aspecto, o lo que suele denominarse “hecho objetivo” es una pata importante de la cuestión, casi imposible de obviar o negar, porque lo que sucedió es obvio que “existió”. Pero: ¿es posible acceder a la información?
Muchos hechos hoy son reproducidos hasta el infinito en detalle porque vivimos rodeados de cámaras, algo así como testigos inexorables “plantados” en todos lados. Cuando el dueño de un lugar que fue asaltado relata su visión de lo que sucedió, basta con acudir al documento registrado y saber algo más sobre el hecho mismo que lo que asegura el testigo que hasta entonces parecía ser el único y el más importante.
Capote se dedica a investigar el crimen de toda una familia en manos de dos jóvenes, en una casa de campo, en la década del cincuenta. Sin cámaras ni otros testigos, debió confiar en el relato de los dos acusados, que por supuesto estaban (junto con sus abogados) más interesados en salvar su pellejo que en dar a la Historia un notable y fiel testimonio.
¿Capote tenía alguna alternativa de cubrir ese primer aspecto de lograr conocer de verdad cómo fueron los hechos?
Claro que donde se agrava el tema es en el segundo aspecto –al menos para este caso- que es la pretensión de “conocer las causas”, y si partimos del supuesto de que las hubiera.
En los Estados Unidos, paraíso de las encuestas, se realizó una serie de testeos de la opinión pública que trataban de medir la incidencia del prejuicio. En uno de los estudios que se realizaba en un teatro, se exponían ante un panel una escena por la cual pasaban corriendo dos mujeres blancas desnudas, y luego detrás un hombre negro, también corriendo pero vestido.
A la pregunta sobre identificación de lo que habían visto, las interpretaciones del público, finalizada tal escena, se polarizaron en una serie de opiniones, que iban de “dos pobres chicas abusadas que huían de su violador que trata de acallarlas matándolas (algunos aseguraron que el negro portaba un cuchillo)”, hasta quienes aseguraban haber presenciado una escena teatral con dos bellas actrices desnudas y un actor que también corría. Adivinen cuál respuesta solía ser la mayoritaria.
Capote creía poder llegar al nudo principal de aquellos crímenes que él (pero sobre todo la policía y la justicia) investigaba. Vivía obnubilado por la certeza de que iría a encontrar las “razones” que llevaron a los dos jóvenes asesinos a realizarlos.
Es que parece haber en la mente de los “bienpensantes” ciertas fórmulas que se reactivan frente a cuestiones como el hecho de no encontrar desde el vamos en cada cosa esas “razones” que parecen haberlas generados.
Esta es la gloria de las religiones, las políticas, las ideologías y hasta las corporaciones: poder encontrar, crear o simular las razones que satisfacen las mentes que necesitan cerrar su entendimiento de los hechos a través de la aparente coherencia que generan tales supuestas razones.
Los dioses, santos, ángeles y espíritus de toda índole viven en acción generando “causas” en todas las religiones. Para los políticos hubo siempre “equivocados conceptos aplicados” “o la errónea acción de gestiones anteriores heredadas por nuestro gobierno”, o bien “la aplicación de medidas correctas”. Las ideologías, algunas hasta de corte autoadjudicadas como “científicas” se nutren de conceptos muy ricos: como “imperialismo”, “dictadura” y hasta “acciones participativas” y términos nunca explicitados del todo pero sobreentendidos como “pueblo” o “popular”, “soberanía”. Es decir: los términos son tantos y tan copiosos que hasta hay diccionarios políticos. Y ni hablar de corporaciones, las cuales inventan un revestimiento de legalidad que busca una sola razón: supervivencia a perpetuidad (como saben, muchas son las que ya lo han logrado).
Volviendo a Capote, su arma de apariencia tan infalible tuvo la peor de las falibilidades: la paradoja de tener que quedar atrapado en los únicos testigos que le daban la mejor (¿o peor?) de las informaciones: los propios asesinos.
Lombroso fue un famoso médico italiano que influyó sobre mucha policía y justicia desde mediados del siglo 19 con sus teorías acerca de la manera en que se podían identificar posibles delincuentes por medio de su conformación física, sumados a su entorno social, geográfico, ideológico y político. En cierta manera, fue una forma práctica de encontrar causas allí donde había hechos. Y para Lombroso era muy importante identificar causas porque al igual que la medicina que ejercía, buscaba enfermedades para desarrollar “remedios”, su pretensión era precisamente remediar el mal social que provocaba la delincuencia. El problema para los lombrosianos era el altísimo índice de desacierto que solía comprobarse en la aplicación de tales trasnochadas teorías, a los que ellos también creían certeras por imaginar científicas.
Pero lo que hacía Lombroso era apenas si pretender darle sustento a esa tendencia habitual que tienen los humanos de ponerle posibles interpretaciones con aire de certeza, que parecen completar “lo que no se sabe” sobre algo.
Las fórmulas las vemos todos los días: un refugiado extranjero en el entorno de un delito recién cometido suele vinculárselo con automaticidad al mismo, aunque sólo pasara por allí. El equivalente del “negro violador” de la escena arriba contada, podría ser un peruano en Argentina o un marroquí en Francia. Cada medio posee sus propios fantasmas.

30.7.07

FELIZ ANIVERSARIO



Tres años en este mundo informatizado equivalen a la guerra de los cien años de aquel entonces.


El 28 de julio de 2003 me senté en mi PC e hice mi primer blog, que lucía como lo ves en la foto.
Yo -y también vos- teníamos tres años menos. Y, tal vez, unas cuantas ilusiones más.
Hice este blog con bastante energía. Por entonces internet brindaba una nueva luz, la misma que había alumbrado a la generación que allá por el 98 había enloquecido a tantos protagonistas de la “fiebre punto com”.
Es que, solo muy de a poco vamos descubriendo “esto”.

Y no es que me vaya, apenas “me mudo” y voy a volver aquí una vez cada tanto. Digamos que esta va a ser mi residencia de fin de semana.

Ahora estaré en http://www.igooh.com.ar/, y allí, si quieren, podrán encontrarme cada tanto.

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21.5.07

LA CONDICIÓN DEL GÉNERO

“Ser hombre” y “ser mujer” son dos condiciones (o condicionamientos) culturales. En Latinoamérica tienen una raíz machista, que impone una división tajante de tareas. El determinante pareciera ser el hecho inmodificable de que la maternidad no es opcional: la mujer es la encargada biológica de parir. Por lo tanto, pareciera que la misma biología le otorgó al macho un papel ineludible: salir a buscar el sustento para los dos y sus crías. Hasta allí, en una sociedad primitiva es entendible. La mujer está “atada” a su casa, el hombre encontrará medios “afuera”.Ese esquema fue sostenible hasta la primera mitad del siglo 20. A partir de las feroces guerras que atravesaron el mundo, el papel laboral de la mujer comenzó a tener mayor sentido, mucho más del que había tenido hasta entonces, siempre docente, enfermera o mucama.Está demás decir que no es el papel que tiene hoy: desde presidenta hasta ingeniera, de ministra o diputada hasta jueza o médica. Y en algunas profesiones con más representantes que los varones.En una sociedad en que hombres y mujeres cumplen igual papel ¿puede la realidad de conjunto seguir igual? ¿Pueden en el hogar seguir cumpliendo iguales funciones?Me refiero a las funciones clásicas. El hombre trabajaba afuera y volvía a casa a descansar. La mujer trabajaba en la casa y lo esperaba para que cenara y disfrutaran junto de la limpieza y el orden que ella manejaba, los hijos criados y el lecho tibio y ordenado listo para una nueva velada sexual.Claro que ahora los dos salen y los dos vuelven. ¿Puede sin embargo continuar la obligación femenina de hacer las tareas que le impone su condición de “ser mujer”?Sí. Al menos eso es lo que dice una encuesta oficial argentina muy interesante y que refleja el diario Clarín de Buenos Aires en http://www.clarin.com/diario/2007/05/19/sociedad/s-05215.htm.En Argentina, ese país que parece tan progre, 7 de cada 10 hombres cuya mujer trabaja ¡la obligan a hacer las tareas de la casa!Algo que Roa (uno de los capos periodísticos del diario) llama con dulzura “doble imposición” es aquello que durante más de cien años los marxistas llaman “doble explotación”: la que ejerce un sistema social y su propia pareja.A partir de aquí viene, taxativa, mi interpretación.¿Sabe por qué su hija admite ese maltrato de su esposo? ¡Por que usted se lo enseñó! A partir de una pretendida “diferenciación sexual” al chico se le da una pelota (sé agresivo, competí) y a la nena una muñeca (sé maternal, hogareña). A cada uno se le transmite MEDIA REALIDAD: la que le conviene a la sociedad que se retroalimenta para continuar el sistema.Sólo un cambio generacional, hecho de previa conciencia parental podría llevar al cambio real de conductas. Esto es: que los chicos se vayan acostumbrando a la idea de que en el hogar, todos colaboran. Que cambiar pañales, cocinar, o limpiar no son “tareas del género femenino” sino tareas de la vida, a secas.¿De dónde viene la cosa? De la creencia de que el “ser varón” es un hecho que puede deformarse por los hábitos. De que un chico gay puede asumirlo por creerse mujer a partir de una cuestión cultural.Conozco mujeres muy progres que creen esto. Que sus hijos “pueden amariconarse” si ellas les piden que lave los platos o planchen, hagan la cama o cambien los pañales del hermano.Todo este lío proviene, creo, de estar a dos aguas entre aquella sociedad tradicional y esta que se las trae: las mujeres cada vez ocupan funciones más importantes. En Chile, una sociedad dominada por conservadores capitalistas y cuasi-feudales, gobierna una mujer que fue militante de izquierda e hija de un perseguido.Latinoamérica, de a poco está cambiando. Mucho no sabemos para dónde. Mejor miramos y aprendemos.

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14.5.07

AL RESCATE DE LA IDIOTEZ GUARDADA

Hay muchas cosas que uno hace sin saber por qué. Por ejemplo, comprar un televisor de alta definición para ver o un programa de chicos puteando o durmiendo (Gran Hermano) o de descerebrados que bailan danzas ensayadas hasta el espanto. Es decir: una continuidad de “Feliz Domingo”, en el que al menos siempre o estaba uno o algún amigo del barrio. Lo de hoy lo veo bastante similar pero con mejor sonido, color y calidad de imagen, escenografía, vestuario y tecnología.
Otra cosa que uno hace sin saber por qué es ver de nuevo al hombre araña perdiendo a su novia, peleando en medio de desafíos a la ley de gravedad y un endiosamiento perdido a la sociedad neoliberal casi eternizada.
He sido lector fanatizado del Spider-Man, años atrás. Y ahora pretendo ser crítico de hazañas que ya rozan el delirio. Porque cualquiera de las misiones que sus guionistas le proponen al pobre, causarían la muerte inmediata tuya o mía. Es decir: de todo otro que no sean esos protagonistas bendecidos por quién sabe qué fuerza que los deja siempre al margen de todo peligro.
¡Así da gusto escribir! El manejo de personajes de ficción que por definición de sus productores “no deben morir nunca”. A diferencia de muchos otros superhéroes tipo Clark Kent, Peter Parker es mortal pero... no muere. Y su mito alcanza a todo el cast: ¡nadie muere! Es una especie de refinada y violenta soap opera... de inmortales mortales.
La grandeza de “Spider Man 3” –al que nos referimos- no reside en sí mismo sino en los principios sobre los cuales se animaron a construirlo. A diferencia de otras transcripciones al cine del mundo de la historieta, en esta se mantienen las estructuras naif que permitían al lector leerla en el inodoro, el colectivo o la cola del súper.
La base de la historia es:
* Hay buenos y malos
* Hay bien y mal en lucha permanente y compleja
* Oh: hay buenos que devienen malos y malos que –freudianamente- se vuelven de buenos...
Hummm...
* La muerte no es de temer –mire- porque sobreviene luego de pelear contra dos elementos vitales: los enemigos –buenos o malos- y ¡las leyes físicas, con especial énfasis en las de la gravedad!!!!!
En realidad, la película establece nuevas leyes físicas, porque si en la calle una mujer común se cae de sus tacos de 10 centímetros se fractura y permanece inválida no menos de un mes. Pero si las que caen son la novia de Peter Parker o sus compañeras desde un piso 80, ¡caen con el ánimo suficiente para darle un emocionado abrazo a su padre!
Ni hablar del arácnido: cae todas las veces necesarias para hacerse paté desde minutos de empezado el film, pero ni gime.
Cuando yo tenía 12 ambicionaba parecerme a Parker y vivir sus hazañas. Hoy aquel sueño me parece bastante boludo. Salvo por la taquilla.

25.4.07

MEJOR QUE A MELIES LE SALIÓ...


Dos recursos de muy vieja data, como el periodismo y la historia poseen un viejo prestigio por su fundamentación original: informar uno y dar a conocer el pasado la otra. Pero las razones económicas tiñen hoy cualquier recurso y asegura su continuidad en una era en la que la tecnología de punta viaja en las mochilas de los estudiantes... Así es como recurren hoy a una forma interesante para encontrar temas con buen rating. No es precisamente muy nuevo pero sí redituable. Tanto, que en Buenos Aires ya hay un programa de televisión sobre la recreación de la historia en la cual, por supuesto, nada de lo que fue, fue...
Como ustedes ya saben, San Martín estaba muy enfermo, a Mariano Moreno lo asesinaron, Rosas era buenísimo y Sarmiento malísimo, a Kennedy lo mató una conspiración con Johnson al frente y toda la CIA detrás, Hitler no se suicidó... y parece que se fue a vivir a Sudamérica (¿Argentina?) En fin, lo que sostenemos más arriba: pareciera ser que nada fue ni como lo vivimos ni como nos lo contaron.
Esto que en un principio se llamó "revisionismo histórico", es tan acelerado que ya podríamos llamarlo "revisionismo histérico".
Ahora parece que Armstrong, que consolidó su fama total por ser -nada más y nada menos- que el primer hombre que pisó la luna, no sólo no lo hizo sino que lo simuló.
Independientemente que la afirmación sea o no cierta, el hecho implica algo grave. Si es cierto, es no sólo el engaño más grande de la historia (con 500 millones de testigos que creen haberlo presenciado) sino el mejor, más perfecto y más efectivo.
Pero para explicarlo , vayamos por partes.
Mundo perro
En la tierra siempre hubo enfrentamientos, y grandes y demoledoras guerras. Dos de las más rapaces se coronaron en la primera mitad del siglo veinte: la primera y segunda "guerras mundiales", muestras de la necedad, idiotez y posibilidad de manipulación de los poderosos de la tierra. Y también del poder científico y tecnológico con que contaron a su favor: nuevas máquinas de destrucción cada vez más poderosas diezmaron la humanidad hasta llegar a la bomba atómica: un chiche que, en manos de los guerreros fue el aquelarre que permitió al menos concluir una serie que parecía interminable de muertes y destrozos.
Después de tanta estupidez, la tierra quedó definitivamente dividida en dos bloques con apariencia irreconciliable: el del "mundo libre" y el de los países "detrás de la cortina de hierro". Esto, de alguna manera traducido, significaba: el mundo capitalista, con fuerte influencia de economía liberal, versus el mundo socialista, con un planteo altamente coercitivo y con economía planificada.
Es lo que se llamó "guerra fría". Es decir: no se enfrentaban directamente (salvo a través de guerras como la de Corea, o Vietnam), pero la tensión tenía una forma de control inestable.
Uno de los capítulos de ese enfrentamiento fue lo que se denominó la guerra espacial. En determinado momento, Estados Unidos y la Unión Soviética decidieron que la estrategia era "ganar el espacio", prepararse para conquistarlo y desde allí dominar. Hay que recordar que un principio así llevó a la gloria a Gran Bretaña en los siglos anteriores. Conquistar los lugares, las tierra, los espacios que son útiles desde un punto de vista guerrero. Se llamen Gibraltar o Islas del Atlántico Sur.
Y el nuevo frente de guerra se llamó Espacio. Y se cumplía así lo que la novelística de ciencia ficción anunciaba más de una vez: la Guerra de los Mundos. Un frente que valorizaron por igual tanto los norteamericanos cuanto los soviéticos.
Durante la segunda guerra, todos los nuevos descubrimientos aportaban estímulo al frente de batalla, las empresas industriales dejaban de producir autos, motos o tractores para dedicarse a acrecentar el poderío guerrero con aviones militares o tanques de combate.
Ese frente se recalentó a principios de la década del cincuenta. Se habían vuelto a fabricar autos pero una nueva y enigmática central estatal crecía: la National Air and Space Administration (NASA). A la cual, además de interesarle investigar el espacio, dominarlo y apropiarse, le enloquecía hacerlo primero y antes que cualquier otro al cual se le ocurriera lo mismo.
Así que es fácil imaginarse lo que pasó el 4 de octubre de 1957, cuando la Unión Soviética, país archienemigo de los Estados Unidos, coloca en órbita el Sputnik 1, primer satélite de la historia.
Por si esto fuera poco, apenas un mes más tarde, los soviéticos superan su propio record, colocando otro satélite, tripulado por una perra.
¿Pueden imaginarse cómo pudo contrarrestar la gran nación del norte tal trompada a su narcisismo? ¡Pues colocando su propio satélite como pudiera. Y eso fue recién en enero del 58.
La guerra espacial ahora era un hecho. La prueba es que en septiembre del 59 el Lunik 2 llega a la luna, y el 3 saca la primera foto de la cara oscura. Fueron seis años de gran competencia, en los cuales en 1961 los rusos logran poner al primer hombre en el espacio: un viaje de un par de horas encarnado por un hijo de granjeros: Yuri Gagarin. Y en 1962 un vuelo aluniza (sin nadie) en representación de Usa y lo sigue otro ruso en el 65.
El día que pisamos la luna
Lo que en realidad estaba en juego era la aptitud del capitalismo para sobrevivir de la supuesta muerte decretada por el marxismo-leninismo o la capacidad del socialismo para crecer y avanzar ya que era anunciada como el paraíso futuro. En la tierra la pelea se daba en guerras fuera de sus territorios, Corea o Vietnam; pero ahora estaba planteada una competencia que determinaría al más poderoso, y se iba a dar en el espacio, un ámbito desconocido pero fascinante.
Después de aquellas experiencias con satélites y vuelos a la luna como "grandes pasos de la historia", ahora se debía dar el mayor: el del hombre en la luna.
Ambas potencias tenían sus propias perspectivas. Pero lo concreto es que hoy, cuarenta años después, sabemos que los rusos nunca pudieron superar a las misiones norteamericanas, Estados Unidos gastó excesiva cantidad de dinero y ya han muerto muchos en una carrera que no brindó tantos beneficios ni descubrimientos como se imaginaba.
Lo cierto es que, luego de muchas marchas y contramarchas quedó definido un viaje lunar con tres tripulantes. Algo que a los contemporáneos les pareció la concreción de la promesa de que se estaba "ingresando en el futuro". Lo particularmente extraño era la noticia que se conectaba casi naturalmente: aquellos hombres que "alunizaban" irían a transmitir por televisión en directo desde la luna todo lo que vivieran.
Para situarnos en aquel tiempo, debemos preguntarnos ¿cómo era la realidad de la transmisión de televisión por entonces? Había satélites desde hacía más de diez años, con lo cual las comunicaciones se habían perfeccionado. Hay que tener en cuenta que, antes de los satélites, las transmisiones eran muy problemáticas: cables submarinos para unir los continentes, ondas de radio muy volátiles y de corto aliento con retransmisoras, cables coaxiles. La existencia de satélites había facilitado las emisiones, a través enormes antenas retransmisoras en grandes centrales (en Argentina, en 1969 se acababa de inaugurar la de Balcarce, que era un gran paso en el terreno de la recepción y transmisión de sonido e imagen a larga distancia. Estaba en manos de administración estatal.
La televisión en Argentina estaba en plena adolescencia: tenía 17 años, aunque hacía apenas nueve años que había canales compitiendo y había incorporado el videotape, un recurso que permitía grabar con anticipación programas sin necesidad de hacer todo "en vivo". En el mundo ya existía la televisión color, pero en Argentina faltaba mucho para dejar de "amortizar" los equipos existentes, por lo tanto toda la televisión era en blanco y negro y el cambio de equipos era un lento proceso. Ni hablar de los televisores, enormes catafalcos a lámparas que recalentaban y llevaban a descomponer dos por tres a los receptores.
Es decir: la propuesta de televisar desde la luna no era imposible. Retransmitirla al mundo tampoco. Para todos los que vivieron aquel día trascendente, no cabía dudas: vieron descender al primer hombre en la luna, más apoyado en el relato gritón de los locutores animosos de la época que en las certezas de lo que creían poder estar viendo. Pero lo que se vio se vio y aquello ha quedado bien documentado para la historia. Y hasta tal punto que hoy se use ese documento para negar que fue hecho.
Operación Luna
Los rumores acerca de la legitimidad o no de aquella transmisión surgieron en aquel mismo momento. Se suponía que existía un escenario ficticio preparado para la ocasión, pero la conmoción de aquel día impidió que los rumores tuvieran mayor credulidad. Pero, pasado el tiempo, los revisionistas volvieron a la carga y fue el canal Fox (un canal no sólo insospechado de antinorteamericanismo, sino más bien lo contrario: un medio ultraconservador) quien propaló una producción de investigación que abre interrogantes poderosos: aquella transmisión fue una gran mentira.
Dado que durante quinientos años se creyó que Colón había descubierto América, parece que cuarenta años para creer falsamente que el hombre vio pisar la luna son pocos. Las hipótesis se van extendiendo, pero vamos a sintetizarlas en cuatro posibilidades:
Aquel 21 de julio de 1969 los astronautas no bajaron en la luna, pero dado que estaban todas las miradas puestas en la cuestión, Estados Unidos debió montar una escena hollywoodense para no quedar en ridículo.
Sí bajaron en la luna, pero desde aquí se reprodujo en un escenario que se televisaba al mundo.
Bajaron, lo televisaron y lo vimos (es lo que siempre creímos)
Hubo un mix de escenas muy poco legibles que llegaban en directo, mejoradas por las tomas hechas en un escenario.
¿Somos tan tontos?
Hace ya 36 años de aquellos acontecimientos: es decir que todos los que superan la barrera de los cincuenta han presenciado los hechos aquí relatados. Es importante preguntarles qué recuerdan. Se van a sorprender la riqueza de los recuerdos, lo imborrable de un hecho que conmocionó a todos los habitantes del planeta.
La carrera espacial fue descarnada, incluía no sólo hechos que demostraban minuto a minuto quién era superior en qué, sino que había tareas de inteligencia y contrainteligencia, intrigas, rumores y enfrentamientos. Los norteamericanos se encargaron de difundir al mundo que los soviéticos recién informaban sobre una misión al final de la misma porque no iban a admitir los fracasos. Aseguraron que Gagarin no había sido el primero en el espacio, ya que Sergei Yliushin (hijo del diseñador de aviones) lo había hecho un tiempo antes pero que al volver se había accidentado y sufría heridas y shock. Es decir: si los americanos hicieron algo tan grosero como truchar la llegada a la luna, ¿no hubiera sido puesto en evidencia por los soviéticos?
Los defensores de la posición que asegura lo real del descenso, dan como testimonio la cantidad del material de la luna que se trajo y que hoy continúa exhibéndose por todo el mundo, las cientos de fotos, films y testimonios de todo tipo que inundaron los medios en los 36 años siguientes al primer alunizaje.
Es posible que aquella primera vez no fuera tan legítima, tan en directo. Pero si realmente fue una ficción armada que ninguno de los quinientos millones de espectadores notó, nos queda el derecho a pensar qué fue legítimo de todo lo que nos tocó presenciar desde que se inventaron los medios electrónicos. Hoy los "hoaxes", esos emails patéticos que nos invitan a hacer algo por alguien que sufre, nos invaden diariamente tratando de inmiscuirnos en falsedades a costa de nuestro dinero o dirección de email.
Somos una generación marcada por lo que vemos: guerra sin sangre, terrorismo despiadado en directo, aviones que chocan contra torres, dramatismo tomado con las millones de cámaras que viajan en bolsillos o carteras. Pero: ¿será cierto lo que vemos? ¿serán reales las conclusiones a las que se arriba a partir de los hechos que se nos muestran? ¿O aquel simulado alunizaje no fue sino el comienzo de una realidad maquillada como le conviene al poder?

22.4.07

LA FELICIDAD DE SER EXITOSO


Muchos argentinos en los setenta debieron irse del país. Algunos por estar comprometidos con la lucha armada contra el establishment, otros por pensar y hablar, otros sólo por el temor de estar vinculados.
Carlos Ulanovsky, un periodista deportivo y de espectáculos, y humorista de la célebre revista Satiricon, publicó un libro sobre su experiencia en su exilio en México.
El libro es una maravilla que sirve para retratar el espíritu del argentino fuera del país. Pero la cita que quiero traer está en ese libro, pero se atribuye a otro argentino célebre: Marcelo Bielsa, ex-director técnico de la selección argentina.
“En la Argentina, la principal preocupación es ser exitoso y en México la principal preocupación es ser feliz. El argentino no es feliz si no tiene éxito y para el mexicano el éxito es ser feliz. Y como no es lo mismo perseguir la felicidad que el éxito, esto hace una muy diferente manera de vivir”.
Creo que esta sintética lucidez define de una manera tajante al argentino, tan parecido a los “gringos”, a los que siempre se los ve preocupados por el dinero, el prestigio y la fama, todo tan distante de la legítima búsqueda de la felicidad... Y dado que no somos gringos, nos quedamos la mayoría de las veces en el puro apronte, de ahí que mejor que nos vendan por lo que dicen que valemos...

Gracias, Marcelo.

19.4.07

NACIMIENTO DE UN SANTO


Los argentinos somos expertos en producir dioses, ídolos, santos, estrellas, en fin... Yo creo que la inmigración en sus oleadas de siglos pasados nos cargó una serie de hábitos que rozan con la magia, la hechicería y el satanismo práctico.
Maradona era un chico pobre al que en los 70 llevaban a la televisión para que en su candidez contara que quería estar jugando en un mundial. Y dale que jugaba bien... Lo hicieron admirado, estrella del fútbol, ídolo, santo. Ni que hablar que no se necesitaron inmigrantes: él se fue a Nápoles y allí tejieron una leyenda que no se borrará más. Maradona es Dios.
A los argentinos no nos alcanza con los dioses inventados en otras culturas, así que en cuanto podemos aportamos los nuestros, entre los talentosos, famosos o winners.
Pero... ¿por qué no siempre los grandes talentos dan orígen a adorados, por qué no pasó con Fangio, Fernando Lamas, Labruna, Guillermo Vilas, o Frondizi? ¨¿Por qué sí pasó con Gardel, Perón y Evita, o el Ché Guevara ?
¿Es realmente el carisma un tema que existe, o es también –digamos- un “mito sobre los mitos”?
Ayer Messi, futbolista argentino con una pequeña y concisa leyenda sobre sus hombros (es joven, no crecía hasta que creció, lo vendieron afuera, juega muy bien) agregó –escuchen bien- una luciérnaga brillante al árbol de su mito: hizo un gol como “heredado” al de Maradona en el mundial de México. Hasta tal punto que en la tv argentina sobreimprimían ayer ambos videos para compararlos.
¿Nació un nuevo santo?

3.4.07

MEDIOS CON MEMORIA CAMBIADA


Y llegaron los 25 años de las Malvinas, y como en la Argentina celebramos todo, hete aquí que esto también fue motivo de festejo o recordatorio o como le quieran llamar.

Casi todos los que estamos por aquí (salvo los muy chicos) recordamos aquellos días "en que estábamos en guerra". Y de nuestras retinas no se borran las imágenes del triunfo seguro en el que estábamos metidos.

Yo me acuerdo de las tapas de Gente y La Semana, los noticieros de todos los canales y, especialmente el de ATC, en los que ganábamos aunque perdiéramos...

¿Quién puede olvidarse de los titulares de Clarín, La Nación, La Razón, La Prensa, Crónica...? Ganábamos y ganábamos.

Siempre pensé que alguna vez alguien debería decirlo, desde el periodismo mismo.

Así que ¡felicitaciones a los muchachos de Diarios sobre Diarios, por decir algo tan obvio por tan oculto, y que continuará escondidísimo tras las grandilocuentes declaraciones eternas de los editores.